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Sutilezas y zancadillas en la campaña electoral

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Por Esteban Valenti (*)

No todos lo reconocen, pero la campaña electoral a cuatro bandas ya comenzó con toda  intensidad. Las etapas son: las elecciones internas del 30 de junio del 2019, las nacionales del 27 de octubre, el balotaje del 24 de noviembre del 2019 y elecciones departamentales y municipales del 10 de mayo del 2020.

No todos aceptan tampoco que la política nacional, muchas veces señalada por su nivel, por la capacidad de crear ideas, de exponerlas y de debates ricos en argumentos y en matices se ha venido un poco al suelo, por eso es bueno utilizar algunos ejemplos de estos nuevos tiempos. Una especie de guía anticipada de las sutilezas y las zancadillas que se vienen.

No me refiero al trabajo sucio en las redes, donde circulan cada tanto todo tipo de brulotes contra tirios y troyanos y puestos a rodar por anónimos personajes que ni siquiera tienen la decencia, no ya la mínima valentía, de dar su propio nombre. Me voy a referir a casos concretos con nombre y apellido y con mi firma.

El sábado pasado se realizó la Convención Nacional del Partido Nacional. Buena costumbre de reunir a un cuerpo que fue elegido en las elecciones anteriores por todos los votantes de ese partido. Se presentaron los precandidatos a la presidencia de la república. Es la ocasión para un análisis de ciertos ejemplos. No es un discurso más, es de hecho una proclamación en la máxima instancia de su propio partido.

Como la definió el doctor Luis Lacalle Pou esta "no es una Convención más". De hecho es la proclamación de los candidatos. Los programas, las ideas, los planes de gobierno quedan para otra etapa, cada uno de los candidatos por su lado.

Y es aquí que me quiero detener. En medio de un discurso muy bien pensado, Luis Lacalle Pou, saltando más allá de la interna partidaria, desde el inicio hasta el final se sitúa no solo como el que quiere ganar, "ser el mejor de todos" los precandidatos "nada más ni nada menos", sino que se posiciona como el que marca los andariveles, los límites, la cancha. Ya se presenta como el ganador.

No está mal, no es una pedantería viendo los resultados de todas las encuestas, pero el problema es el método que elige. Una sutileza que es a su vez es una zancadilla.

¿Por qué interesan este tipo de análisis? Porque son parte de las sutilezas, de las vivezas de la política sin las cuales sería un simple ejercicio discursivo y poco más. Me refiero en especial a las campañas electorales.

Colocarse desde el inicio de la competencia interna, incluso a nivel de la nacional de la campaña de octubre, y presentarse como el que dicta las grandes líneas  es clave para asumir la figura, la imagen de un presidenciable. Aunque eso implique "imponerle" a sus contrincantes internos un papel secundario desde el principio.

Todos los partidos tienen sus focas, es natural que haya gente que todo le viene bien, todo lo explican y todo es encomiable en sus líderes. Es parte inexorable de la política, pero eso no nos obliga al resto de los mortales a perder un mínimo sentido crítico.

Prometer en una campaña electoral cosas que no se van a poder cumplir, es una de las sospechas y de los defectos más señalados y temidos por ciudadanos sobre los políticos. Y siempre será así, porque los partidos y sus candidatos apelan a toda su artillería para convencer, para entusiasmar, para ilusionar a los votantes. Y a veces se pasan de ciertas rayas. Cuando se pasan mucho, se llama demagogia

Decirle desde la máxima tribuna del Partido Nacional a los otros correligionarios que competirán por la candidatura y eventualmente por la presidencia, que no hay que prometer en vano y sobre todo si se sabe que no se podrá cumplir, es grueso, muy grueso.

Es posible, casi seguro que no todos lo hayan visto de esa manera, es un problema de ellos. Porque es notorio que con esa afirmación Lacalle además de hablar de los demás y sus tentaciones a lo imposible, está hablando de él y de manera sutil y no tanto, está diciendo: yo voy a ser claramente el que no prometa nada que no voy a poder cumplir. Es decir que se está validando a si mismo aconsejando paternalmente a los otros candidatos.

