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(Tercera parte)

¿Orientales o uruguayos?

Por Daniel Vidart

Antes de seguir adelante conviene ubicar a dicha Banda en el marco de las sucesivas jurisdicciones administrativas impuestas por la metrópoli a las Indias.

Cuando Mendoza, en 1535, zarpó desde España para estas regiones, venía como Primer Adelantado de Nueva Andalucía, un territorio que iba de Océano a Océano y que, limitado al este por la línea de Tordesillas y al sur por el paralelo 36, se dilataba hacia el norte hasta perderse en las selvas tropicales de la Guayana brasileña.

Nunca se materializó en la realidad geográfica y administrativa esta capitulación sobre el Adelantazgo del Plata, por la cual Mendoza sería el señor de la Provincia Gigante de las Indias". Algo semejante a la indefinida extensión del Adelantazgo arriba señalado sucedió con el que la Corona favoreciera a Juan de Sanabria, cuyos límites recortaban la fantasía planetaria otorgada a Mendoza , dado que incluía en su jurisdicción lo que ayer fue la Banda Oriental del Uruguay y hoy es , mas disminuido, el territorio de nuestra República.

En la Capitulación se nombraba a "la Banda Oriental del Plata ", la que estaba comprendida en la " Provincia del Rio de la Plata" cuya superficie abarcaba la Mesopotamia argentina y parte del Brasil (Río Grande del Sur, Paraná, Santa Catalina), amén de la Isla Martín García.


Los peruanos del sur

Las dos primeras divisiones de las tierras americanas efectivamente ocupadas a raíz de las incursiones del extremeño Hernán Cortés y su primo Francisco Pizarro - éste acompañado por su recua de hermanos, todos terribles carniceros- fueron los Virreinatos de Nueva España ( México y adyacencias ) y de Nueva Castilla o Perú, el cual fue subdividido mucho después en el de Nueva Granada (1717) y el del Rio de la Plata (1776).

Dichos Virreinatos, flanqueados por Capitanías Generales (Cuba, Santo Domingo, Guatemala, Venezuela y Chile ) se dividían en grandes jurisdicciones político administrativas cuyo mando era ejercido por funcionarios reales denominados Gobernadores. A raíz de ello dentro de la gobernación de Buenos Aires figura el territorio de la futura República Oriental del Uruguay que, antes de la introducción del ganado vacuno, fue despectivamente considerada como " tierra de ningún provecho".

A raíz de tal determinación todos los criollos nacidos en nuestras latitudes eran peruanos desde el punto de vista jurisdiccional y político-legal. Atento a ello, quien se pregunte por qué existen tantos quechuismos en el lenguaje rioplatense y le sorprenda que la voces china, cuzco, guasca, y tantas más, resulten ser términos quechuas, le conviene averiguar cuáles eran las rutas comerciales terrestres y cómo, desde el Alto Perú y a lomo de mula, no solamente llegaron mercaderías sino también palabras, costumbres y visiones del mundo propias del abolido imperio incaico.

Está claro, pues, que antes de ser argentinos o uruguayos rioplatenses los habitantes de estas regiones fueron peruanos, no desde el punto de vista geográfico y étnico del país actualmente así conocido sino desde lo dictaminado por el ordenamiento político- administrativo, que hoy ya no rige en un mundo de repúblicas independientes, liberadas del yugo hispánico.


La " dilatada provincia del Uruguay"

Antes de que la Banda Oriental del río Uruguay entrara en escena, parte de nuestro territorio fue incluida en el orbe de aquel imperio teocrático fundado por los jesuitas y superpuesto sobre el dominio español como un parche gigantesco.

Dicha provincia aparece ante la historia, por más que figurara en territorio español, como la presa de un empecinado poder autonómico, como un espacio catequístico definido, al punto de haber sido considerada como la "República de los Guaraníes".

Una Provincia del Paraguay y otra del Uruguay integraban los territorios de las Misiones Jesuíticas iniciadas, después de algunos titubeos y fracasos en el año 1608 y disueltas en el de 1767, según lo dispuesto por una Real Pragmática de Carlos III, el dieciochesco Déspota Ilustrado de la Casa de Borbón.

