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12.2.24

Donde discutir: ┬┐Adentro o afuera?

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Por Esteban Valenti (*)

La pregunta del título parece, secundaria, pero en realidad define una actitud de fondo de la izquierda. ¿Dónde tenemos que discutir los temas que tienen que ver con la vida de nuestro pueblo, de nuestra gente, de nuestro país? ¿Tenemos que hacerlo en la interna o debe ser un debate público, de cara a la gente?

¿El riesgo de perder las elecciones este año y "reelegir" como dice su principal candidato a este gobierno de retroceso y de inmoralidades es algo que tiene que ver con la gente o solo con los políticos?

Esta pregunta surge de mi columna anterior sobre el uso del Plebiscito de reforma constitucional y sus objetivos, más allá de lo legal. Considerando su utilización en la campaña de las elecciones internas de junio del 2024. Tuvo naturalmente record de lecturas y no acepté ninguna entrevista en los medios porque consideré que debía debatirse con todos los argumentos expuestos.

Tuvo record de reacciones, mensajes, llamadas. La gran mayoría ampliando y comentado sobre el tema y unas pocas criticando duramente. Si me faltaban argumentos y sobre todo información de que el Plebiscito es la parte fundamental de la estrategia para la campaña de las internas de la mayoría del PCU. Ahora lo tengo más confirmado que nunca.

No seamos ingenuos, hay temas que naturalmente se discuten en la orgánica de los partidos, aunque en algunas oportunidades se filtran casualmente a la prensa? Eso sí son trascendidos anónimos. Vaya si conocemos esos métodos, no vale la pena recordarlos.

Cuando un tema tiene directa relación con la vida, con el futuro del país, de su gente, de la suerte de la izquierda y en las estructuras ni siquiera se considera, y varios compañeros son conscientes de lo que afrontamos ¿Qué hay que hacer? ¿Callarse?

Para mí y para cualquiera sería muy cómodo, aterciopelado, callarse y luego distribuir responsabilidades, esa no es la historia de la izquierda, si nos animamos a cuestionar las injusticias que parecen eternas e intocables de este sistema, tenemos que utilizar el mismo criterio para afrontar nuestros problemas.

Determinadas movidas electorales, tienen contenidos ideológicos y hasta morales y la izquierda no puede ni debe ocultarlos. Eso también nos diferencia de la derecha.

La izquierda uruguaya escribió desde la unidad del movimiento sindical, la CNT y con un enorme salto de calidad en 1971, con el nacimiento del Frente Amplio páginas imborrables. Ni 11 años de dictadura, cuyo principal objetivo era destruirnos pudieron acallar nuestra voz, ni detener nuestro impulso transformador.

Forjar la unidad no es una virtud divina, es un edificio en construcción permanente, tuvimos que poner cimientos potentes. No solo una estrategia política común para derrotar al más sólido y antiguo sistema de partidos políticos tradicionales, colorados y blancos, sino superar nuestras propias limitaciones. Tuvimos que deponer la batalla casi enfermiza de las izquierdas en el mundo por quien es el que encabeza, el mejor, el que lleva el estandarte. Tuvimos que apelar a nuestra mayor generosidad, amplitud, sensibilidad y comprensión de otras posiciones. Aprendimos a convivir, a discutir, a llegar a acuerdos programáticos y políticos y avanzar incluso en temas muy sensibles, como la democracia y la libertad.

Y lo hicimos, lo logramos, paso a paso, ladrillo a ladrillo y mejoramos todos. Y no son cosas abstractas, tienen que ver también con la disputa de cargos, de posiciones, de definiciones, de liderazgos.

Muchas veces enfrentamos encrucijadas y las discutimos internamente pero también de cara a la gente, que en definitiva es la base fundamental de cualquier proyecto popular.

La unidad no es una construcción "interna", fue una enorme, permanente batalla popular, ideal, cultural, que enfrentó momentos muy difíciles. Por ejemplo cuando se partió el Frente Amplio, en un momento muy duro, junto a la caída del muro de Berlín y el "socialismo real" y la derrota del voto verde en el plebiscito contra la ley de impunidad. Y lo superamos y avanzamos.

Sufrimos varios momentos de tensión durante los 15 años de gobierno, pero incluso en los más de 30 años de gobiernos de Montevideo y casi 20 de Canelones. Porque el poder nos pone a dura prueba. Y los superamos, aunque dejaron heridas.

Hay heridas calladas, curadas con paciencia y sobre todo logrando anteponer los grandes objetivos populares, democráticos, nacionales de la izquierda y otras heridas visibles, que todavía se sienten. Una de ellas son las que nos llevaron a la derrota del 2019. Muy dolorosa, no solo porque no pudimos seguir cambiando el país, sino porque llegó al poder una coalición política y social mucho peor de todo lo que imaginamos, sobre todo en su amoralidad y entreguismo de nuestra soberanía.

Ahora estamos en la puerta de poder reiniciar un cambio progresista, más amplio, más profundo, más audaz, mejor. Podemos ganar. Para ellos es muy difícil ganar, pero nosotros podemos perder, podemos cometer errores callados e "internos" y dar la sensación de que los problemas no existen. Y sería falso.

Lo que está en juego es demasiado importante para dejarlo encerrado entre unos pocos.

Poner en peligro el triunfo en octubre y noviembre y avanzar en las departamentales y municipales de marzo, sería una tragedia, sería consolidar una secesión de inmoralidades, de entregas de la soberanía, de retrasos, sociales y fortalecer un clima político, donde todo está permitido.

Hace meses que el tema del plebiscito está sobre la mesa, se discute a la sordina en la interna y los principales argumentos, no salen a la luz. ¿Alguien puede creer seriamente que el PCU concentre toda su estrategia en un plebiscito sobre jubilaciones y pensiones (contra una mala ley), pero que lo haga enfrentado a otras grandes fuerzas sindicales y sobre todo a la mayoría de los sectores políticos del FA?

