TODOS LOS TÍTULOS DE ESTA EDICIÓN:

La celulosa de la discordia - Por Esteban Valenti

Ríos de tinta por un tratado que no existe ni se proyecta: Que siga el corso…- Por Carlos Santiago
Cómo me duele Chile
Bachelet hereda un país en crecimiento, pero con grandes desafíos sociales
Bachelet, la primera mujer en la presidencia - Por Gustavo González
Cuando todos daban por muerta a la concertación, Bachelet la reinventó: El resurgimiento del protagonismo ciudadano - Por Ana Verónica Peña
Uruguay sacudió a los socios mayores del bloque
Y voy por los rumbos clareao de mi antojo: La ley y la desobediencia de los pueblos - Por Jorge Majfud
Un castigo bíblico - Por Luis Bruschtein
Reentradas - Por Rodrigo Fresán
Cada parte obedece a un espacio y un tiempo de residencia: Migraciones y turismo, dos movimientos vinculados - Por Álvaro López Gallero
“Pensar es resistir” - Por Osvaldo Saidon
Cultura y política - Por Eduardo Pavlovsky
EEUU preocupado por fin de la era Sharon - Por Jim Lobe
Blair y el incivismo - Por José Antich
¿Inmigración razonable? - Por Manuel Castells
La muerte del guerrero de la paz - Por Mario Osava

 

 

 

 

 

 

La celulosa de la discordia

Por Esteban Valenti (*)


Detrás de acciones espectaculares, del cierre de puentes, de declaraciones y campañas de organizaciones sociales, estatales, provinciales y naturalmente de la amplia cobertura de prensa se acumulan problemas y definiciones mucho más complejas, que las ya complejas definiciones sobre las plantas de celulosa sobre el río Uruguay.

La urgencia y el impacto sobre el turismo, pero sobre todo sobre el humor de los uruguayos por el bloqueo de las rutas practicado en Gualeguaychú promueve una pregunta prepotente y urgente: ¿como se resuelve esta situación?

Primero hay que mirar lejos, imaginar y proyectar toda la situación en los próximos años y no mirar el problema de forma aislada. Las plantas de celulosa – como ningún otro tema – tiene directa relación con el proyecto de desarrollo nacional, con las relaciones con nuestros vecinos y con el mundo y con el propio funcionamiento y densidad democrática de nuestra sociedad.

La rispidez y la violencia, si la violencia – porque cortar una ruta e impedir el paso a viajeros y mercancías que vienen hacia nuestro país es un acto profundamente violento y agresivo – no debe producir reacciones primarias. Así se comenzaría a perder la batalla, que será larga y compleja. Hay que razonar, pensar muy bien y actuar con gran inteligencia. Y con generosidad nacional, no tratando de sacar migajas políticas menores. Esta es una típica batalla que la ganamos o la perdemos todos.

Esta es una gran oportunidad para mostrar la madurez, seriedad y grandeza en la política uruguaya, que sabe anteponer los intereses nacionales a cualquier otra consideración.

Es una oportunidad para demostrar nuevamente la madurez democrática del país, de sus instituciones y de su sociedad. Ni la agresión, ni la violencia de nuestros vecinos debe impedir ni afectar que haya una discusión serena, respetuosa y profunda dentro del país y hacia afuera. La proporción de 4 a 1 entre los ciudadanos que apoyan la instalación de las plantas y los que son contrarios no debe evitar o empobrecer el debate. Más importante que las propias plantas de celulosa, es la convivencia democrática entre los uruguayos. Esta es prueba importante.


¿Qué se define?
No estamos discutiendo sobre la instalación de dos o tres plantas de celulosa, ni defendiendo a dos o tres grandes empresas, estamos definiendo un modelo de desarrollo nacional, su relación con el medio ambiente, el uso integral del territorio y su impacto sobre la economía, la producción y mucho más importante sobre el conjunto de la sociedad.

La cadena de valor de la industria maderera, tanto en el sector de la producción de celulosa, como de madera sólida en sus diversas variantes y eventualmente de la producción de papel-cartón representará en los próximos 10 años el cambio más profundo que ha vivido el país a nivel productivo en el último siglo y determinará su futuro por muchos años.

Las inversiones y las planificaciones en el área forestal se hacen como mínimo a 25 años de plazo. El Uruguay ya comenzó ese proceso hace más de 15 años. Tenemos más de 700 mil hectáreas forestadas y si hay una adecuada planificación territorial que limite la ampliación a las tierras pobres y de aptitud forestal podremos situarnos en el entorno del millón de hectáreas forestadas. Eso representa aproximadamente el 6% del territorio nacional. No se puede hablar seriamente de “monocultivo”, sobre todo considerando que las técnicas modernas de forestación permiten combinarla con la ganadería. Más de 14 millones de hectáreas seguirán destinadas exclusivamente a la ganadería y la agricultura.

A partir de esta realidad, el país debe definir si quiere ser un exportador de materia prima básica (troncos y a lo sumo astillas – chips) o si participará del proceso industrial y agregará valor, trabajo y tecnología a la madera. La opción ha sido clara: comenzar a transitar por el largo proceso de industrialización. Uruguay ya produce hace mucho tiempo celulosa y papel en su planta de Juan Lacaze, pero ahora se trata de un nivel de industrialización acorde a la producción actual de materia prima, y a eso apuntan las plantas en construcción de Botnia y Ence y la que planifica StoraEnso sobre el río Negro. A ello se agregan los aserraderos y las plantas de madera sólida que ya están produciendo y las que se planifican a corto y mediano plazo.

En 10 años y a los ritmos que se está desarrollando el proceso, los productos madereros serán el principal rubro de exportación nacional, superando los derivados de la ganadería en su conjunto y sobrepasando ampliamente el nivel de ocupación que genera esta industria tradicional en el país. Esto plantea enormes desafíos para la logística, para la infraestructura, para la tecnología y su adaptación al país y también para la preservación del medio ambiente. Será un desarrollo especialmente descentralizado y localizado en el interior.

No habrá soluciones simples y fáciles al diferendo con Argentina, ni se arregla solamente con acuerdos “diplomáticos”. Los actores son muy diversos y no siempre coordinados y coordinables. No hay que confundir los movilizados de Gualeguaychú, con el gobernador Busti y su flagrantes contradicciones, ni con el gobierno nacional argentino. Por todo ello, mucha paciencia, firmeza y mirada estratégica. Tiempo al tiempo.

Como todos sabemos los gobiernos provinciales de las otras dos provincias de la Mesopotamia argentina, Corrientes y Misiones están plenamente dispuestas a la instalación de plantas de celulosa en su territorio. Es que en esa región hay 3 millones de hectáreas de suelos de aptitud forestal. También ellos deberán decidir si serán eternamente proveedores de materia prima.


¿Cuáles son los riesgos?
¿Se corren riesgos ambientales? Absolutamente si. Todo emprendimiento industrial y sobre todo cuando se trata de cadenas productivas tan grandes y complejas implican riesgos para el medio ambiente, uno de los bienes más importantes y delicados de un país. Cuando afirmamos que el capital principal de una nación es su gente ( eso lo dicen y repiten todos los políticos en todas las latitudes) deberíamos agregar : su gente en su entorno.

