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1.4.24

El Ășltimo ciclista

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Por Esteban Valenti (*)

Este lunes, cuando aparece este número de Bitácora, habrá llegado a Montevideo el último ciclista de la Vuelta al Uruguay. Será el domingo 31 de marzo y, medio en broma y mucho en serio, los uruguayos seguiremos repitiendo esas sentencias superficiales y negativas sobre nosotros mismos. A partir de esa llegada pedaleando comienza la verdadera actividad nacional.

Es una falsedad por todos los costados, fácilmente comprobable por las estadísticas y datos de la economía y la sociedad, pero suena a autocrítica y por lo tanto la incorporamos como tontos. Pero es una tontería peligrosa, como otras que hemos asimilado.

Ni los tambos, ni las explotaciones ganaderas, agrícolas, granjeras, forestales, ni la enseñanza, la salud, las industrias, el comercio y sobre todo el turismo se detienen en el primer trimestre del año. El despertador sigue tocado a la misma hora. El Poder Judicial y la construcción se toman el mes de enero, pero todos los demás, incluyo a los periodistas, seguimos igual que siempre -con un breve descanso- al pie del cañón. Pero alguien tuvo la ocurrencia en algún medio de prensa, de lanzar en algún momento esta reverenda estupidez y se extendió por la sociedad.

Ni siquiera se puede asimilar el 'carnaval más largo del mundo', porque nadie que conozca de adentro a cualquiera de los grupos del carnaval y la estructura general y en todo el país, puede desconocer que hay un trabajo monumental, de creatividad, de construcción de imágenes, de trajes, de instrumentos, de escenarios, de ideas-letras y de ingenio. Mucho trabajo intelectual y físico. Y como resultado, la actividad social, de encuentro y de trabajo conjunto más importante del país, solo superada por el baby futbol.

¿Esta definición superficial y casi ridícula del último ciclista es inofensiva, una chiquilinada? El inventor puede haber sido un inocentón, pero el resultado y el uso son muy diferentes, es parte de la batalla cultural que tanto le gusta menear a la derecha. Es una manera de desmerecer el esfuerzo laboral, la producción, el empeño de los uruguayos con el trabajo. Hay tres meses de vacaciones. Ni los bancos, que estos años se llenaron de oro, se toman un día para rastrillar.

A los uruguayos le gustan las vacaciones, dentro y fuera del país y no hay porque negarlo, al contrario, la inmensa mayoría de los pueblos quisieran tomarse sus días de descanso, de tranquilidad, de compartir con sus familias y amigos. Y el territorio uruguayo ayuda con una oferta impresionante de posibilidades al alcance de casi todos los niveles socio-económicos. Y las aprovechamos y no tenemos por qué arrepentirnos, y aceptar la guasada del último ciclista.

No es inofensiva, no es un descuido, es uno de los intentos de explicar y explicarnos por parte de sectores del poder y de su prensa adicta de cual es una de las causas de nuestro lento progreso o estancamiento. No hay dudas de que, si se miran los malos o muy malos datos del año 2023, tienen la necesidad de explicarlo una vez más: 0.4% de crecimiento, es estancamiento, aumento del 60% al 68% de nuestro endeudamiento público, baja de la inversión y obviamente con el dólar planchado o directamente en caída, un aumento de las importaciones y un acumulado de 25 meses de pérdida de la competitividad. Para el 2024 se espera un magro crecimiento del 2.5% por debajo de la tasa media de la región. Volvimos de la peor manera a situarnos en la mediocridad y la caducidad que acumulamos durante décadas.

Eso sí, para compensar y a pesar de todas las cifras de inflación y de clasificación crediticia, somos el país más caro de la región para todo, la vivienda, el transporte, los combustibles, la energía, los alimentos. Todo, no nos salvamos en un solo sector. Y eso que la comparación se hace en dólares y nuestros billetes verdes andan arrastrándose por el suelo desde hace años, con el silencio cómplice o algún balbuceo de los medios de derecha y asociaciones empresariales otrora muy vocingleras.

Hay otro enfoque que conviene considerar, si las temporadas turísticas se salvaron raspando, fue porque los uruguayos eligieron vacacionar en amplios sectores en su país, mientras otros invadían la Argentina para comprar mucho más barato y diezmaron los comercios y empresas del litoral. En esas zonas la desocupación aumentó sideralmente no con el último ciclista, sino hace años.

Hay otro enfoque, es que las vacaciones, el ocio se lo ha querido desde siempre transformar en un vicio, en una forma de vagancia y de debilidad frente al trabajo. Los ricos, ellos sí tienen todo el derecho a vacacionar todo el año, olvidarse de cualquier vuelta ciclista y seguir el giro de la Tierra alrededor del Sol, el resto de los mortales, si fuera posible, deberíamos reducir al máximo nuestro ocio, nuestra posibilidad de hacer lo que nos gusta.

Ha cambiado, y lo seguirá haciendo, la realidad, la cultura y la naturaleza misma del trabajo, las nuevas tecnologías impactan inconteniblemente en ello y lo seguirán haciendo, nos guste o no, nos intranquilice o no. Y una opción obligada será reducir la cantidad de tiempo de trabajo individual, incluso las modalidades del empleo. Hay dos visiones simultaneas: una es que estos cambios sirvan fundamental o exclusivamente para aumentar la tasa de ganancia del capital (encubierta en oscuras teorías) y la otra que esto sirva para mejorar la calidad de vida de la gente, el tiempo que puedan dedicar a estudiar, a superarse, al ocio, a actividades que les llenen la vida junto a sus familias y amigos.

No es una batalla solo cultural, es también una gran batalla política, económica y social que se disputa de forma abierta o encubierta, pero que está lanzada a todo ritmo en el mundo y en nuestro país.

Se trata del diseño de una nueva etapa de la civilización humana, como lo fue la era industrial y otras precedentes. Cada aspecto de nuestra convivencia estará marcado por este debate y sus consecuencias y acciones. Inclusive, nada menos que las formas de evasión y la calidad de la vida en la comunidad, el nivel de la cultura, del arte, de la creación, del deporte, de lo que seguramente inventemos.

Lo que no podemos ni debemos aceptar es el cuento del último ciclista, porque es rendirnos cuando en realidad de lo que se trata es de mejorar los derechos, de hombres, y sobre todo, de mujeres que todavía vienen bastante lejos y atrás.

 

(*) Esteban Valenti. Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.bitacora.com.uy) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es), de Other News (www.other-news.info/noticias). Integrante desde 2005 de La Tertulia de los jueves, En Perspectiva (www.enperspectiva.net) Uruguay.


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