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8.7.24

La IA generativa no se apoderar√° del mundo, el capitalismo de vigilancia ya lo ha hecho

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Por Privacy International (*)

¿Se está disipando el entusiasmo por la inteligencia artificial?

Los productos de consumo con asistente de IA son decepcionantes en general, los CEOs de empresas tecnológicas se esfuerzan por dar ejemplos de casos de uso que justifiquen el gasto de miles de millones en unidades de procesamiento gráfico (GPU) y entrenamiento de modelos. Mientras tanto, las preocupaciones en torno a la protección de datos siguen lejos de haber sido resueltas.

Sin embargo, los creyentes persisten. La presentación de ChatGPT por parte de OpenAI recordó a la película Her (con la voz de Scarlett Johannsen incluso replicada al estilo de la película), Google se las arregló para incluir la IA en casi todos los anuncios de su Google I/O 2024 y Apple se unió a la multitud con Apple Intelligence. Así, las empresas que lideran la carga de la IA siguen afirmando que esta tecnología será una revolución y lo cambiará todo.

Y así, la gente se queda con dos narrativas muy diferentes: promesa o despilfarro.

Por un lado está la promesa: la IA está en camino de ocupar nuestros puestos de trabajo y aumentar masivamente el PIB. Tomará el relevo de Hollywood y producirá largometrajes a partir de unas pocas indicaciones, multiplicará por diez nuestra productividad y nos ayudará a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Dale unos años y se convertirá en un agente omnisciente que nos ayude a hacer de todo mientras traza el camino hacia la Inteligencia General Artificial (AGI).

En el otro lado está el despilfarro: no es más que otra pieza de tecnología que atrajo una cantidad insana de fondos sin ofrecer resultados. No es más que una iteración de cosas que ya hemos visto antes (por ejemplo, "¡big data!", "¡algoritmos!") a la que no se le puede confiar nada porque alucina, y que viene acompañada de costes masivos e impactos medioambientales que la condenan a desaparecer hasta que aparezca un nuevo avance científico en el aprendizaje automático.

Así que te queda elegir: o te tragas el bombo y esperas estar en el lado correcto de la revolución IA generativa (genAI) o esperas a que muera y confías en que no lo empeore todo.

Pero el futuro, como ocurre a menudo, podría resultar un turbio término medio. Con la cantidad de dinero invertido en genAI por inversores de capital riesgo, fondos soberanos y grandes empresas tecnológicas, es difícil imaginar que todo se tambalee y desaparezca sin producir nada de valor. Se podría argumentar que ya ha ocurrido con Blockchain o la Realidad Virtual (y no se estaría equivocado), pero quedan algunos casos de uso de nicho muy potentes. En el caso de genAI, ya existen algunos casos de uso para las personas: adolescentes ya han encontrado en la tecnología una compañía útil90% de los desarrolladores con sede en EE.UU. han adoptado asistentes de codificación de IA y su uso en investigación médica es muy prometedor.

El problema radica en que un producto decentemente útil (a diferencia de algo que fuera revolucionario) que tiene un coste de entrega realmente elevado, no constituye un buen modelo de negocio de cara al consumidor. La suscripción podría ser una respuesta pero, si la salud de los medios de comunicación en línea sirve de caso indicativo, podría no ser la opción más sólida.

La industria podría abandonar los productos de IA orientados al consumidor y adoptar el B2B [empresa-empresa] a través de modelos de acceso mediante API [interfaces de programación de aplicaciones]. Pero para gigantes del consumo como Google y Meta, esto no es realmente una opción. Sobre todo cuando prometen que no entrenarán sus modelos con los datos de las empresas. Los modelos podrían reducirse en tamaño y en coste computacional, pero siempre seguirá habiendo costes, aunque sólo sea para encontrar datos que pueda recoger y entrenar los modelos.

¿Y qué pasa cuando acaban las suscripciones de prueba gratuita? ¿Una vez que sea necesario un modelo de negocio para cubrir esos costes? ¿Cuál es la solución?

Van a ser los anuncios.

La publicidad ha sido el modelo de negocio de las grandes empresas tecnológicas que ofrecen servicios (piense en Google Search y no en el iPhone) durante los últimos 10 años, y hay pocas razones para pensar que esto vaya a cambiar con la próxima generación de tecnología. Facebook antes no tenía anuncios, al igual que Google, así como las tiendas de aplicaciones o los sistemas operativos. Pero los anuncios se abrieron paso en todos los productos orientados al consumidor, con la promesa por parte de estas empresas de que los anunciantes podrían dirigirse a las personas con una precisión asombrosa, siempre en el momento adecuado y por el precio justo. Los consumidores podían seguir disfrutando de estos productos siempre que aceptaran publicidad dirigida.

La promesa de una Internet libre y abierta fue arrebatada por la publicidad basada en el análisis de comportamiento. Este modelo vino acarreando costes, incluyendo para nuestra privacidad. Los requisitos para que apareciera esta publicidad basada en la conducta fue una web de vigilancia, que se pudieran monitorear todos los movimientos y acciones, recolectar y consolidar en perfiles para describir qué tipo de personas éramos y qué deseábamos. Consultar este dossier de inteligencia sobre ti es inquietante, tanto si has mirado tu historial de Google como si, como hemos hecho nosotros, has ejercido tu derecho a acceder a tus datos en Europa. Esta elaboración de perfiles es escalofriante, ha perjudicado a individuos y sociedades y no puede justificarse por la necesidad de mostrarnos anuncios.

Al igual que el capitalismo de vigilancia se apoderó de la web, se apoderará de genAI. A pesar de los múltiples desafíos, políticos y jurídicos, en todo el mundo, el capitalismo de vigilancia sigue siendo el modelo empresarial dominante. La falta de respeto por los datos personales de los usuarios caló tan hondo en el ethos de las empresas tecnológicas que la base de la propia genAI era la explotación de estos datos mediante scraping y procesamiento para crear conjuntos de datos que se utilizarían para entrenar modelos de IA.

Hoy en día, las promesas de los productos de IA de ser un asistente omnipresente abren la puerta a una nueva opulencia de datos, lo que eleva a nuevos niveles las amenazas a nuestra privacidad. Los sitios web de salud mental que comparten tus datos con terceros desconocidos ya daban bastante miedo, ahora tenemos que lidiar con la idea de un único software con acceso a toda nuestra información. Este será el precio del acceso a los recursos clave que han acumulado las Big Tech: la potencia de cálculo, la experiencia y el conocimiento científico, la posición en el mercado. Las grandes tecnológicas dominan esos recursos y deciden en última instancia quién accede a ellos, competidores incluidos. Esto significa que tendremos que confiar en que esos actores actúen decentemente con la información a la que accede y genera la IA, una confianza que han quebrantado tantas veces en el pasado.

La genAI no necesita conquistar el mundo, las empresas que monopolizan su desarrollo ya lo han hecho. Y el capitalismo de vigilancia con ellas. Afortunadamente, aún estamos en la fase inicial y todos tenemos la oportunidad de intervenir para hacer algo al respecto. Desde la regulación a la acción legal, pasando por el acto individual de protesta, la lucha está en marcha por un futuro en el que la tecnología nos sirva a nosotros y no a los intereses de las grandes corporaciones.

 

(*) Privacy International es una organización benéfica registrada con sede en el Reino Unido que defiende y promueve el derecho a la privacidad en todo el mundo.

Fuente: https://privacyinternational.org/news-analysis/5331/generative-ai-wont-take-over-world-surveillance-capitalism-already-has

Traducción: Tumulto N'tanga


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