¿Está mal recomendar no ser muy prometedores? No, en absoluto, pero es una movida que merece ser analizada por sus proyecciones y por su significado. Luis Lacalle Pou es la referencia de la credibilidad, de la mesura seria y ponderada en las promesas, los otros "con tal de ganar" pueden irse de boca y de propuestas. Estoy seguro que no todos los precandidatos blancos saltaron de alegría ante esta movida "paternal" de Lacalle.

Es cierto que cuando hace esta referencia, afirma "para decirlo en criollo, no hay que prometer lo que no se puede cumplir". Creo que aunque lo hubiera dicho en francés, también sonaría fiero.

Lo que el Partido Nacional no termina de entender es que más allá de las declamaciones, si no crecen todos los sectores, si se hacen zancadillas, aunque sutiles, si el herrerismo predomina de manera aplastante, lo que se compromete es la chance del propio partido. ¿Estará en su ADN?

Y todavía está más que claro que, gane quien gane, además de su propio programa e ideas a partir del 2020 todo tendrá que negociarse, que las mayorías absolutas se terminaron y comienza un nuevo tiempo político y que las referencias no van a ser las propuestas de los muchos precandidatos que aparecen en el horizonte. ¿Entonces?

Nadie puede creer que los ejes del debate girarán en torno a la frondosa imaginación de todos los precandidatos, que el debate y las decisiones del voto girarán en torno a los principales candidatos, entre los que realmente pueden aspirar a la Presidencia de la República.

Entonces, no hay dudas que uno de esos candidatos es Luis Lacalle Pou, así que la movida es para demostrar que él será parco, medido, alejado de toda demagogia en sus promesas y que los demás candidatos blancos lo deben seguir por esa senda. Inteligente pero avivado.

Porque después, acto seguido, todos hablan de la unidad, de la diversidad, y de la libertad, pero el ejercicio de esas tres condiciones, exigen que nadie se pase de listo, nadie se adueñe de la seriedad y la sobriedad desde el inicio mismo de la campaña. Y Lacalle lo hizo.

Cuando hice este comentario en Twitter, algunas personas se sublevaron. Están en todo su derecho, pero quiero aclarar que en esta campaña electoral voy a moverme con total libertad y cuando tenga que criticar u opinar voy a hacerlo, aunque las víctimas de tanta "responsabilidad programática, ni siquiera lo perciban. Es su asunto, pero una campaña electoral es la exhibición más implacable de las virtudes y los defectos de los candidatos. Es un enorme concurso.

Con la pequeña diferencia que al final del certamen el premio no es una copa, sino el derecho y el deber de gobernar durante cinco años a todos los uruguayos.

Por eso los orientales tenemos derecho a opinar, incluso de lo que sucede en otros partidos o directamente en todos los partidos.

Si señores, yo hice campañas electorales con el Frente Amplio y eso no me inhibe en absoluto de opinar de política en general. Al contrario.

Tengo algo de experiencia en la materia, desde 1989 que participó en campañas electorales con éxitos diversos, en Uruguay, en Argentina y en Paraguay y podría haberlo hecho en otros cuantos países. No me interesó, porque solo hice campañas electorales por convicción. No será un gran mérito, pero tampoco creo que sea una culpa muy grande.

Soy de izquierda y si hoy no me entusiasma ninguno de los candidatos del "aparato" del Estado y del Frente Amplio, es decir los que representan la continuidad del poder, es porque no reconozco el impulso de la izquierda, su esencia, sus valores fundacionales.

Si no me he pronunciado - a pesar de muchas especulaciones - a favor de otras formaciones políticas, es por la misma razón, no son de izquierda.

Por ello, estoy en las mejores condiciones de ser un analista de la impetuosa campaña electoral uruguaya. Hace tiempo que lo estoy haciendo, aunque a varios no les guste. No lo lamento.

  (*) Periodista, escritor, director de uypres.net y bitacora.com.uy. Uruguay

PD. En la próxima voy a analizar el papel del "gran elector" del Frente Amplio.


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