Los uruguayos le damos mucha importancia al medio ambiente. Lo aprendimos tarde y a los tropezones, pero en definitiva partimos de una situación bastante aceptable. Y esta situación la vendemos al mundo. Toda nuestra promoción turística y buena parte de nuestras exportaciones (de carne, por ejemplo) se basa en “Uruguay Natural”. Así que no estamos hablando de un valor etéreo, hablamos de plata, de desarrollo, de intereses.

¿Sería mejor para el medio ambiente que no hubiera plantas de celulosa ni forestación intensiva? Naturalmente que si, como sería mejor que no existiera la planta de refinación de petróleo de La Teja, ni la boya petrolera, ni tantos vehículos que utilizan gas oil o plantas de cemento y muchos ejemplos más. El desarrollo industrial en todos los casos implica tensión y agresión al medio ambiente. El problema son los equilibrios. Y de eso se trata, de mantener los equilibrios utilizando las tecnologías adecuadas.

No es cierto que las comunidades primitivas y que viven de una economía básica y silvestre son protectoras del medio ambiente. Eso es anti histórico y lo que es más grave no es cierto. La cultura de la protección del ambiente es eso, un desarrollo cultural y civilizatorio. Y es muy importante que el país defienda y promueva esa cultura y esa sensibilidad.

Los equilibrios se rompen de muchas maneras. Los que talan bosques nativos para hacer leña de monte que todos utilizamos alegremente para hacer nuestros asaditos, están agrediendo ferozmente un bien que muy difícilmente recuperaremos. La explosión de la población de lobos marinos en la isla frente a Punta del Este está rompiendo el equilibrio con la riqueza pesquera de la zona, y así podríamos seguir con muchos ejemplos.

En el caso de las plantas de celulosa el equilibrio está en la tecnología a utilizar. Hay miles de plantas de celulosa en todo el planeta. Por ejemplo en Brasil funciona Veracel de similares características y dimensiones que las nuestras está situada en el estado de Bahía (Brasil) a menos de cincuenta kilómetros de varios balnearios o la planta Stendal situada a 100 km al oeste de Berlín, Alemania, para citar sólo algunos de los cientos de ejemplos. En Argentina funcionan 20 plantas papeleras y de celulosa con tecnologías mucho más antiguas que las nuestras. Pero lo curioso e interesante es que tres de las principales plantas de celulosa argentinas están en la frontera con Paraguay. ¿Le pidieron permiso, consultaron a sus poblaciones y a sus autoridades?

Los estudios de impacto ambiental de las dos plantas sobre el río Uruguay fueron realizados en una primera etapa por 40 técnicos uruguayos en su inmensa mayoría profesores e investigadores reconocidos y de alto nivel de la Universidad de la República y 26 técnicos extranjeros de 8 nacionalidades diferentes y controlados y verificados posteriormente por la Dirección Nacional de Medio Ambiente con sus propios técnicos. Como eso no fue suficiente para las autoridades argentinas – provinciales y nacionales – le solicitaron el Banco Mundial un pronunciamiento independiente. La Corporación Financiera Internacional (IFC en sus siglas en inglés), del sector privado del Grupo del Banco Mundial realizó el estudio con técnicos de diversos países. En todos estos casos - sin exclusión - se afirma que las dos plantas no ponen en peligro al medio ambiente ni por sus emisiones al aire, ni por sus descargas en el río, ni por sus residuos sólidos. (*Nota1) Toda esta información ha sido puesta a disposición de la Comisión bi-nacional establecida para estudiar el tema.

Del otro lado, de los que se oponen al proyecto hay sólo especulaciones y suposiciones y ni un solo estudio, ni un solo informe técnico. Se reclama suspender la construcción de las obras para iniciar un estudio “independiente”. El informe del Banco Mundial, requerido y reclamado por Argentina no les fue favorable y por lo tanto es descalificado y podemos estar seguros que lo que se busca es simple y llanamente frenar todo, a como de lugar sin ninguna base técnica seria.

La última gran “genialidad” es reclamar una prenda: desplazar hacia el sur la instalación de las plantas cuyas obras están en pleno avance. Si las plantas contaminan, contaminarían allí donde están situadas o más al sur. El asunto es joder.


Controles y dignidad
En el presupuesto recién aprobado por el parlamento nacional se aumentaron en 80% los recursos para la Dirección Nacional de Medio Ambiente para reforzar la contratación de técnicos que controlarán todos los procesos productivos de esas y otras plantas industriales. Pero en especial las plantas de celulosa. Los principales interesados en defender el medio ambiente no son los habitantes de Gualeguaychú - que están a 52 kilómetros de la planta más cercana - los más interesados y vigilantes somos y seremos los uruguayos.

Y no sólo ni principalmente por el turismo – que nos importa – sino sobre todo porque somos nosotros, son nuestros hijos y serán nuestros descendientes los que vivimos y viviremos en Uruguay. Vaya esto también para algunos diplomáticos charlatanes argentinos que se permitieron agresiones injustas y atrevidas. Y aquí entramos en otro aspecto: la dignidad.

Nos interesan mucho las fuentes de trabajo – vaya si nos interesa -, nos importa el desarrollo y la generación de riqueza, queremos participar de los procesos productivos y tecnológicos, nos interesan las inversiones, pero hay algo que es mucho más importante, que tiene un valor muy superior: es la dignidad.

Cuando un país pierde la dignidad no es nada. Somos chicos, no somos de un nacionalismo fanático ni mucho menos, es posible que seamos un poco depresivos pero hemos sobrevivido a muchos vendavales de la historia porque tenemos dignidad.

Y sólo quien no nos conoce puede creer que nos impondrá por la fuerza y la violencia su voluntad y su opinión. No hay piquete, ni corte de ruta que nos obligue a los uruguayos a entregar nuestra dignidad. Y a esta altura la decisión soberana de elegir nuestro modelo de desarrollo, que no afecta en absoluto los intereses de los argentinos ni los entrerrianos, es eso: dignidad. Lo demás son prejuicios.

Claro que aún en medio de las broncas y las tensiones hay que hacerse una pregunta ¿Porque en Gualeguaychú desconfían de todo, de los informes técnicos uruguayos, privados, públicos e internacionales? Muy simple, porque han vivido y convivido con una estructura de poder donde demasiadas cosas tienen precio, y creen que todo funciona así.

Lo lamentamos, nos duele porque respetamos profundamente sus sensibilidades y sus preocupaciones, pero aquí los estudios de impacto ambiental no se compran, porque los universitarios y los técnicos no se venden, los controles del Estado tampoco se compran porque los profesionales y los gobernantes no se venden y así podríamos seguir.

Tampoco nos venderemos – de eso pueden estar seguros – si en el futuro y con las plantas funcionando hubiera algún riesgo ambiental, y eso lo saben sobre todo las empresas que se están instalando y saben que, seríamos los primeros en cerrar las plantas. Y nadie en su sano juicio arriesga 1800 millones de dólares de inversión para que las plantas funcionen algunos meses o años. Este tipo de plantas tienen una duración estimada en 40 años. Los que si están seguros de que las plantas no tendrán problemas con el medio ambiente son los inversores, porque arriesgan mucha plata.