Si alguien tiene un antecedente de este tipo que lo mencione. Uno solo.

Y nada menos en vísperas de unas elecciones nacionales históricas donde podemos y debemos recuperar el gobierno y reemprender un avance progresista y popular.

El objetivo, la estrategia bien clara es utilizar el plebiscito, cuyo texto fue redactado en lo fundamental por los sectores "ultras" y minoritarios del movimiento sindical, para disputar todo, es decir, la candidatura a la Presidencia y una hipoteca en la Constitución que limita totalmente la capacidad del futuro gobierno. En especial si es del Frente Amplio.

Todas las encuestas, TODAS, muestran una tendencia clara, el FA tiene una ventaja relativamente importante sobre los partidos de la coalición sumados, que se ha ido incrementando y que en relación al inicio del año 2019 tiene una diferencia de 10% (promedio) de intención de voto a favor del FA. En las mismas mediciones, Orsi consolidó una tendencia de una clara ventaja sobre los demás candidatos del FA y con otra condición, tiene un muy bajo nivel de resistencias, la gente que afirma que nunca lo votaría, es muy baja. Es además un candidato que abrió notoriamente las puertas del FA para el ingreso de ciudadanos de otro origen, incluso en forma organizada.

A ello debe sumarse un elemento fundamental, en la última encuesta específica sobre el gobierno en Canelones, en diciembre 2023, la empresa CIFRA le da a Yamandú Orsi un apoyo del 69%, un 19% lo desaprueba y un 9% es neutro. Es decir que tiene un saldo positivo del 50%. Y esa es su característica fundamental, mucho apoyo y poco rechazo. Tiene los niveles de aprobación más altos del país.

La derecha, los periodistas especializados, los politólogos, casi todos coinciden que el gran objetivo de los coaligados y en especial de los blancos, es enfrentar a Carolina Cosse y Alvaro Delgado, como la única posibilidad que tienen de no perder las elecciones. También lo dicen de manera aplastante las encuestas.

Hay una instancia previa, el 30 de junio, allí se definen las candidaturas y todos lo aceptamos, si hablamos de una competencia correcta, donde las definiciones sean políticas, ideológicas o incluso organizativas, pero sin atajos, sin manoseos del panorama y por lo tanto de la unidad del Frente. Y utilizar el plebiscito como el elemento fundamental para definir ese pleito, es indigno del FA.

Poner en peligro el triunfo en octubre y eventualmente en noviembre, a través de un camino paralelo que distorsiona los temas centrales del debate, pero además sirve para disponer de una base de datos clave para movilizar el día 30 de junio, para votar por una de las pre-candidaturas del FA, es otra cosa muy distinta.

¿Tenemos que aceptar calladamente lo que sucedió en las elecciones departamentales del 2020, con la lista 6009 que falseó los resultados y la voluntad de la gente? Reitero la lista 6009, distribuida en todo Montevideo como la lista 609, afirmando que era la lista de Mujica en apoyo a Cosse. Los vi varias veces personalmente. Fue una falsedad y esa distribución es lo único que hicieron, nada de publicidad.

¿Y nos tenemos que seguir callando? En silencio, esperando que las estructuras internas del FA discutan sobre este tema. Ya lo dieron por saldado, pero a mí personalmente, como a muchos otros compañeros les han llegado las opiniones, las informaciones de la operación Plebiscito. Y todos en silencio.

Yo tengo algunas experiencias electorales, aquí y en el exterior y sé que las maniobras son muy peligrosas. En 2014, en el mes de agosto, cuando las encuestas nos daban mal, con una caída de 10 puntos de diferencia con el año 2009 y en las internas habían votado solo 255 mil ciudadanos, hubo que reforzar en serio la campaña electoral a pedido de los principales dirigentes del FA lo hice con todas mis fuerzas. Hay testigos muy importantes, que me formularon el primer pedido. Que alguien me desmienta, tengo todos los textos.

Segundo en el 2018 escribí en privado y en columnas que si el FA seguía por ese camino, perdería las elecciones, las encuestas, y la sensación en el país era clara. Y terminamos pagando los errores de la peor manera, perdiendo las elecciones con este gobierno desastroso y amoral.

No me voy a lavar las manos, perder las elecciones en el 2024 sería una tragedia todavía mayor, sería consolidar esta colección de retrocesos, de amoralidades, de inmoralidades y escándalos. Sería un golpe muy duro para la izquierda. El que quiera asumir este peligro, con señales muy claras y visibles, que nos explique, tenemos derecho a saber sus razones.

Nunca el PCU en todo el proceso anterior a la unidad y durante la unidad hubiera jugado de esta manera, sin ningún contenido ideológico, con una estrategia de corto vuelo y con el único objetivo de un cacho grande del poder.

Temas en los que está en juego la unidad en serio, no la que se cocina en las internas, sino la que se construye con la gente, con nuestra gente y con el pueblo, no se pueden ocultar, porque el precio no lo pagan los callados, los "internos", lo pagamos los ciudadanos comunes, los postergados de siempre, los trabajadores, los amplios sectores sociales de la ciudad y el campo, los productores, los intelectuales, los estudiantes y docentes, los pequeños y medianos empresarios y los verdaderos empresarios nacionales.

Esos pagan salado, cinco años de decadencia de nuestras vidas. Esos temas no se pueden cocinar en la interna.

 

(*) Esteban Valenti. Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.bitacora.com.uy) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es), de Other News (www.other-news.info/noticias). Integrante desde 2005 de La Tertulia de los jueves, En Perspectiva (www.enperspectiva.net). Uruguay