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11.01.21

2020 y la ├ępoca. Un resumen

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Por Guillem Martínez (*)

El neoliberalismo ha creado la enfermedad. Su tratamiento social y económico. Y su solución. Las vacunas. Conviene recordar que las vacunas son sensacionales, un buen invento. Pero también conviene recordar cómo se han inventado.

 

TEORÍA DE LA ÉPOCA. Las épocas no se viven, sino que son las épocas las que te viven a ti. Sucede lo mismo con el amor, si bien una época puede llegar a ser su contrario. Ver a una persona que ha vivido una época es ver a una persona vivida por esa época. Una persona que vivió el franquismo o el Imperio hitita, por ejemplo, es más probablemente una persona vivida por el franquismo o el Imperio hitita. Las épocas nos tratan a nosotros como nosotros a los chicles. Sólo les interesa nuestro sabor. Se lo quedan todo, y luego nos ponen debajo del pupitre. Allí les explicamos a otro chicle seco la época. Como si fuera nuestra vida, cuando en realidad es la vida de la época. Lo que aquí sigue es un breve resumen de la época. Es decir, de cómo nos vive la época. La época no empezó en marzo. Pero, desde entonces, ha progresado adecuadamente, y ha dotado a nuestra biografía de indicios sólidos de sí misma. 

 

ORIENTE RULESLa pandemia, por ahora, ha estado mejor gestionada en Oriente que en Occidente. China, parece, tiene más controlada a la bestia y posee indicios de disponer de una precoz vacuna funcional. En China no se ha gestionado la cosa con criterios democráticos, sino brutales. Pero, en defensa de China, en ningún sitio se ha gestionado con criterios democráticos efectivos, lo que ha llevado a puntas de brutalidad. Lo que es, me temo, la época. En todo caso, algo pasa en Oriente. Posee más imaginación -exemplum: en Taiwán, un buen control de la epidemia, existe una figura que ha sido determinante en la gestión sanitaria: un vecino que se encarga de visitar a los vecinos, ver cómo se encuentran, informar de que alguien está pocho, realizar seguimientos-. La imaginación es un excedente de la inteligencia. Oriente es un indicio de que esta es su época. Europa finalizó su ciclo en 1918, antes de su democracia. EE.UU. lo ha finalizado con la degradación de su democracia, en pandemia y con trumpismo. Es el momento de Oriente. Deséenles suerte. 

 

CRISIS DEMOCRÁTICA EN EUROPA.  En 1918, con la epidemia de gripe, nació en Europa y los EE.UU. algo parecido a la Sanidad Pública, en su estado incipiente. Ese algo creció desde 1945. Pero no ha existido, o se ha exhibido en estado terminal en esta crisis. A saber: en Europa el virus no se vio venir. Ni cuando estaba en la chepa. No han existido mecanismos, instituciones, negociados, observatorios de la salud, ojos, que hasta hace poco -al menos cuando el SARS, pandemia planificada y que, tal vez por ello, no se produjo a lo bestia- aún, de alguna forma, existían. Lo que es un indicio de que ni la UE ni los Estados se ven ya a sí mismos con esa función. Es un cambio cultural absoluto, que ilustra que algo no funciona. Ese algo es el bienestar. No es algo baladí: el bienestar es/fue la forma de la democracia en Europa. Ni la UE ni los Estados, así, han observado entre sus funciones detectar y planificar una pandemia. Indicio vigoroso de que todo ello sucede con cierto vigor: en la primera reunión UE sobre la covid -no presencial, y en febrero- no participaron todos los Estados. Por desinterés o desidia. Otro indicio que habla de la fragilidad del mismísimo proyecto europeo es que la crisis ha supuesto a) la desaparición momentánea de la joya de la corona UE: el libre tráfico de personas y mercancías. O que, incluso, b) Alemania y Francia hayan robado -la palabra técnica es esa- material sanitario, en la punta de la crisis -en marzo- a países terceros. Este hecho orienta sobre lo que hemos vivido en Europa. Hemos vivido la selva. Una selva, a diferencia de la selva China, amable en sus formas. Hemos aprendido a robar -en pandemia, una forma de matar-, sin matar formalmente.

 

CUIDADO CON HAMILTON, ESE MALAJE. En Europa han pasado tres cosas, no obstante, increíbles. La primera. Se ha congelado la austeridad. La palabra mágica, en esta frase, es la palabra "congelado". Todo lo congelado -un polo o, incluso, los Polos- tiende a descongelarse. El congelamiento es hasta 2024. Pero puede ser más. O, más probablemente, menos. Dependerá de Alemania. La UE se está confirmando como muchas cosas, pero una de ellas consiste en ser varios cordones que protegen la economía alemana. Sin una contestación o, incluso, visualización efectiva. En esta crisis/época ha quedado claro que la socialdemocracia europea no es un bloque. Puede ser, incluso, pro-austeridad. Puede ser, vamos, del otro bloque. La política de gasto practicada en la pandemia puede tener un abrupto final. Y un castigo: la deuda. La deuda es un instrumento de poder. Indicio dramático: en esta crisis en Grecia se ha privatizado lo que quedaba por privatizar. Actualmente Grecia es un Estado, sí, pero de ánimo. Y el laboratorio de la humanidad en la UE. La Troika, en fin, existe. A diferencia de la anterior crisis, se ha adaptado al público infantil. Es decir, no se deja ver. Pero es efectiva. Como el dios del Antiguo Testamento, ese skin.