La primitiva Provincia del Uruguay abarcaba, según dice el jesuita Juan Faustino Sallaberry, glosando una carta del año 1628 del Padre Nicolás Mastrilli Durán , un área indefinida hacia el norte, en la zona del Guayrá, pero bien determinada en cuanto a los otros límites : "al Este , el Océano Atlántico; al Sur, el Rio de la Plata, y al Oeste el Río Paraná, con lo que se le adjudicaba todo lo que es hoy Entre Ríos , Corrientes. Misiones, Río Grande del Sur y quizá Santa Catalina". (7)

Por su parte el Padre Pedro Lozano expresaba en el siglo XVIII, al referirse a la " dilatada provincia del Uruguay " que " desde esta isla de Martín García se dilata por trescientas leguas a lo largo y a lo ancho doscientas."(8)

Finalmente un antropólogo argentino del siglo pasado esclareció con precisión aquellos antiguos límites : "los actuales territorios de la República Oriental del Uruguay, Estado de Rio Grande do Sul y tierras adyacentes de la Mesopotamia argentina y Estado de Santa Catalina constituían en boca de los primeros jesuitas ´ una como provincia` que llamaban del Uruguay".(9)

Las posteriores vicisitudes históricas y geográficas, determinadas por la actividad geopolítica de las bandeiras y la fundación de Colonia do Santo Sacramento ( 1680 ) a las que se suma el surgimiento de Montevideo y su circunscripción achicaron esta superficie, teatro de batalla entre España y Portugal, reino éste siempre al acecho del área cisplatina y el estratégico puerto de Montevideo. Un resumen de aquellas luchas y su repercusión en los límites y fronteras se puede hallar en la bibliografía nacional sobre el tema, a la que me remito. ( 10 )

Los primeros uruguayos

¿Cómo deben llamarse los habitantes de nuestro país?: ¿ orientales, uruguayos u orientales del Uruguay ? Si bien desde el punto de la lógica gramatical y la correspondencia toponímica la más acertada de las designaciones sería esta última a partir de la existencia de la República Oriental del Uruguay, el pleito acerca de la prioridad y la representatividad de la voz gira en derredor de las dos primeras.

Hasta mediados del siglo XX se levantaron insistentes reclamos, unos populares y otros eruditos, para imponer la principalía y propiedad de uno u otro gentilicio. Ejemplo relevante de dicha polémica fue la contestación dada por Ariosto G. González en una publicación académica (11) a un opúsculo de Angel M. Vidal (12)

Este, cuyas anotaciones acerca de la grafía y etimología de Uruguay me han sido muy útiles para documentar el presente ensayo, sostenía que desde un principio nos hemos llamado orientales y que así, tanto en el pasado como en el presente y futuro, deberíamos seguir llamándonos. Por su parte Ariosto G. González defendía la prioridad, tanto temporal como doctrinal, del término uruguayos.

Es interesante ingresar en la atmósfera espiritual de aquella polémica, cuyo apasionamiento trasunta una carga de connotaciones políticas a la vez que una constante apelación a las distintas identidades o identificaciones históricas reclamadas por o recaídas sobre los habitantes de estas comarcas.
Dentro de los límites que en un principio tenía la jesuítica Provincia del Uruguay existían, como antes quedó anotado, territorios que hoy pertenecen al Brasil y a la Argentina.

En algunos mapas dicha provincia aparece como una subdivisión de la del Paraguay, tal cual se desprende del mapa de Guillermo Sanson. Este cartógrafo llamó Mar del Paraguay al Río de la Plata, dado que en Europa el común denominador de toda esta zona era el renombrado Paraguay, productor del benéfico té de los jesuitas", que así se le llamaba a la yerba mate.

No obstante, la primitiva Provincia del Paraguay que "en tiempos antiguos hacía un cuerpo con Rio de la Plata" al punto de que " tanta extensión de linderos " - iba desde límites rayanos con el Perú hasta el Estrecho de Magallanes - " le dio razón al título de Gigante de las Provincias de las Indias", sufrió una colosal amputación, como recuerda el Padre José Guevara. Efectivamente, en "el año de 1620 se le desmembró todo el Gobierno del Río de la Plata, desde el Paraná hasta su embocadura en el Océano y desde aquí hasta la Cananea por un lado, y por el otro el estrecho de Magallanes". (13)

Por su parte, al referirse a la dilatada Provincia del Uruguay , incrustada en el torso planetario de dicha Gobernación del Rio de la Plata, y contrariamente a lo que sostenía con brillante y fogoso estilo Carlos María Ramírez, (14) los viejos documentos redactados por los padres misioneros demuestran que ellos llamaban uruguayos a los pobladores de esas meridionales tierras del sin fin".

