Por Julián Gorodischer (*)
El documental No a los papelones del argentino Eduardo Montes Bradley es una abierta crítica a las protestas de los asambleístas. Llega a comparar los reclamos con ''las pretensiones bucólico idílicas de los nazis'' en un gesto decididamente polémico.
El documental No a los papelones del argentino Eduardo Montes Bradley
es una abierta crítica a las protestas de los asambleístas. Llega
a comparar los reclamos con ''las pretensiones bucólico idílicas
de los nazis'' en un gesto decididamente polémico. La película
sólo se estrenará en Uruguay. En la Argentina no se verá,
según explicó, porque no hay interés de los distribuidores
locales.
''Hace más de dos años que un puñado de idiotas decidió
cortar la frontera entre Argentina y Uruguay en nombre de vaya uno a saber qué
estímulo paranoico pseudoambientalista. Si no son los yanquis que se
quieren robar el agua o los judíos que se quieren robar la Patagonia;
o los brasileños, las cataratas; o los chilenos, la Cordillera. Para
los argentinos siempre es el otro: son los chinos pijoteros, los paraguayos
que no quieren laburar, los piratas de la reina o los uruguayos contaminadores.
Siempre es el otro.''
Su propia voz en el trailer -que puede verse en el sitio Youtube-
adelanta el tono de la polémica que se instalará junto con el
estreno de No a los papelones, el documental del cineasta Eduardo Montes Bradley
(director de Cortázar: apuntes para un documental y Soriano) en el que
cuestiona fuertemente las asambleas de Gualeguaychú y llega a compararlas
''con las pretensiones bucólico idílicas de los nazis en
la década del 20''. La película, en la que se ve al
propio Bradley recorriendo la escena de la protesta sin ahorrar vehemencia para
la crítica, sólo se estrenará, por el momento, en Uruguay
el próximo 12 de enero, porque -según explicó el
director en una entrevista con Página/12- no hay interés
de los distribuidores locales.
''Tendremos que cruzar el charco como en la época de Onganía
para ver El último tango en París -anticipa, grandilocuente-.
Esto es autocensura, como también pasa entre los norteamericanos. Si
alguien quiere estrenarla en la Argentina, con muchísimo gusto. Pero
yo no voy a abrir un cine.'' Su tono es abiertamente polemista. En el comienzo,
su proyecto se llamaba El gran simulador (todavía tiene una preclasificación
del Instituto del Cine) y se proponía rastrear al periodista mitómano
Nahuel Maciel (que publicó en los 90 un libro de falsas entrevistas,
entre ellas una con Gabriel García Márquez). Bradley lo encontró
en el lugar menos pensado: militando en la asamblea de Gualeguaychú.
Fue a la búsqueda de ese hombre ''como adalid de la falsedad''.
Lo encontró arrepentido. ''El me dijo que tenía una vida
nueva, en la asamblea ambiental, y para mí era una novedad. Me encontré
un pandemonio de incongruencias donde pululaba el vicegobernador, Picolotti,
delegados del Banco Mundial y un montón de gente legítimamente
aterrorizada. A las mujeres les decían que habría niños
con dos cabezas a dos kilómetros a la redonda. Les estaban advirtiendo
sobre las consecuencias intergalácticas del fenómeno.''
En la tradición de las Vidas de muertos, de Ignacio B. Anzoátegui,
Montes Bradley es abiertamente escandalizador y recorre ese género infrecuente
que podría clasificarse en una acción única: patear el
tablero. El documentalista (que aquí repetirá que no tiene vocación
ni intención periodística, y que lo suyo es un documental-ensayo)
recorre el polo industrial de Gualeguaychú, cruza al pueblo de Fray Bentos,
se entromete en una asamblea y lo describe todo con una retórica encendida.
Dice en la película: ''La fe que me había insuflado Gilda duró
poco. Lo que Gualeguaychú tiene reservado a los turistas para el Carnaval
es cartón pintado, una ilusión. La ruta la tendrían que
haber cortado los uruguayos para que no les caguemos el guiso de este modo''.
Se le pregunta por la notoria parcialidad de su trama, que no exploró
los trapitos sucios ajenos. Y sobre la utilización promocional que le
está dando el gobierno uruguayo desde una página en Internet.
A todo, Montes Bradley responde: ''No a los papelones no es un informe periodístico;
a mí lo que me interesa es vincularlo con mi trabajo anterior, que es
el ensayo. Hice cuarenta películas sobre la inteligencia argentina, y
sólo trasciende cuando hago una sobre la estupidez''.
