bitacora
ESPACIO PARA PUBLICIDAD
 
 

Sobre encuestas, parlamentarios y aborto

Que nadie se meta en la cama que no le corresponde

Por Carlos Santiago (*)

La diferencia conceptual y porcentual entre la opinión parlamentaria y la verificada en la opinión pública en torno a un tema tan capital como la despenalización del aborto, es sorprendente.

Y lo es más cuando conocemos como pensaba la mayoría de los parlamentarios, de uno y otro sector, que han repetido su mandato y que han cambiado su posición o han hecho silencio sobre lo que fue el centro de una larga campaña que se extendió durante varios gobiernos y fue el centro de largas luchas y movilizaciones.

Si entendemos que los legisladores representan a grupos de opinión, parece que hoy con este cambio ruta en torno a temas de importancia capital, se está lesionando el funcionamiento mismo del sistema democrático parlamentario de gobierno, y la llamada Cámara de Representantes, por ejemplo, debería pasar a llamarse de alguna otra manera. Porque representar a lo que piensa la opinión pública, no lo hace.
 El tema es singularmente grave porque al no tomar resolución sobre el proyecto en danza que, obviamente cuenta con el peso de una amenaza de veto expresada por el Presidente, Tabaré Vázquez, parecería que el Parlamento uruguayo está rompiendo otro de los mecanismos que hacen real la laicidad del Estado uruguayo. Y en realidad, como se pregunta el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Juan Ramón de la Fuente, ¿si un país no es laico puede ser democrático?
 Y muchos de ellos, quizás también, hayan escuchado las imprecaciones del Papa que en Brasil amenazó con la excomunión a los políticos católicos que favorezcan el aborto.
Y lo peor es que en el tema se está definiendo a favor de uno de los sectores más recalcitrantes y reaccionarios de la Iglesia Católica, dejando de lado el pensamiento sobre este problema de otros credos religiosos  y sectores no creyentes, inclusive de sectores de la propia Iglesia Católica, cuya opinión también debería valer, que obviamente tienen distintas visiones sobre el punto. Trunfan los que tienen esa actitud de militancia medieval, coincidente con las muchachas que anunciaban el cataclismo de la excomunión para quienes apoyaran tal solución de respeto a la salud reproductiva y que siempre, en una descomunal propaganda engañosa, llegaron a extremos brutales, con muestras gráficas absolutamente insólitas tratando de sensibilizar a los que solo trataban de respetar un reclamo que tiende a respetar un derecho inherente al 50 por ciento de la humanidad: las mujeres.
 El Papa en su polémica visita a Brasil, en que afirmó que las poblaciones indígenas no fueron agredidas por los conquistadores que trataron de evangelizarlos a sangre y fuego, quienes castigaban severamente a los indios americanos que no se convirtieran al cristianismo luego de las misas en latín, el idioma sagrado . También se refirió al tema del aborto, y en la misma línea de los radicales católicos uruguayos, y fue allí donde amenazó con la excomunión a los políticos católicos que favorezcan la detención del embarazo.
 No es nuevo que la Iglesia cuestione la legitimidad de un parlamento para legislar sobre el divorcio o el aborto. A nadie le agrada el aborto --tampoco a la mujer que aborta--, y nadie lo defiende ni lo fomenta: sólo se pretende su despenalización, con la que se puede estar de acuerdo o no, para que el drama humano que la concepción no deseada se mitigue, las mujeres de menores ingresos tengan una solución médica adecuada y no deban recurrir a métodos que hagan peligrar su vida, tal como muestran las alarmantes informaciones que surgen del Hospital Pereira Rossell.
Decir que desde el momento de la concepción ya hay un ser humano en el feto, es discutible, siendo una decisión que tiene que ver con las creencias y menos tiene una explicación en base a supuestas tendencias humanistas de quienes se oponen a la legalización de la norma.
Y en la Iglesia, como dijo el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Rey de Morato, en una interesante nota publicada por LA REPUBLICA,  no hay unanimidad sobre esa cuestión: el teólogo Tamayo lo ha recordado más de una vez. Tanto la Biblia como los moralistas españoles diferencian entre el feto formado y el feto informado, cuestionando que exista un hombre desde la concepción, pudiéndose hablar más bien de un período de gradual hominización
