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Brasil: ¿Cómo hacer una evaluación de la relación social y política de fuerzas?

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Por Valerio Arcary (*)

La izquierda brasilera está dividida sobre cuál debe ser la mejor táctica para enfrentarse al gobierno Bolsonaro. Son tres las posiciones en debate. La izquierda moderada defiende la táctica quietista. La ultra-izquierda defiende la táctica de la ofensiva permanente. La izquierda radical defiende la táctica del desgaste,

Estas posiciones no tienen una influencia equivalente, evidentemente. Pero, en la lucha de ideas, la fuerza política es la única que cuenta. La fuerza de los argumentos debe reposar en el estudio riguroso de la realidad. Si la mayoría de la izquierda abraza una táctica errada, esa elección tendrá consecuencias graves.

Las evaluaciones de coyuntura distintas expresan diferentes intereses y presiones sociales, la localización del espacio táctico, el ambiente ideológico, las rivalidades estratégicas y hasta las ambiciones políticas.

Las tres tácticas forman, igualmente, parte del repertorio histórico de la izquierda marxista. Ninguna de ellas es errada en sí. Una táctica quietista delante de un gobierno desmoralizado es una capitulación. Una táctica de ofensiva ante un gobierno fuerte es un suicidio.

La táctica es un arte. La evaluación de la realidad es ciencia. Cada una de las tres tácticas reposa en una evaluación de la coyuntura. Pero las tres no pueden ser, al mismo tiempo, correctas. O las fuerzas sociales y políticas que sustentan a Bolsonaro desde las elecciones están, esencialmente, intactas, o se debilitarán. La campaña de masas por el "Fuera Bolsonaro", finalmente, es posible que represente la hipótesis intermedia: el gobierno se debilitó, pero todavía estamos a la defensiva.

¿Cómo hacer un análisis de la relación social de fuerzas? ¿Cuáles son las variables que debemos considerar, y cuál es el peso relativo de la interacción de los diferentes componentes, objetivos y subjetivos?

Estamos, por tanto, ante una cuestión de método. El análisis de coyuntura tiene como objetivo descubrir el mejor camino a seguir. Analizar y separar las partes de un todo para atribuir sentido a la secuencia de acontecimientos, aparentemente, caóticos. El análisis debe considerar la evaluación de la situación económico-social. Esta dimensión del ejercicio de interpretación de la realidad remite a la infraestructura de la sociedad.

Pero un análisis marxista tiene como foco el estudio de la lucha social, o sea, las posiciones respectivas de las clases sociales en lucha, o la estructura de la sociedad, para identificar quien obtiene ventajas relativas en el equilibrio de fuerzas, en el contexto investigado. El objetivo es identificar cual es, en cada coyuntura, la oscilación de la relación social de fuerzas.

En esa pesquisa el análisis debe evaluar las acciones y reacciones de las organizaciones que representan los intereses en conflicto. El primer lugar, debe ponderar las iniciativas del gobierno -y las divisiones que existen en su interior- y sus relaciones con las otras instituciones del Estado, así como las reacciones de las diferentes organizaciones que hacen oposición al gobierno, o sea, la lucha política en la superestructura.

De las conclusiones del análisis resultan las caracterizaciones. En función de ellas se decide la política, o línea general a seguir. Debe haber coherencia entre análisis, caracterización y política. No tiene sentido afirmar caracterizaciones que no estén, sólidamente, construidas a partir de análisis pacientes y rigurosos de los acontecimientos. No es tampoco serio defender políticas que no estén fundamentadas en caracterizaciones demostradas.

En los últimos días tuvo lugar un cambio favorable en la coyuntura política, aunque en los marcos de una situación más general que permanece reaccionaria. Esta evaluación obedece a un modelo teórico en el cual el balance de la interacción entre las condiciones objetivas y subjetivas, jerarquiza la dinámica sobre la estructura, La dinámica es una tendencia. Se enfrenta a frenos, obstáculos, limites, contra-tendencias. 

En la evaluación de la relación social de fuerzas en cada nación, debemos considerar los factores estructurales, durables, constantes, de larga duración, que explican el contexto de la lucha de clases. Por ejemplo, el grado de urbanización e industrialización, el peso social de los trabajadores sobre el conjunto de la sociedad, el patrón de la desigualdad social, la gravedad de las condiciones de opresión, la importancia de las diferencias regionales, el nivel medio de escolaridad, el número de votos de los partidos de izquierda, el número de afiliados a los sindicatos, el alcance de los medios de izquierda, el aumento del desempleo, etc. 