Y no hay violencia ni atropello que nos haga cambiar de opinión sobre nuestra hermandad y nuestro respeto por el pueblo argentino, por sus mejores tradiciones y por la fraternidad que nos une.

"Milonga para que el tiempo/ vaya borrando fronteras;/ por algo tienen los mismos/ colores las dos banderas". Escribió Jorge Luis Borges. Tenemos mucho más que los mismos colores que nos unen y seguiremos trabajando por esa unidad.

 

NOTAS

 

(*1) La Corporación Financiera Internacional (IFC en sus siglas en inglés), del sector privado del Grupo del Banco Mundial, realizó un estudio de impacto acumulativo por parte de las dos plantas de celulosa sobre el río Uruguay. Este estudio fue gestionado y solicitado por Argentina. Estas son sus principales conclusiones:

“Cada una de las compañías pulpa ha preparado Evaluaciones de Impacto Ambiental completos de sus proyectos, de acuerdo con requisitos Uruguayos y del Grupo del Banco Mundial. Oy-Metsa Botnia analizó los impactos acumulativos en su evaluación de impacto ambiental. Sin embargo, el Grupo del Banco Mundial exigió un estudio adicional sobre el impacto acumulativo de las dos plantas.

El estudio de impacto acumulativo aborda más de 30 cuestiones, que van de temas sociales y económicos, como los efectos sobre el tráfico, la provisión de trabajo y el turismo en la región, a temas como la calidad del aire, la calidad del agua y la biodiversidad. Entre los temas destacados por el estudio están:

Calidad del aire. En raras ocasiones, durante la preparación inicial de las plantas, que dura entre tres y cuatro meses, podrían detectarse gases olorosos hasta una distancia de 5 a 10 kilómetros de las plantas, dependiendo de las condiciones del viento. Los vientos que predominan en la región son del norte al noreste. Durante la operación rutinaria de los molinos, las emisiones olorosas podrían detectarse ocasionalmente a una distancia de entre 1 y 2 kilómetros de los molinos durante períodos de menos de 1 hora. Las emisiones de aire de las plantas, sea para materia particulada, óxidos de nitrógeno o dióxido de azufre, cumplirán con las normas del Grupo del Banco Mundial.

Calidad del agua. Un modelado detallado por computadora de descargas de agua de desecho tratada de las plantas demuestra que las descargas al río Uruguay no serán detectables a una corta distancia de las plantas y no afectarán la vida acuática o el uso recreativo del río.

Turismo. Ambos molinos serán construidos usando la mejor tecnología de control de contaminación disponible, y las plantas cumplirán con las normas del Grupo del Banco Mundial y de la Unión Europea. Por lo tanto, los impactos del aire y del agua sobre el turismo serán limitados. El impacto visual de los molinos en áreas turísticas será bajo.

Trabajo. Los requisitos de trabajo combinado de las dos plantas durante la construcción podrían alcanzar un pico de más de 7.000 obreros, produciendo un influjo de trabajadores, la mayoría de los cuales serán más jóvenes y varones, a la región de Fray Bentos. Esta demanda de trabajo aumentará el empleo, principalmente en Uruguay, pero también incrementará la demanda de viviendas y servicios públicos, como salud, seguridad pública, educación y transporte.

Tráfico. Los dos caminos que conducen a las plantas tendrán un aumento marcado de los niveles de tráfico, que podría alcanzar los 580 camiones diarios.

Plantaciones forestales. Se espera que el desarrollo de los dos molinos de pulpa produzca el plantado adicional de 65.000 hectáreas de eucaliptos en el oeste de Uruguay. La existencia actual de plantación forestal en la región occidental uruguaya es de 172.000 hectáreas.”


 

(*) Periodista, coordinador de Bitácora. Uruguay

 

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Ríos de tinta por un tratado que no existe ni se proyecta
Que siga el corso…

Por Carlos Santiago (*)


Las particularidades de nuestra sociedad y, por consiguiente en ella de la superestructura política, son más que sorprendentes. Por supuesto que el sayo también nos los debemos colocar los periodistas que no estamos exentos de culpas para manejarnos dentro de una realidad rocambolesca, con absurdos e insólitas caracterizaciones más imaginarias que reales que, parece mentira, nos hacen vivir en un país que – si no tuviéramos los problemas de la gravedad que sufrimos – abría que tomarlo como una fantasía.


Resumamos algunos puntos de los últimos días, como por ejemplo la gigantesca polémica que envolvió al gobierno, a sus más importantes ministros, a los sectores de la izquierda y a muchos políticos sobre un presunto tratado de libre comercio con EEUU, el que no existe, no se está discutiendo, ni siquiera está en carpeta para una próxima consideración.

Por supuesto, un ministro – el de Economía – abriga la esperanza que el mercado más importante del mundo se abra a nuestra producción, lo que determinaría -¿quizás si o quizás no? – una etapa de progreso sostenido que determinaría que – piensa Astori – el fatídico 12% en que se encuentra clavado el porcentaje del desempleo, se abatiera
Pero, ¿hay algo al respecto? El pasado lunes en el Consejo de Ministros que se reunió en la residencia de Suárez y Reyes, de alguna manera, el presidente Vázquez aventó el malestar que se había planteado luego de que se hicieran públicas lo que no eran más que expresiones de deseos impulsadas, eso si (¿o posiblemente?), por los propios EEUU que, al parecer, están buscando en el continente oídos abiertos a propuestas en ese sentido. Pero que hasta ahora no son más que susurros interesados es algo más que evidente.

Sin embargo el presidente Vázquez, alentó a todos sus ministros a analizar sin prejuicios las ventajas de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, porque a su juicio no hay posibilidades de que eso se logre mediante un tratado del tipo "cuatro más uno" con todo el MERCOSUR.

De todas maneras, Vázquez advirtió que para eso deberán obtener un apoyo de “toda la fuerza política de izquierda que gobierna el país, el Frente Amplio, y también de los socios del bloque regional” En este encuentro, instruyó a sus ministros a que no se demoren los contactos con la administración de George W. Bush en la reactivación de una comisión bilateral, para discutir la apertura del comercio entre ambos países. ¿Está claro?, entonces.

No vale la pena juzgar la oportunidad de las anteriores declaraciones de algunos ministros que agitaron las aguas, manejando sábanas que ni siquiera llegan a fantasmas pero, eso si, que igualmente afectaron a la ultra sensibilizada izquierda.

Chile tiene su tratado de libre comercio con el país del norte y el pasado domingo triunfó en elecciones libérrimas Michelle Bachelet, una socialista con credenciales suficientes para que nadie la tilde de pro yanqui, pro imperialista, o le endilgue algún otro mote por el estilo. Deja la presidencia Ricardo Lagos, otro socialista – un lujo de primer mandatario, democrático y justo- que encaminó su trabajo a intentar limar las aristas más agudas del modelo chileno que excluye del progreso económico que muestra el éxito en la macroeconomía, a un porcentaje importante de la población.