Pero ¿quiénes eran aquellos primerizos uruguayos? Los propios jesuitas se encargan de aclararlo. En efecto, se trataba de los indios bravos, sin duda los " infieles" minuanes, charrúas y demás integrantes de esta macroetnia batalladora, siempre metida como un estorbo, como una cuña , entre los invasores y el horizonte, al decir de Silva Valdés.

El Padre José Guevara cuenta que el criollo Hernandarias " logró en su gobierno considerables aumentos en Guayrá y Paraguay y se dio principio a la conversión entre los uruguayos, cuyo país, si holló hasta aquel tiempo algún español, pagó con la vida su atrevimiento".(15) También calificaron de uruguayos a los indígenas de la Provincia los padres Nicolás de Techo en el 1673 - "algunos uruguayos", "los uruguayos"- (16) y Martín Dobrizhoffer -uruquayensibus en la versión original en latín, uruguayos en la traducción al español- (1784) al referirse el primero a los contratiempos que padecieron los esfuerzos evangelizadores cuando los Soldados de Cristo se toparon con unos aguerridos salvajes, y el segundo a los naturales de estas tierras sureñas. (17)

Sin embargo al Dr. Ramírez no le faltaba razón al expresar que nuestro pueblo "se había reconocido siempre a sí mismo con el nombre de oriental " dado que en el caso de los uruguayos aludidos por los jesuitas se trataba de una identificación venida desde afuera, a partir de la ubicación del indígena rioplatense en una parcela planetaria denominada Uruguay, al cabo, proveniente del talante del Otro y no de un reclamo íntimo de identidad. Ningún indio bravo de la " mission de Vruay, donde hay muchísimos indios" ( Carta anua de 1611), se autodenominó uruguayo en aquellos duros tiempos de la conquista de las almas anticipada por la "pacificación" de los pobladores originarios, cuyos cuerpos - para fastidio de los intrusos que cuando no golpeaban con el arma lo hacían con la cruz - estaban atareados en una incansable y despareja actividad defensiva.

Aclaro de paso que los conquistadores utilizaban la voz "pacificar , plena de hipócrita disimulo, para referirse a la física matanza de los naturales del Nuevo Mundo impuesta por los invasores hispánicos. En puridad, pacificar equivalía a asesinato colectivo, a genocidio en masa.

Referencias bibliográficas

( 7 ) Juan Faustino Sallaberry. S.J. Los charrúas en la Cartografía Colonial .Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay. Tomo IX, Montevideo, 1932
( 8 ) Pedro Lozano . Historia de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán ( ¿1745 ?) Imprenta Popular, Buenos Aires 1874 - 1875
( 9 ) Antonio Serrano. Etnografía de la antigua provincia del Uruguay. Talleres Gráficos Melchior, Paraná, 1936
( 10 ) Acerca de la evolución de los territorios ocupados por las misiones jesuíticas conviene consultar el estudio de Leslie Crawford, La provincia uruguaya del Tape. Geosur, Montevideo, 1982.El tema de los límites en el pasado y el presente fue tratado, entre otros, por Ulises R.Grub, Evolución histórica , geográfica y política de las fronteras del Uruguay con Brasil. Imprenta Nacional, Montevideo, 1951; Alberto Reyes Thévenet, Misiones diplomáticas sobre límites. Tº 1º, L.I.G.U., Montevideo, 1955 ; Enrique Mena Sagarra, Frontera y límites, Nuestra Tierra, Montevideo, 1970
( 11 ) Ariosto D. González. ¿ Orientales o uruguayos ? Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay. Tomo XVII, Montevideo, 1943
( 1 2 ) Angel H. Vidal. Orientales y no uruguayos . Talleres gráficos de Institutos Penales, Montevideo 1940
( 13 ) P .Pedro Guevara. Historia de la Conquista del Paraguay, Rio de la Plata y Tucumán ( circa 1766) P. Ostwald ,Buenos Aires l882. Esta edición, a cargo de Andrés Lamas, enmienda los gruesos errores, supresiones , agregados y resúmenes que figuran en la versión de Pedro de Angelis ( 1836)
( 14 ) Ni Vidal, que transcribió íntegramente los conceptos del Dr .Carlos María Ramírez, ni González , que los alude brevemente, citan la fuente donde figura el alegato referido a la supuesta prelación histórica del gentilicio oriental.
( 15 ) P. José Guevara .Op. cit.
( 16 ) Nicolás del Techo. Historia de la Provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús ( 1673) A de Uribe y Cia. Madrid - Asunción, 1897
(17) Marín Dobrizhoffer. Historia de los abipones.(1783) Universidad Nacional del Nordeste, Resistencia 1967-1970


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