Pero, también, variables objetivas más coyunturales como la cantidad y la composición social de la participación en los actos de oposición, la mayor o menor extensión nacional de los actos, el número de trabajadores que pararon en el día nacional de huelga, etc. Son factores como estos los que definen las condiciones objetivas de la lucha. Unos son más estructurales, otros más coyunturales. Lo más importante, mientras tanto, es tener sentido de la perspectiva al evaluar las posiciones respectivas de las tres clases más importantes:

A) Los más estructurales remiten a la historia de la etapa abierta con el fin de la dictadura: una inmensa desigualdad social que contrasta,  absurdamente, con la renta per cápita; un lugar intermedio en el mercado mundial, híbrido de semicolonia y submetrópoli regional, en contradicción con una inserción dependiente en el sistema internacional de Estados; la preservación intacta del aparato represivo de un Estado represivo en el país más negro fuera de África, la estabilización del régimen democrático-electoral en forma presidencialista; y la posición respectiva de las tres clases más importantes: una burguesía muy pequeña, pero muy rica, una gigantesca clase trabajadora muy joven y concentrada, y una clase media en decadencia;

B) El estancamiento económico no fue superado, lo que aumenta el peligro de inestabilidad social: salimos de una larga recesión de los últimos cinco años, y el primer trimestre fue de contracción, en comparación con 2018, sin que haya aumentado la inversión extranjera, pero sin que el gobierno haya perdido el apoyo de la clase dominante. 

C) La unidad y el peso político de la burguesía aumentaron tras la acumulación de victorias que vienen desde 2016, de la capacidad demostrada de movilizar a la mayoría de la clase media, derribar el gobierno de Dilma Rousseff, aprobar la Ley de Techo de Gastos, Ley de Tercerizaciones, y la Reforma Laboral. Aumentó la angustia burguesa tras el accidente histórico que fue la elección de Bolsonaro, y el mal estar con sus iniciativas más radicales (flexibilización del Estatuto del Desarme, entre otras), pero el balance político de su mandato se decidirá en función de las circunstancias o no de la reforma de la previsión social.

D) La clase media giró a la derecha después de 2014 y, amplios sectores se desplazaron hacia la extrema-derecha en 2018. Esta dinámica no fue invertida, y  hay señales, por los menos en los últimos seis meses, de un desplazamiento subterráneo en función de pautas todavía más indignadas;

E) Bolsonaro vivió sus primeros seis meses bajo fuerte presión burguesa, exigiendo un encuadramiento en los límites del régimen. Los recientes cambios ministeriales y el apoyo de la presidencia a los actos de la extrema-derecha el 26 de mayo y el 30 de junio, indican el peligro de una reacción bonapartista. La unidad granítica de la clase dominante en apoyo a la reforma favorece al gobierno, pero no elude la inestabilidad interna de la coalición de extrema-derecha. Existen contradicciones entre las cuatro patas del gobierno (la militar, la financiera, la judicial, y la bolsonarista, aunque esta última, ideológicamente, neofascista, sea la hegemónica). Existen conflictos entre el gobierno y los partidos que detentan la mayoría en el Congreso Nacional, y representan, históricamente, la dominación institucional burguesa. Existen, por último, pero no menos importante, tensiones entre el gobierno y el STF (Tribunal Supremo Federal). Mientras tanto, el gobierno se beneficia de una expectativa mayoritaria en el pueblo, y el apoyo intenso en un tercio de la población.

Esto fuerza una diferenciación entre la situación social de la clase, y la posición política de la clase trabajadora, y de las fuerzas aliadas: la juventud, el movimiento negro, de mujeres, LGBT, ambientalista, cultural. Aunque a la defensiva desde 2016, la clase trabajadora no fue aplastada, no sufrió una derrota histórica. La derrota electoral de 2019 fue devastadora. Pero la derrota no abrió una etapa de desmoralización a largo plazo.

La posición que la clase ocupa está siempre en movimiento y remite a los factores subjetivos: (a) ¿cuál es el grado de exasperación de los trabajadores? ¿cuál es el nivel de actividad sindical y política a que están dispuestos? (c) ¿cuál es el estado de ánimo, o humor, la disposición de lucha, el nivel de confianza? (d) ¿cuál es el grado de respuesta a las iniciativas de la oposición? (e) ¿cuál es el grado de confianza que tienen en las diferentes direcciones de la oposición?

Estos elementos subjetivos evolucionaron, positivamente, en los últimos seis meses. Por eso fue posible realizar tres grandes movilizaciones en el último mes, en los días 15 y 30 de mayo, en la huelga nacional del 14 de junio. Ellas establecieron el signo de una nueva coyuntura.

Traducción de Correspondencia de Prensa

 

(*) Valerio Arcary. Miembro de la Dirección Nacional de Resistencia, tendencia interna del PSOL (Partido Socialismo y Libertad). Historiador y profesor jubilado del IFSP (Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología.

Fuente: https://esquerdaonline.com.br/, 23 de junio 2019