La economía chilena en términos generales es altamente exitosa. El crecimiento en el 2005 superó el 6%, sin embargo la miseria está consolidada en algunos sectores que siguen marginados de ese progreso constante. Es una deficiencia del modelo que Lagos conoce muy bien y que Bachelet ha prometido tratar de revertir, con 30 medidas, porque no existe democracia sin justicia social.

Muchos uruguayos admiran el modelo trasandino, se identifican desde la izquierda, el centro y la derecha con ese camino que, entre otras cosas, ha rubricado un acuerdo de libre comercio con EEUU, que favorece su comercio de manera indiscutible. Por supuesto que Chile – por algo lo ha hecho – se negó a ser miembro pleno del MERCOSUR, lo que le hubiera impedido las negociaciones con terceros países, como por ejemplo – ello está bien claro – se lo impide a Uruguay, además a Argentina, Brasil, Paraguay y ahora también a Venezuela. Los integrantes del MERCOSUR solo pueden llegar a firmar un tratado de libre comercio con un tercer país si lo hacen en conjunto con sus socios regionales, lo que significa – dadas las condiciones del acuerdo – una larguísima y, decimos nosotros, posiblemente infructuosa negociación, de pronóstico desconocido y de culminación positiva improbable.

Por ello, cuando esa es la realidad, es que nos parece insólita que en nuestro país, el elenco gobernante, los sectores políticos, la prensa, los militantes de base de la izquierda y voceros que aplauden los éxitos de la macroeconomía, gasten horas y horas planteándose contradicciones a favor y en contra de las palabras de Astori, de Gargano, suponiendo que los lineamiento del Presidente de la República son tales o cuales.

Todo ello, cuando lo objetivo es que no han nada de nada, quizás, solo un murmullo de un funcionario del Departamento de Estado en un oído bien dispuesto de algún colega uruguayo, lo que tampoco significa nada, porque existe en los gobierno todo un mecanismo para las decisiones, una metodología para adoptar las políticas comerciales, un análisis de los pro y contras. Si una frase o dos dichas por un ministro a un periodista de un semanario alcanzan para determinar una hecatombe nacional, provocan la enemistad objetiva de ministros y una polémica pública, estamos mal. Se muestra que carecemos de la adecuada ponderación y la madurez, tan necesaria en la política, brilla por su ausencia.

Y el acabose político culmina – como realmente ocurrió – en una especie de apaciguamiento, por lo cual – se dice – que el presidente, debió recurrir a compresas y paños fríos, haciendo exhortaciones y prodigando consejos de buenos modales a sus secretarios de Estado.

¡Muy fuerte!, casi un absurdo. Que se haya gastado tanta saliva, litros tinta, horas de micrófono y cámara, periodistas, energía, para la consideración de un tema que no existe, porque tratado no hay, ni se está proyectando, ni existe intención del gobierno de romper con el MERCOSUR para lanzarse solo a una aventura de estas características. Ahora aparece solo una indicación del presidente de la República para que se analice, “sin prejuicios” la conveniencia de un acuerdo de libre comercio, teniendo en claro que existen dificultades difíciles de vencer.

Lo anterior, el acuerdo ya casi terminado que han anunciado algunos, sería un hecho tan desubicado como la impertinente calificación que un subsecretario les prodigó a los activistas de FUCVAM, o la resolución del INAU, que le prohibió a una modelo – de 14 años – a actuar en un desfile de modas en Punta del Este. Algunos se preguntan si hará lo mismo con todos los niños que son utilizados en las comparsas del carnaval.
Mientras tanto, que siga el corso.

 

(*) Periodista.. Secretario de Redacción de Bitácora.

 

 

 

 

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Como me duele Chile

Chile -que bajo los gobiernos de la Concertación tuvo un crecimiento económico promedio del 5,8 por ciento en la última década- presenta uno de los peores índices de distribución del ingreso del mundo. El 10 por ciento más rico gana quince veces más que el 10 por ciento más pobre. Las grandes ciudades exhiben prosperidad económica en determinados niveles, pero esa bonanza no ha llegado a la mayoría de sus habitantes.

El ingreso per cápita chileno es alto: seis mil dólares. Sin embargo, la desigualdad distributiva es tremenda. Muchísimo para muy pocos y muy poco, casi nada, para la mayor parte de la población. El dólar está a 520 pesos y el salario mínimo es de mil pesos; es decir, menos de dos dólares. La mitad de lo que cuesta un kilo de cobre.

Cuarenta por ciento de las grandes reservas mundiales de este metal se encuentran en territorio chileno. El país produce cerca de cinco millones de toneladas anuales, equivalentes a 36 por ciento de la producción mundial. Su explotación, manufactura y exportación representan casi 20 por ciento de su producto bruto, pero sólo una tercera parte genera royalties. Una parte va a las fuerzas armadas y otra parte ingresa a las arcas fiscales del Estado.

El resto de los dos tercios no tributa y se lo llevan empresas extranjeras, dueñas de las minas gracias a la dictadura pinochetista.

 

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Bachelet hereda un país en crecimiento, pero con grandes desafíos sociales


En materia económica, Bachelet asumirá en marzo con la recuperación consolidada y expectativas de crecimiento del 6%. Su amenaza es el precio del dólar, que preocupa al sector exportador. El gobierno de Lagos le entregará grandes avances e inversiones en infraestructura vial y transporte, y un presupuesto aprobado con US$ 300 millones de libre disposición para la nueva administración. La agenda pendiente está en materia de igualdad, vivienda, empleo, calidad de la educación y salud. Un resumen de la situación:

Crecimiento económico. La economía cierra 2005 con una expansión en torno al 6%, con un PIB sobre US$ 110 mil millones y un PIB per cápita sobre US$ 7 mil.

Desempleo. La desocupación promedio para 2005 se habría situado en 8,1%, la menor desde 1998.

Tasa de interés. En septiembre del 2004 el Banco Central comenzó a subir la tasa de interés, tras un mínimo histórico de 1,75% nominal. En su última reunión del 12 de enero, la mantuvo en 4,5%.

Dólar. El dólar anotó una fuerte caída en 2005 y cerró en $ 512,30. La baja de la moneda -que en septiembre de 2002 marcó un peak de $ 751- ha motivado reclamos hacia el Central para que intervenga.

Precio del cobre. El cobre alcanzó en 2005 su precio récord: 167 centavos de dólar la libra promedio. Según Cochilco, en 2006 el promedio anual será igual o superior.

Situación fiscal. Por el alto precio del cobre y el mayor crecimiento, el 2005 el superávit fiscal fue de 4,5% del PIB, el porcentaje más alto desde 1989 (4,6%). En el Presupuesto 2006, Hacienda dejó US$ 300 millones de libre disposición para el próximo gobierno.

Inflación. Una variación de 3,7% registró el Indice de Precios al Consumidor en 2005, el nivel más alto desde 2000, por el alto precio del petróleo y alimentos perecibles.