 

EMISIÓN DE DEUDA NO EMITIDA. La segunda novedad europea en esta crisis es la posibilidad, sobre el papel, de emitir deuda conjunta. Que se está traduciendo en no emitirla y en una rareza: el BCE está comprando deuda de los Estados como un poseso. Es, por tanto, una forma barroca de compartir la deuda. Para los Estados del Sur eso se traduce en que su deuda no cae en manos especulativas, y en que pueden tener líquido, rapidito y a un interés despreciable. Pero -si el Hamilton USA era un psicópata, el europeo son dos- eso se prolongará hasta que Alemania mande parar. De hecho, ha mandado parar. Su TC ha declarado inconstitucional la práctica del BCE con pasta alemana. Alemania, que no cumple esa sentencia, la cumplirá, en tanto que en Alemania no se incumple ninguna ley -y en ello le va su chi- desde 1945. 

 

COBRO POR PROTECCIÓN. La otra novedad, espectacular, es el Recovery Fund. Algo sin precedentes desde el plan Marshall. Si bien no es un plan Marshall. Y aún puede serlo menos. Puede ser, incluso, insuficiente. La Comisión da pasta a los Estados. Una parte a no devolver, y otra en forma de deuda. Algunos pasarán de la deuda -un indicio de que saben que es un arma cargada de futuro-, en tanto el dinero, gracias al BCE, por ahora está barato. Sobre los fondos, debemos recordar no solo que son condicionales, sino que también debemos recordar lo que le ha pasado a Grecia este año, en el que ha sido condicionada a tutiplén. Vamos, que son emitidos desde una cultura, y no otra. Independientemente de su funcionalidad, o no, los fondos tendrán consecuencias. Principalmente, en dos cacharros: las pensiones y la sanidad. Todo apunta a ello. La UE pedirá, a cambio de los fondos, contrapartidas para reducir esas dos partidas de gastos, ya innecesarios en el modelo de Estado que se está perfilando. Y, en ese trance, crear riqueza, en el sector privado, nuestro amigo. 

 

SI NO QUERÍAS SOPA... Sobre la cultura desde la que se emiten las ayudas, dos indicios importantísimos, diría. A) La OMS, un ente vacilante en esta pandemia, es una construcción público-privada, como todo, que ha apostado ferozmente por las tres P -Public, Private, Partnership-. Ese parece ser el itinerario de la Sanidad Pública por el que apueste la UE. Y, de paso, por todo lo que construyan los Recovery Fund -educación, sostenibilidad, digitalización y transición verde serán los filones-. Y B): en esta pandemia, entre chorrocientosmil indicios, ha sucedido un hecho histórico sin precedentes. El agua ha empezado a cotizar en Wall Street. Y el Parlamento Europeo -en la UE a muchos sujetos se le ha hecho la boca agua, literalmente, con la ocurrencia USA-, a su vez, ha votado una revisión de la Directiva del Agua Potable. Hay un cambio de paradigma en el capitalismo. Lo quiere todo y lo quiere ahora. No es nuevo. Se ha intensificado respecto a la anterior crisis.  

 

ARREPENTÍOS, EL FIN SE ACERCA, ETC.  Es preocupante, en fin, el fin de la idea de lo común. El hecho de que, si bien el gasto sanitario ha aumentado -en Esp, se ha acercado al de 2010, lo que tiene guasa-, está condenado a decaer. Por necesidades del guion que escribe la época. Y es más preocupante cuando comprendemos que esta epidemia se debe, precisamente, a la crisis de la idea de lo común. La pandemia no es más que una crisis climática, ecológica. Es la creación de una época con otra temperatura y con menos animales. Una Edad de Oro para los virus. Todo apunta a ello, vendrán más. 

 

LA ÉPOCA. La época que se está dibujando es la intensificación de algo que se dibuja desde los 70. Es el neoliberalismo. Por ahora, sin contrapesos ni contrapartidas. El neoliberalismo ha creado la enfermedad. Su tratamiento social y económico. Y su solución. Las vacunas. Conviene recordar que las vacunas son sensacionales, un buen invento. Pero también conviene recordar cómo se han inventado. A través de las tres P. Creando con inversiones públicas un beneficio privado descomunal -en el neoliberalismo es necesario el Estado; por eso todo el mundo quiere tener uno-. Son unos objetos que han precisado, para nacer antes como negocio que como solución, cambios normativos -en la UE ha sido así-, y oscuridad, que es lo contrario a democracia. A modo de ejemplo: no sabemos nada del precio de las vacunas en la UE. Lo poco que sabemos es por una ministra belga bocazas, que colgó un tarifario en la Red, hace escasos días. Pudiendo ser un triunfo de la humanidad, como la carrera espacial, las vacunas han sido una competición entre Estados y sus empresas privadas vinculadas -el moderno nacionalismo-, como la carrera espacial. Y ese es el defecto de las vacunas. Si bien acabarán siendo efectivas hay dudas sobre su actual universalidad -no se ha experimentado con todos los grupos de riesgo; puede quedar excluido alguno en un primer momento-, así como su universalidad literal -¿todo el mundo podrá acceder a esos bienes tan privados como el agua?-. 

 

LAS ÉPOCAS SON DE QUIEN LAS TRABAJA. Conviene recordar aquí que no existen los unicornios. Pero sí nosotros. Nosotros también somos época. Tenemos la capacidad de modularla. De exigir, de presionar, de lograr. De convivir con la época sin que nos aplaste. De cambiarla. Feliz año a todos. Smuacs.

 

(*) Guillem Martínez. Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección.


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