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El drama de Haití

Destino marcado por imperios, sátrapas y ladrones

Por Carlos Santiago (*)

La democracia haitiana nació hace un ratito.
En su breve tiempo de vida, esta criatura
hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas
Eduardo Galeano

¡Los uruguayos no podemos mirar para otro lado! Nuestros soldados desde hace varios años colaboran en el proceso haitiano, encabezado por un gobierno ineficiente y una acción de las Naciones Unidas, que maneja una fuerza de 11 mil personas , de ellas 9 militares extranjeros que, según sus manuales de acción, resguardan la paz en un pueblo de 9 millones de habitantes que tiene un PBI per cápita de 900 dólares al año, lo que logra el promedio de los uruguayos al mes que, además, es menor de lo que tiene el promedio de los chilenos, que superan hoy ya largamente los 12 mil dólares al año.

Habría que preguntarse el por qué la medio isla antillana, poblada mayoritariamente de descendientes de esclavos negros (84 % del total del habitantes), figura casi al final de la relación de la ONU de 192 países en esa renta per cápita y de desarrollo humano? Por qué este destino atroz para un pueblo que estuvo integrado en la colonia más rica de Francia, Saint Domingue , pero más que miserable para los esclavos negros, todos secuestrados en África?
Claro, muy rica para los plantadores foráneos esclavistas a quienes nunca les interesó, desarrollar ese enclave de ultramar como una colonia que sentara las bases para una emigración real de franceses, como hizo de alguna manera España (en muchos casos malamente) en lo que es hoy América Latina e incluso en lo que luego se denominó Uruguay.  

Cuenta M. Á. BASTENIER (1):  la primera República Francesa decretó efímeramente el fin de la esclavitud en 1794, tras una revuelta de los   Espartaco(s) de ébano , que habían arrasado la tenue superestructura de propietarios blancos y con Toussaint Louverture proclamaron la primera república de América del Sur.
A comienzos del siglo XIX Henri Christophe se coronaba emperador, edificaba un Estado militarista y jacobino de palacios del barroco vienés -Sans Souci- que como el de Prusia parecía un ejército que tuviera un país, y sus sucesores ocupaban durante un tiempo la parte hispanófona de la isla, o  sea la República Dominicana
Haití fue el mal barrio de la isla, en donde se refugiaba la población menos agraciada por la cultura europeizante. Millones de  hombres y mujeres que, con el devenir del tiempo, debió integrar una sociedad de sobrevivencia, con gobernantes casi siempre corruptos e ignorantes. Reyezuelos de opereta (ya viniendo a nuestros días) como Papa Doc., un verdadero asesino que utilizó su poder para diezmar a una población cuya capacidad de protesta era aplastada por las bandas armadas de Duvalier, los Ton Ton Macuse, verdaderos grupos de tareas capaces de realizar cualquier acción brutal contra la presunta disidencia. Lo sucedió en el poder su hijo, otro infernal tiranuelo, ignorante y corrupto.

El mundo ha preferido ignorar el escándalo haitiano - y muy señaladamente, deben asumir responsabilidades Francia, la antigua metrópoli, que estranguló a Haití con el pago de una indemnización punitiva a cambio de reconocer su independencia; y EE UU, que no ha cesado de apoyar regímenes salvajemente dictatoriales como el de François Duvalier (1957-71), Papá Doc, y su hijo, lógicamente Baby Doc, hasta su exilio en 1986, o arruinar las cosechas haitianas con sus subsidios a la agricultura nacional. El mundo les dio la espalda a estos isleños. EE.UU que luego, ante el desastre humanitario, trató de manejar los destinos de ese pueblo enclavado sobre un páramo en que no existen casi los servicios básicos, cuya vegetación fue además devastada por la acción de la gente que utilizó hasta las raíces de los árboles para poder calentar sus escasos alimentos. Haití se convirtió en el asentamiento más miserable del continente, en el que se esfuerzan por el día a día miles de seres que buscan mayoritariamente en la informalidad, algo para no pasar la noche con el estomago vacío.