Comercio exterior. Con un arancel efectivo de 1,7% cuando rija el TLC con China, Chile está entre las economías más abiertas del mundo y suma acuerdos comerciales con Estados Unidos, Unión Europea, China y Corea. En 2005 las exportaciones sumaron un récord de US$ 39.536 millones.

Nivel de inversión. Ya en el tercer trimestre del 2005 la tasa de inversión llegó al 29,7% del PIB, el nivel histórico más alto del país.

Población. El país suma 16,3 millones de habitantes y creció durante los cinco últimos años a un promedio de 1,1% (casi 11 personas por cada mil habitantes). Según el INE, el ritmo será más lento en los próximos años. La esperanza de vida de los chilenos es de 77,9 años.

Salario mínimo. El salario mínimo es de $127.500. La pensión asistencial por vejez e invalidez para menores de 70 años suma $ 44.818.

Pobreza. El porcentaje de la población que vive bajo la línea de la pobreza es de 18,8%, y en indigencia, el 4,7% (Casen 2003).

Desigualdad. Si bien la pobreza ha disminuido, según el PNUD, de todos los países con alto desarrollo humano Chile presenta la peor equidad: el 20% más rico del país percibe el 62,2% de los ingresos, y el 20% más pobre sólo el 3,3%.

Salud. Uno de los factores que puede poner en riesgo la continuidad del plan Auge es la falta de médicos especialistas en la salud pública. De los 24 mil médicos, sólo un tercio trabaja en los hospitales y atiende a 11 millones de chilenos.

Educación. En Chile se matricularon este año cerca de 600 mil estudiantes en la educación superior. Siete de cada 10 alumnos son los primeros en recibir formación superior en su familia.

Emprendimiento. Una de las trabas a los emprendedores es que se requieren 9 trámites y 27 días para iniciar un negocio. Según LyD, hay 51 países en el mundo que exigen menos trámites.

Vivienda. Si bien en el 2005 se estima la entrega de cerca de 80 mil viviendas sociales, sigue habiendo un alto déficit habitacional, que asciende a las 543 mil viviendas.

Transporte. El Metro de Santiago tiene una extensión de 75 km y transportó 240 millones de pasajeros en 2005. A los 16.786 km de carreteras pavimentadas en el 2004 se le agregaron durante 2005 la Costanera Norte, la Autopista Central y Vespucio Express.

Delincuencia. Un 37,9% de los hogares tuvo algún miembro de la familia que declaró haber sido víctima de robo o intento de robo en los últimos seis meses, según una encuesta de Paz Ciudadana.

Contaminación atmosférica. En 2005 se registraron dos preemergencias ambientales, cantidad por debajo de las 35 que hubo en 1997.

Telecomunicaciones. Hay más de 11 millones abonados a la telefonía móvil y cerca del 36% de los chilenos está conectado a internet, según la consultora WIP. Casi la mitad de los hogares de Santiago tiene un computador.

Consumo. Los chilenos lideran el consumo en América Latina. Según un estudio de Latin Panel, en Santiago la penetración de tarjetas de crédito alcanza el 64%; el promedio de la región es de 43%.

Igualdad de género. Según el World Economic Forum y un indicador que mide equidad/inequidad entre hombres y mujeres en participación en la economía, poder político y logros educacionales y salud, Chile se ubica en el lugar 48 entre 58 países. A nivel regional, está por debajo de la media: la penetración de trabajo femenino alcanza el 32%, mientras el promedio latinoamericano es de 42%.

 

 

 

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Bachelet, la primera mujer en la presidencia

Por Gustavo González (*)


Michelle Bachelet, una médica socialista, ex prisionera política y exiliada, se convirtió este domingo en la primera presidenta de Chile con una contundente victoria en la segunda vuelta electoral sobre el candidato de la derecha, el multimillonario Sebastián Piñera.


El segundo cómputo entregado a las 22:30 hora GMT por el viceministro del Interior, Jorge Correa, representativo de 97,52 por ciento del total de votantes, otorgó a la candidata de la gobernante coalición de centroizquierda 53,51 por ciento de los votos, contra 46,48 por ciento del abanderado de la oposición derechista.

Bachelet, pediatra y especialista en salud pública, además de experta en temas de Defensa, ganó a su rival en 12 de las 13 regiones de Chile, con un apoyo también sustantivo del electorado femenino, que representa más de 52 por ciento del universo de 8,2 millones de votantes.

En un breve discurso, pronunciado minutos antes de que Correa diera a conocer el segundo cómputo, Piñera admitió su derrota, felicitó a su rival y le deseó lo mejor para ella y para Chile.

Quince minutos después de que las cifras del segundo escrutinio ratificaran el triunfo de Bachelet, el presidente Ricardo Lagos se comunicó telefónicamente con ella para felicitarla. "Vas a ser una gran presidenta. Chile va a tener (desde el 11 de marzo) un gran gobierno con una gran mujer", agregó.

Junto con agradecer el saludo, la candidata vencedora le señaló a Lagos que "la gente valora lo que hemos hecho en estos años como concentración", aludiendo a la Concertación por la Democracia, la coalición centroizquierdista que gobierna Chile desde el fin de la dictadura del general Augusto Pinochet, el 11 de marzo de 1990.

Este conglomerado, que completa así cuatro mandatos presidenciales consecutivos, está formado por el Partido Socialista, al que pertenece Bachelet, la Democracia Cristiana, el Partido Por la Democracia y el Partido Radical Socialdemócrata.

El primer encuentro entre Lagos y la presidenta electa tendrá lugar este lunes a las 12:00 hora GMT en un desayuno al cual Bachelet invitó al mandatario saliente en compañía de su esposa, Luisa Durán.

Terminado el diálogo telefónico, Lagos emitió un mensaje al país, en el cual comenzó señalando que las elecciones de este domingo fueron "una fiesta de la democracia" y felicitó a Bachelet como protagonista de un hecho histórico, al ser la primera mujer en llegar a la presidencia en casi 200 años de historia republicana de Chile.

Bachelet es también la primera mujer que en América del Sur alcanza la presidencia a través de las urnas, una condición lograda antes en América Central por Violeta Chamorro en Nicaragua y por Mireya Moscoso en Panamá.

"Siento un profundo orgullo de presidir un país que a tres horas y media de terminado un acto electoral es capaz de entregar sus resultados al mundo", dijo Lagos, agregando que Chile es hoy "un país más libre, más democrático, más justo, más próspero y más moderno".

La dirigente socialista, ungida este domingo como presidenta en las urnas, encarna un "testimonio de entrega a Chile aún en los momentos más duros que templaron su carácter sin dejar rastro alguno de venganza", dijo, Lagos, aludiendo a que Bachelet fue prisionera política de la dictadura de Pinochet en enero de 1975 junto a su madre.