Miret Magdalena recuerda a Karl Rhaner (entre el óvulo fecundado y el organismo animado por el espíritu hay varios grados biológicos que todavía no son hombres), y a Santo Tomás de Aquino: la ley humana no puede prohibir todo lo que la ley natural no prohíbe.
Sobre el tema hay explicaciones porque, si miramos la historia, si vemos lo ocurrido durante guerra sucia en los años de plomo en América Latina, vemos como la Iglesia Católica a dado muestras de no gustarle la democracia, y mucho menos el libre juego de la ideas, amenazando con rayos excomulgadores a quienes se expongan a las iras de Dios por apoyar la despenalización del aborto, pese a hipocresía intrínseca que ello conlleva, porque estos señores curas que impulsan todo el castigo divino, no hacen nada en contra las clínicas clandestinas que pululen a los que concurren las desesperadas mujeres a las que el Estado uruguayo les da vuelta la espalda.
Tampoco le gusta la mujer, y su capacidad de tomar decisiones sobre su sexualidad. Ese raro plantel de funcionarios eclesiásticos, en algunos países como en la Argentina, enteramente funcionarios públicos, siempre solteros. Se atribuye poderes que la sociedad moderna no le reconoce: si creen que (en nombre de un Dios) pueden prohibir el divorcio o el aborto, o la píldora de el día después ,  confunden temas que son muy diferentes. 
Como mucho, pueden adoctrinar a sus fieles, pero no legislar, prohibiendo y penalizando conductas. Nadie les niega lo primero: el Estado laico sólo les niega lo segundo. Se creen que están todavía en el virreinato, y que el Estado es suyo. Como lo fue en la España hasta el fin del franquismo.
Nadie en el Uruguay se ha metido involuntariamente, que sepamos, en la cama de los curas, si alguna de ellos no comete arbitrarias trasgresiones sexuales al código penal. Por lo tanto es exigible que ellos, ese grupo de extraños funcionarios solteros con sotana, que quisieran que el Estado financiara sus escuelas, liceos y universidades, se les pide que no se metan en la cama de las demás personas.
Sin embargo en Chile se metieron y mucho, tal como cuenta, Javier del Rey Morato, cuando lograron que el Tribunal Constitucional de Chile declarara inconstitucional la resolución del Ministerio de Salud sobre la distribución gratuita de la píldora del día después En un país en el que 150.000 mujeres abortan cada año (115.000 son pobres, y católicas) la medida del Gobierno parece incuestionable.
Para Rey Morato es evidente que a la Iglesia no le importan las mujeres y sus problemas: sólo les importa su doctrina, sus valores (no son los únicos: hay otros), aunque la consecuencia social de su observancia pueda ser perversa, como en este caso.
La píldora del día después disocia la sexualidad de la reproducción, como valores autónomos, liberando a la primera de su asociación necesaria con la segunda. La Iglesia no lo entiende así, y pregona una moral que no practican ni los católicos. Y los no católicos sólo ven a una institución totalitaria, que pretende sentar a la modernidad ante el juicio inapelable de la antigüedad, y les resulta sospechoso que señores que viven con señores, que no frecuentan a señoras, peroren sobre lo que éstas deben hacer con sus maridos.
Los problemas sexuales de los curas, su sospechosa aversión al sexo (compatible con la pederastia), su extraño y nunca explicado desconcierto ante el mundo de la mujer, no son problemas que tengan los ciudadanos: sus traumas les pertenecen sólo a ellos , dice Rey Morato.
Si la democracia no se mete en la cama de los curas, los curas harían bien en no hurgar en la cama que comparten un hombre y una mujer o quienes sean.
Lástima que en el Uruguay, en el marco de la gestión de un gobierno progresista, estos señores sigan teniendo tanta influencia en las decisiones sobre temas tan trascendentales, como el de la despenalización del aborto, aunque tiren la piedra y escondan la mano.

(*)Periodista.


Atrás

 

 

 
Imprimir
Recomendar
Atrás

Agrandar texto

Achicar texto

linea separadora
rss RSS