Hoy su presidente es René Préval, qué también como la mayoría de los haitianos con recursos, pasó las horas siguientes al asesino terremoto en la tranquilidad de la vecina República Dominicana, abandonando su gente, gobierna hoy entre las ruinas de un país altamente militarizado.

Luego que la tierra se calmó, vinieron los pedidos de ayuda generalizados al mundo, pero focalizados en EE.UU. Y claro, la vergüenza por el fracaso de lo hecho históricamente por los gobiernos de EE.UU, determinó una reacción inmediata y voluntariosa de Barack Obama qué, quizás, tratando de remedar su imagen en franca caída en la interna de su país luego de que sus dichos sublimes se convirtieron en hechos contradictorios o mediocres como los de Irak, Afganistán, Palestina o la capa de ozono.  Y la respuesta fue inmediata: comenzaron a llegar a la isla de la desgracia, junto con un contingente de 12 mil marines, munidos de carros de asalto, y todo el equipamiento propio de las tropas de ocupación, la ayuda humanitaria. También bolsas de comida (harina, arroz, frijoles, etc), siempre marcadas con una bandera de EE.UU, para que ninguno de los sufridos haitianos se confundiera sobre la procedencia.

Pero hay que ser justos: junto a la clásica parafernalia militarista yanqui, también llegaron elementos para iniciar una tarea paliativa del desastre, enormes barcos hospitales, médicos, ingenieros, asistentes sociales, etc., etc. EE.UU no pudo dejar atrás mecanismo intervencionista , cercando playas para darles seguridad a sus tropas, pero en este caso el drama de los haitianos no tendría salida sin esa ayuda humanitaria gigantesca que les viene del norte. Es imposible pedirle seriedad total al payaso, pero hay que reconocer que los intereses qué está mostrando EE.UU son solidarios.

Pero veamos. Hoy son 21 mil soldados, al mando teórico de las Naciones Unidas, los que cuidan la tranquilidad del paramo de hambre y destrucción, entre los cuales hay alrededor de 1.200 uruguayos. No sabemos si a esta altura este contingente, de acuerdo a los criterios de los generales que comandan la acción, es suficiente. En nuestro país se está manejando la posibilidad de engrosar con más efectivos el grupo de militares uruguayos, para lo que se espera un planeo específico de las Naciones Unidas, comando en el qué nos parece tienen hoy una influencia cada vez más decisiva los militares provenientes del norte.

Reconstruir Haití, dice el presidente dominicano, Leonel Fernández, en cuyo territorio vecino se ha refugiado la oligarquía mediocre y apátrida que medra desde siempre y todavía hoy en Haití, costaría 10.000 millones de dólares. Es evidente que el mundo le debe a Haití una reparación histórica, revertir este bochorno inaudito de años qué convirtió a este territorio en lo que es, a lo que se debe sumar el enorme desastre natural de este terremoto que, obviamente, cayó con toda su fuerza sobre ese pueblo ya desvalido.

Esperemos que el bochorno histórico que viven muchos países del mundo por la situación de este pueblo, no se disipe rápidamente como en tantos otros casos. Y que esos 10.000 mil millones de dólares se utilicen realmente para crear las bases de un nuevo Haití, reconstruido, cuyo pueblo pueda comenzar a replantearse la esperanza de un futuro medianamente digno, alejado de los sátrapas ladrones que siempre lo asolaron. Si ese bochorno no se disipa, que se utilicen todos los recursos necesarios para construir de una vez Haití; bajo control internacional, dejando que ese pueblo busque los mejores caminos para elegir a sus líderes. Esto no es un cuestionamiento para Preval, el actual presidente, sino el planteo de un camino permanente.

Porque la democracia no puede quedar para otro momento y todo el trabajo de reconstrucción ser manejado desde las carpas de campaña de los generalotes que, también, tanto mal le han hecho a nuestro continente.

 El País de Madrid.

(*) Periodista.


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