En 1974, el general Alberto Bachelet, padre de la hoy mandataria electa, un general de la Fuerza Aérea leal al gobierno constitucional de Salvador Allende que había asumido en 1970, falleció en prisión de un paro cardíaco provocado por las torturas a que lo sometieron sus propios compañeros de arma tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

Con un ex dictador Pinochet como personaje odiado y olvidado de la historia reciente de este país, miles de partidarios de Bachelet se lanzaron a las calles en Santiago y las principales ciudades de esta nación sudamericana de 15,6 millones de habitantes para celebrar el triunfo de esta médica pediatra de 54 años de edad.

"Chilenas y chilenos han decidido que la Concertación por la Democracia siga conduciendo Chile hasta el bicentenario", señaló Lagos, en alusión a la fecha del 18 de septiembre del año 2010, en que se cumplirán dos siglos de la proclamación de la independencia de España.

"La Concertación por la Democracia está hoy más vigente que nunca", dijo el presidente Lagos, quien rubricó su discurso señalando que "será un gran honor entregar la banda presidencial el 11 de marzo a una mujer chilena como Michelle Bachelet".

Piñera, quien fundamentó gran parte de sus consignas de campaña en la necesidad de producir una alternancia en el poder, llegó tras el discurso de Lagos hasta el céntrico hotel en que se instaló el comando de campaña de Bachelet, en compañía de su esposa, Cecilia Morel, para felicitar a la candidata triunfante.

Bachelet y Piñera se clasificaron para el llamado balotaje de este domingo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, donde la hoy presidenta electa obtuvo la más alta votación en torno a 46 por ciento, pero que no le alcanzó para acceder a la presidencia al no obtener la mayoría absoluta requerida.

Piñera, un multimillonario economista y empresario de 56 años y líder del Partido Renovación Nacional, obtuvo en esa oportunidad más de 25 por ciento de los votos, superando al otro candidato de la derecha, Joaquín Lavín, de la conservadora Unión Demócrata Independiente, que llegó a 23 por ciento.

El abanderado derechista no logró en esta segunda vuelta comicial la captura del total de los votos de Lavín, en tanto Bachelet se vio favorecida por el apoyo del Partido Comunista, que en la primera vuelta tuvo como candidato presidencial a Tomás Hirsch, de su aliado Partido Humanista, quien alcanzó menos de seis por ciento de la votación.

Las elecciones se desarrollaron este domingo en general en un clima de tranquilidad, alterado por los ataques a pedradas e insultos que recibió el senador electo Pablo Longueira, de la Unión Demócrata Independiente, cuando concurrió a votar en el empobrecido municipio de La Pintana, en el sector sur de Santiago.

En la primera vuelta se produjeron también incidentes cuando votó Longueira, cuya presencia fue repudiada por los habitantes de La Pintana a gritos de "asesino", aludiendo a la identificación de este parlamentario con el ex dictador Pinochet.

En esta oportunidad, la repulsa fue más intensa y Longueira tuvo que ser evacuado del lugar con protección de efectivos del Cuerpo de Carabineros (policía militarizada), en medio de una lluvia de piedras que dejaron herido a un agente. (FIN/2006)

 

(*) Periodista de IPS.

 

 

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Cuando todos daban por muerta a la concertación, Bachelet la reinventó
El resurgimiento del protagonismo ciudadano

Por Ana Verónica Peña (*)

El gran mérito de Bachelet -que es ahora su mayor desafío- fue bosquejar en el imaginario colectivo una nueva coalición progresista, eficiente, transparente y renovada. Bachelet no resucitó a la Concertación, la reinventó y reencantó a su electorado.

El espectacular triunfo de Michelle Bachelet es único no sólo porque es la primera mujer que asume la Primera Magistratura del país, sino también porque consolida un cambio cultural imprescindible para el ingreso definitivo de Chile a la modernidad.

Su holgado resultado en las urnas (más de 500 mil votos de diferencia) evidenció un profundo cambio en el comportamiento histórico de los chilenos: por primera vez los hombres votaron por una mujer por amplia mayoría. Pero lo más trascendente, por primera vez en la historia, también, las mujeres le dieron amplia preferencia a una figura progresista. Y para ser la primera vez fueron bastante osadas.
Lo hicieron nada menos que por una integrante de lo que fue el ala más izquierdista del partido de Salvador Allende y de Ricardo Lagos. Y, como si no bastara para romper esquemas, mujer, separada, agnóstica y madre de hijos de distinto padre. En pocas palabras, una figura lo más alejada de lo que hasta ahora se consideraba “políticamente correcto”.

Por eso, y por otros factores de contexto histórico y político, a Bachelet no se le dieron fáciles las cosas.

Hace exactamente seis años, el 16 de enero de 2000, un eufórico Pablo Longueira declaraba al país que los chilenos habían elegido dos presidentes de la República en un mismo acto electoral: a Ricardo Lagos para el período 2000-2006 y luego a Joaquín Lavín hasta el bicentenario. Lejos de reconocer la derrota, el entonces presidente de la UDI habló del “empate técnico”, de lo fácil que sería remontar los 187 mil y pico de votos de diferencia que le sacó Lagos al hombre de sus filas en la segunda vuelta. Longueira quiso congelar el tiempo y, con la vista fija en el horizonte, creyó que bastaba con que Lavín se sentara a esperar en la Municipalidad de Santiago para llegar a La Moneda.

Siendo objetivos, había razones para estar optimistas en la derecha. El triunfo de Ricardo Lagos fue un parto inducido: el país no esperaba una segunda vuelta, y menos que el primer socialista en ingresar con máximos honores a la sede del Ejecutivo después de Salvador Allende le sacara sólo 30 mil votos de ventaja a un ex funcionario de la dictadura. Fue un duro golpe para los partidos de la coalición surgida al fragor de la oposición de la dictadura. ¿Las bases los estaban abandonando?

Longueira, su partido y la derecha toda no eran los únicos que llegaron a la conclusión de que la tendencia era irreversible. En la Concertación, el analista político socialista Antonio Cortés-Terzi instaló el concepto de la “ceremonia del adiós” que sonó como una sentencia a muerte inapelable para el conglomerado gobernante. Mientras Lagos abría las puertas de La Moneda y comparaba el palacio presidencial con la casa de vidrio que tanto escándalo causó en el centro capitalino, varios cónclaves oficialistas se programaron en el papel sin llegar a concretarse. El horno no estaba para bollos: las acusaciones cruzaban de uno a otro lado de los bloques y almas de la Concertación para tratar de explicar lo inevitable: la coalición estaba desgastada y agotada.

De ahí que el gran mérito de Bachelet -que es ahora su mayor desafío- fuera instalar en el imaginario colectivo el bosquejo de una nueva coalición progresista, eficiente, transparente, renovada, con un nuevo estilo, que asumirá las tareas de otra manera. Bachelet no resucitó a la Concertación, la reinventó y reencantó a su electorado. Si ya el cierre de su campaña el jueves pasado olía a una mística ciudadana prácticamente olvidada al fondo de un baúl bajo llave, las celebraciones de anoche no dejaron duda alguna de que los chilenos queremos recuperar nuestra ciudadanía.

