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Sindicalismo y cooperativismo

Por Cr. Juan José Sarachu

''Lento pero viene el futuro real.
El mismo que inventamos nosotros y
el azar, cada vez más nosotros y
menos el azar''.
Mario Benedetti

Continuando con las reflexiones iniciadas en edicción anterior sobre el particular, donde recogíamos la evolución del pensamiento del Líder histórico del movimiento sindical - Pepe D'Elia - decíamos que si bien no existen contradicciones antagónicas en el desarrollo teórico - práctico de ambas herramientas que conforman el título de este articulo, se han presentado más de una vez conflictos o malos entendidos entre los propios trabajadores y dirigentes.

No participo plenamente del pensamiento del filosofo André Comte- Sponville cuando plantea que ''el egoismo es lo que mueve al hombre''. Más bien me inclino por el pensamiento de Don Pedro Kropotkin (El Príncipe) que ya en los albores del siglo pasado, decía que: ''la ayuda mutua a pesar de constituir una de las grandes fuerzas activas de la evolución, del desarrollo progresivo de la humanidad, es sólo una de las diferentes formas de las relaciones de las personas. Junto con esta corriente existe y siempre existió otra: la de la autodeterminación del individuo, no sólo en sus esfuerzos por alcanzar la superioridad personal o de casta en la relación económica, política, y espiritual, sino también en una actividad que es más importante a pesar de ser menos notable''. ''Esta actividad -decía Don Pedro- es la que trata de romper los lazos que tienden a la cristalización y petrificación de la iniciativa y creatividad individual''.

En tal sentido, nosotros visualizamos el clan, la comuna aldeana, la ciudad o el estado como espacios colectivos que coadyuven a la mejor expresión de los individuos en su ámbito societario. Es evidente que ningún esquema de desarrollo de la humanidad puede pretender ser completo si no considera estas dos corrientes dominantes. La lucha entre estas dos fuerzas constituye parte de la esencia de la historia.

Aquí también es preciso introducir la noción dinámica del equilibrio deseado entre las corrientes mencionadas. Podemos afirmar que los momentos de mayor avance evolutivo de la humanidad están marcados por el logro de un equilibrio dinámico entre ambas fuerzas. No se trata del estado de reposo alcanzado por un equilibrio estático de dos fuerzas contrapuestas que se neutralizan. Por el contrario, se trata de aquel equilibrio dinámico de fuerzas opuestas pero de las cuales podemos extraer elementos complementarios que se potencien mutuamente para alcanzar avances a través de un proceso dialéctico de sucesivas síntesis.

El Sector Cooperativo y en general las experiencias colectivas no han podido escapar a la incidencias de esta tensión milenaria que hemos descripto y que ha provocado ''vaivenes pendulares'', marcando ciclos de potenciación, estancamiento o retroceso en los avances societales. A vía de ejemplo, jalonamos algunos hitos históricos: a) Las empresas autogestionarias en el Chile de Allende.
Un caso en el que se refleja la tensión que nos ocupa, es el proceso de conformación de empresas públicas, durante el gobierno de Allende en Chile, para sectores claves de la economía en un esquema de autogestión obrera.

Dicho proceso avanzó muy rápidamente, pero no se contó - al mismo tiempo - con un proceso paralelo de formación de los trabajadores para una lógica empresarial propositiva que, naturalmente, es diferente de la lógica sindical reivindicativa, que predominaba aunque el sistema político había cambiado.

Realmente no es fácil pasar de un ''sindicalismo reivindicativo'' a un ''sindicalismo de gestión'', que definimos como aquel que manteniendo la defensa irrestricta de los derechos de los trabajadores, incorpora criterios y valores para una autogestión responsable tanto a nivel micro-empresarial (cooperativas), como a nivel macro - social (Estado) cuando corresponda.

Ello requiere de un esfuerzo adicional tanto en la formación teórica como en la praxis de nuestras organizaciones. Si bien en un primer momento existió en Chile, un desarrollo que abría perspectivas, en forma por demás rápida se retrocedió y nacieron conflictos que atrasaron el proceso de autogestión obrera.

Por un lado, la masa de trabajadores siguió pensando en términos de empresa capitalista, identificando a la dirección - conformada también por trabajadores - como sus nuevos patrones. Y por otro lado, estos trabajadores que accedían a la dirección, se despegaban - a veces- de las respectivas bases de donde habían surgido, dificultando aún más la confluencia de objetivos para alcanzar estadios superiores de autogestión.

Todo esto, sin duda, truncó buena parte de los objetivos planteados tanto a nivel del gobierno como del sector cooperativo que a esa altura tenía enormes potencialidades. b) Nuestra propia realidad.

En nuestro propio país, la historia de algunas de nuestras cooperativas de trabajo asociado se han visto incididas del mismo modo por esta tensión paradigmática, fracasando -en algunos casos- en su intento de construir un nuevo modelo alternativo de empresa con aquel equilibrio socio-económico que aspiraban los pioneros.

Dejando a un lado los factores externos que fueron muy importantes y decisivos en las crisis sectoriales de industrias cooperativas que integraron gran número de trabajadores, como -por ejemplo- en el vidrio, textiles y pesca; debemos reconocer que en su inviabilidad incidió fuertemente la tensión que venimos analizando, entre otros factores internos que no pudieron superarse.

Junto al Cro. Pepe D'Elia, con quien -desde nuestra modesta participación en la directiva de la Asociación de Funcionarias de Asignaciones Familiares- colaboramos en la conformación de la gloriosa Convención Nacional de Trabajadores /CNT) que unificara el movimiento sindical uruguayo, coincidimos también en: ''que las cooperativas deben seguir estando afianzadas en el trabajo y responder al fenómeno solidario'', es decir, los trabajadores de las cooperativas de trabajo asociado -valga la redundancia- deben mantener sus lazos de solidaridad con el conjunto de la clase trabajadora, pero no pueden olvidar que la opción realizada supone al interior de cada cooperativa relaciones diferentes y tendientes a la autogestión.


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