-¿Tienen que suceder las cosas antes de que los intelectuales
hablemos? -sigue Montes Bradley-. ¿Dónde están
las voces que deberían estar señalando el carácter protofascista
que induce a estos incautos a tomar las medidas que toman? Me tienen bloqueado
a mí, y yo ya viví la dictadura. Y tienen secuestradas a las políticas
del gobierno. Porque el Gobierno dice no querer hacer valer la ley con los ambientalistas
por razones que son comprensibles. Pero por otro lado no liberan la mano para
que puedan negociar de una manera adulta.
-¿No hubiera servido tomar contacto con estudios ambientales y casos
de contaminación en otros países para saber si la amenaza es cierta
y la reacción genuina?
-Pero el centro de mi documental no es la planta de Botnia. El centro es
la falsedad ideológica y la violencia en la protesta. Y los recursos
extorsivos de la clase media. Nuestros representantes han llevado el caso a
la Corte de La Haya, ¿qué parte del ''no'' no entendemos? Fuimos
a la instancia suprema de la Justicia humana. Pero un sacado medio ambientalista,
con una camiseta con errores de ortografía que dice qué hicistes
papá es el que tiene que pautar las líneas de la política
de integración latinoamericana.
-¿Cómo justifica la parcialidad de la mirada?
-Yo no aparezco entrevistando; tomo distancia de la investigación
periodística televisiva. El ejercicio de razonar dialécticamente
me lleva a pensar las cosas de otra manera. Eso es lo que critico de Michael
Moore, en realidad no lo critico sino que no lo comparto. Yo no lo haría
de esa manera porque no soy periodista nato. No indago hacia afuera sino hacia
adentro. Los dejo que hablen, llego al polo industrial. Les pregunto: ¿Y
la chimenea del polo industrial de Gualeguaychú no contamina? Era más
grande que la de Botnia.
Montes Bradley argumenta a su favor que él mismo, como hombre de ciudad,
sufre la contaminación y crece en las calles abarrotadas de monóxido
de carbono. ''Pero todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo
contrario. Yo no les creo nada desde el momento en que me mintieron y me dijeron
que estaban a la orilla del río y no lo están. O cuando veo fotos
en un documental sobre Botnia que sé que no son de Botnia. No se puede
frenar la producción de papel en el mundo. Tenés que minimizar
todo tipo de riesgo.''
En su recurrencia por la metáfora, asegura que ''la chimenea de
Botnia es a la clase media de Gualeguaychú lo que las Torres Gemelas
son a los campesinos afganos. Los uruguayos hablan de asunto de Estado; nosotros
de causa nacional''. La figura de Nahuel Maciel pudo haber quedado desdibujada
luego del cambio de foco: es que el contexto se devoró al protagonista.
Lo que había empezado con ambición biográfica terminó
siendo un trabajo de abierta crítica social comentado por el narrador
en viaje. Pero Maciel no desapareció de la película; Bradley lo
tomó como un eje articulador. ''Volví a la asamblea y me
lo encontré; termino reivindicándolo porque descubro que las introducciones
de su libro eran un plagio perfecto de un texto de un cura benedictino, pero
él reemplazó la palabra Dios por utopía. Me pareció
una operación literaria brillante, que establecía el carácter
dogmático y religioso del nuevo progresismo argentino.''
-Usted denuncia estar recibiendo amenazas, ¿de qué tipo?
-Todos los mails que recibo han sido presentados en un hábeas corpus
preventivo. Son amenazas que justifico y entiendo, porque es gente que ha estado
empeñada en un sueño pueril. Y de pronto viene un tipo y les dice
que no son tan puros, que no son un referente ecológico, sino uno de
los lugares más feos que conocí en mi vida, como Tijuana, fronterizo,
humeante. Pero también tiene una clase trabajadora y los obreros de la
fábrica no van al corte de ruta.
-Tal vez el gesto que provoca una legítima irritación sea
el estreno sólo en Uruguay, como si el destinatario fuera uno...
-Trascendió en Uruguay, y esta mañana estalló en Buenos
Aires. Y se acabó, no quiero saber más nada. Yo no soy un producto
masivo de consumo televisivo. Uno de los distribuidores que la vio dijo que
el documental era excelente, que era muy fuerte, y que era lo que todos pensábamos
pero nadie se animaba a decir. Me dijo que tenía familia. Estrenémosla
acá. Si alguien quiere, con muchísimo gusto. Lo lamento. Volvemos
a lo mismo: los asuntos de Estado tienen desenlaces y las causas nacionales
tienen consecuencias.
(*) Periodista de Página 12. Argentina.