Bachelet no ganó por casualidad ni porque se alinearan sus astros. Su triunfo, mucho más allá de un fenómeno mediático -como lo quiso presentar la derecha-, responde a un largo y profundo proceso de cambio que comenzó el mismo día en que Ricardo Lagos sorpresivamente pasó a segunda vuelta, en diciembre de 1999 y, en un gesto de contrición, dijo que había escuchado la voz de la gente. Fue entonces que le pidió a Soledad Alvear que fuera su generalísima en la segunda vuelta, dando la partida a una etapa de protagonismo femenino que se coronará el próximo 11 de marzo cuando a Bachelet le coloquen la banda presidencial. Y, en ese proceso, hay varios personajes y hechos clave.


LAS MUJERES ARRIBA
Después del cosismo y populismo impuesto por Lavín en las elecciones de 1999, parecía que no faltaba ningún tipo de liderazgo por inventar o por descubrir. Hasta que Michelle Bachelet apareció en escena. Desde su prehistoria hasta la última línea escrita esta madrugada, su candidatura rompió esquemas, mitos y verdades hasta entonces absolutas. Primero, fue su popularidad que demostró en las encuestas la que la instaló como la candidata inamovible del bloque progresista.

Con ello, se rompió la vieja práctica de que los presidentes de partido y otros notables se encargaran de negociar y ungir a los elegidos entre cuatro paredes. Es cierto, hubo primarias para Frei y Lagos, cerradas primero y abiertas después. Pero cuando llegó el momento de elegir al cuarto abanderado del oficialismo, la tentación de volver a la práctica de discutir a espaldas de la ciudadanía y con calculadora en la mano fue casi irresistible para la cúpulas.

Michelle fue impuesta por las encuestas en el PS. Su popularidad no tenía comparación. En tanto, en la DC, fueron los ciudadanos los que encuesta tras encuesta y luego las bases, voto tras voto, instalaron a una segunda mujer en la carrera por el sillón presidencial, venciendo al presidente de la tienda, Adolfo Zaldívar.

La honestidad, generosidad y buen tino de Alvear por reconocer anticipadamente que su contrincante era la preferida, evitando una primaria que podría haber dejado muchos heridos en el camino, fue otra muestra emblemática de un nuevo estilo de liderazgo que asomaba cabeza. Un liderazgo inclusivo, contenedor, afectivo como las madres. En una palabra: femenino.

Un fenómeno social y político que la derecha no supo leer ni neutralizar.


EL FACTOR LAGOS
Fue justamente el Presidente -que se retira con el mayor apoyo ciudadano que jamás se haya registrado en el país en las postrimerías de un gobierno-, quien hizo de la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres una bandera que traspasó los límites del feminismo militante y fue levantada masivamente por el país. Fue bajo su mandato que se registró la mayor representación femenina en el Ejecutivo conocida hasta la fecha. Un tercio de su gabinete llegó a vestir faldas. Y en carteras relevantes. Puso a Soledad Alvear a la cabeza de Relaciones Exteriores aunque a él le hubiese gustado tenerla en Interior, como jefa del comité político.

Lagos también nombró a la primera fiscal de la Corte Suprema y fracasó -no por falta de voluntad sino por la férrea oposición de la derecha- en su intento de instalar a una mujer en el máximo tribunal de alzada del país.

Cuando nombró a Michelle Bachelet ministra de Salud en marzo de 2000, la catapultó a las portadas de los medios al fijarle una meta tan ansiada como imposible de cumplir: terminar con las colas en los consultorios en tres meses. De ello dependía su continuidad en el gabinete. Los resultados se empinaron por sobre el 87%, pero fue la ciudadanía la que dio por cumplida la meta y pidió que no la cambiaran. Su empeño, dedicación y eficiencia quedaron en evidencia. Cuando la trasladó a Defensa, en enero de 2002, volvió a generar entre ella y la ciudadanía una empatía especial. Nadie se hubiese atrevido a apostar por el éxito de su gestión: no sólo se trataba de una mujer en un mundo eminentemente masculino, también era una víctima emblemática de la dictadura militar. Y nuevamente descolló.

Especialmente al mediar para lograr la renuncia del entonces comandante en jefe de la FACH, cuando todavía no habían posibilidades ciertas de eliminar la inamovilidad de las máximas jefaturas castrenses de la Constitución.

Pese a que la tardía aparición de Piñera en la escena electoral, en mayo de 2005, removió el piso político nacional, su espectacularidad fue inversamente proporcional a su duración: se desinfló tan rápida y sorpresivamente como apareció. No pudo mantener la votación de su antecesor y dejó escapar más de 150 mil votos del gremialista. Bachelet lo sobrepasó en casi medio millón de votos, superando en 2,5 puntos el resultado que instaló a Lagos en La Moneda.


BACHELET SUPERÓ EN MÁS DE 350 MIL VOTOS A LA CONCERTACIÓN
Con el 99,71% de los votos escrutados, la gran sorpresa no fue el triunfo de la abanderada oficialista, sino la ventaja que le sacó al corredor de la oposición que alcanzó a los siete puntos porcentuales. Es decir, Bachelet casi triplicó la diferencia con que Lagos le ganó a Lavín en enero de 2000.

Contra lo que se pudiera pensar, no fueron los indecisos los que le dieron el triunfo a la doctora. La abstención se mantuvo casi idéntica a la observaba en diciembre y hasta se puede decir que subió. Los que anularon su voto bajaron casi imperceptiblemente, siendo compensados por los casi 35 mil electores que no marcaron preferencias el mes pasado y esta vez sí lo hicieron.

Los siete puntos de ventaja de Bachelet equivalen a más de medio millón de votos que en ningún caso se explican por la sola sumatoria de los votos del candidato de la izquierda extraparlamentaria Tomás Hirsch, quien obtuvo 375 mil preferencias en la primera vuelta. Así las cosas, necesariamente, alrededor de 150 mil sufragios obtenidos por la sucesora de Lagos provienen del voto popular y menos ideologizado del lavinismo. De hecho, hasta donde se habían contabilizado anoche, Piñera obtuvo 149 mil votos menos que la suma resultante de sus votos y los del gremialista en primera vuelta.

Otro dato: la electa primera Presidenta de la República obtuvo casi 350 mil votos más que la suma de los obtenidos por la totalidad de los candidatos a diputados en diciembre pasado. Es decir, superó con creces el voto partidario: un detalle no menor, justo cuando el debate se va a centrar en cuánto de partidismo y cuánto de ciudadano tendrá el próximo gabinete.



(*) Periodista. Chile.

 

 

 

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Uruguay sacudió a los socios mayores del bloque


Argentina y Brasil advirtieron que, si avanza en un Tratado de Libre Comercio con EE.UU., se tiene que ir del Mercosur. Prometen escuchar sus reclamos.


En los últimos años, los dos socios menores del Mercosur quedaron atrapados por las peleas y las declaraciones de amor de los dos países dominantes del bloque regional. Uruguay y Paraguay han sido espectadores de las discusiones del vecindario. En este período, Argentina y Brasil hicieron muy poco para incorporar las demandas de esas dos naciones relativamente más débiles. Entonces, una de las formas de llamar la atención es mover el tablero mirando a Estados Unidos. Hace algunos meses Paraguay los provocó autorizando la instalación de una base militar sui generis estadounidense. Así, Brasil y Argentina se ocuparon de reclamos de ese país. Ahora, es el turno de Uruguay, que a través de su ministro de Economía, Danilo Astori, adelantó que estudian un Tratado de Libre Comercio con EE.UU. Aquí, también los dos socios mayores del Mercosur reaccionaron. El riesgo reside en que las respuestas sean tardías y se debilite el bloque, más por errores propios de mirarse el ombligo que por seducción del Norte.

El canciller brasileño Celso Amorim advirtió ayer que si Uruguay negocia un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos en forma unilateral debe dejar el Mercosur. En una conferencia de prensa, Amorim fue consultado sobre un posible acuerdo de libre comercio entre Uruguay y Estados Unidos, cuestión que fue tratada en la reunión con el canciller argentino Jorge Taiana preparatoria de la gira que realizará el presidente Néstor Kirchner. “Sería imposible que un socio del Mercosur negocie individualmente acuerdos comerciales, a menos que pretenda dejar el bloque, decisión sobre la cual no fuimos informados”, dijo Amorim, aunque admitió la necesidad de atender los requerimientos de equidad y simetría de los socios menores del bloque.

Los encargados de establecer esta posición fueron los cancilleres de ambos países tras una jornada de trabajo en Brasilia. Los socios mayores del bloque sudamericano reaccionaron así a recientes declaraciones de Astori, y también del ministro de Industria, Jorge Lepra, quienes manifestaron la posibilidad de negociar acuerdos bilaterales de libre comercio con Estados Unidos y también con China.

La cuestión contrasta con la firme posición común de los cuatro países del bloque más Venezuela, ante las presiones de Estados Unidos en la IV Cumbre de las Américas, en Mar del Plata, para fijar una fecha para poner en marcha el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En esa misma cumbre, Uruguay firmó con Estados Unidos un acuerdo de preferencias comerciales y de inversiones, similar a los que ya poseían la Argentina y Brasil. Ese entendimiento no despertó el recelo de los socios del Mercosur pero requirió una reafirmación del presidente uruguayo Tabaré Vázquez sobre la plena pertenencia de su país al bloque. A pesar del alerta por una negociación de libre comercio Estados Unidos-Uruguay, Amorim y Taiana admitieron que el Mercosur debe atender las asimetrías que se les presentan a las economías de Uruguay y Paraguay.

Taiana expresó la necesidad de “trabajar para que todos compartamos los beneficios del Mercosur” tras el encuentro que tuvo con Amorim y luego con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. El canciller agregó que el Mercosur “es un proceso para mejorar la integración productiva, cultural y política, para mejorar la calidad de vida de cada uno de sus pueblos”. Ambos ministros también se refirieron a la situación de Bolivia dentro del bloque regional, aclararon que aquel país “no solicitó todavía ser miembro pleno, lo que sí hay es predisposición de las partes para que ese país inicie este proceso de incorporación”.

 

 

 

 

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Y voy por los rumbos clareao de mi antojo
La ley y la desobediencia de los pueblos

Por Jorge Majfud (*)


Un amable lector —además reconocido jurista e investigador— me anotaba algunos inconvenientes de la desobediencia de las sociedades, recordando ejemplos que nos definen especialmente a los rioplatenses, como pasar por alto una serie de normas de tránsito o ignorar deliberadamente advertencias que podrían resultar en un perjuicio para nuestra propia salud. Dicho perfil no es exagerado ni es del todo injusto. De hecho, es el perfil del gaucho que ha nacido “para cantar” y no tiene más ley que su entendimiento. Esto, que está resumido en el gaucho Martín Fierro de José Hernández, ha sido repetidas veces confirmado por la tradición popular. Una famosa canción folckórica de uno de los mártires de la dictadura argentina, Jorge Cafrune, también popularizada por Los Olimareños, dice:
No sigo a caudillos ni [en] leyes me atraco
Y voy por los rumbos clareao de mi antojo

Generalmente, todas las canciones folclóricas de Uruguay y Argentina presumen de la misma filosofía. Entre Dios y el gaucho no hay intermediarios ni son necesarios. El gaucho, según el perfil psicológico y espiritual que nos han dejado el arte y las crónicas del siglo XIX (y no sin cierta simplificación), es anárquico por excelencia y, por lo tanto, no puede someterse al poder político ni al poder eclesiástico. En 1946 Jorge L. Borges, con una gran conciencia histórica y una escasa conciencia social —o con la única conciencia de su clase—, había retomado esta figura como esencia psicológica de nuestros pueblos del sur y, de paso, lo propuso como condición intransigente ante el autoritarismo, ya sea de un hombre, de una mujer o de un Estado. Claro que este ensayo está ubicado en un contexto determinante: el ascenso del peronismo en Argentina y del comunismo en Europa.

Personalmente siempre me sentí identificado con el gaucho, aún más al emigrar a una cultura que por siglos ha sido la antagónica —en la teoría y en la práctica— de la cultura latina: la anglosajona. No obstante, los rasgos culturales del resto de América Latina no proceden de este tipo histórico de europeo anárquico que excluía agresivamente al indígena al tiempo que era despreciado por la sociedad y los formadores de conciencia europeísta como el Domingo F. Sarmiento. También las otras sociedades latinoamericanas —las indígenas y las indigenistas— compartirán con el gaucho del Cono Sur, no sin sobradas razones, su desconfianza y desprecio por la autoridad, su relación siempre conflictiva con el orden social a la cual pertenecen. Este rechazo y esta permanente sensación de frustración y derrota es anterior al “imperialismo yanqui” e, incluso, anterior al imperio británico y al español: sabemos que estaba presente ya en los conquistadores españoles y, muy probablemente, procede de la época de la Reconquista, aquella larga guerra de expulsión de judíos y musulmanes de la península que se continuó luego del otro lado del Atlántico. Como ya lo he anotado en otro ensayo, el héroe latino es, necesariamente, un marginal. Y el gaucho, más concretamente, lo es también. Por definición histórica, el gaucho se formó como tal como alguien fuera de la ley, como bárbaro y como terrorista —según palabras de Sarmiento.

No obstante, no es este tipo de desobediencia al que nos referimos cuando hablamos de la Sociedad Desobediente, aunque podamos advertir una coincidencia “espiritual” de esta natural tendencia humana con la atribuida al gaucho. La tendencia a la sumisión también es natural en nuestra especie, pero procede del miedo que reclama seguridad y la paga caro con su propia libertad. Hecho que, por supuesto, es explotado por aquellos grupos que se mantienen encaramados en el poder —político, religioso, militar e ideológico—. Pero la historia parece mostrarnos, desde la caída de lo que vagamente se llama Edad Media, una progresiva conquista del primer motor del cambio, la necesidad de libertad, en detrimento del segundo instinto, la necesidad de seguridad. Decía un anarquista español como Pi i Margall a mediados del siglo XIX —y Ortega y Gasset desde una posición opuesta lo confirmará después— que las sociedades, los humanos, tenemos de conservador todo lo que tenemos de instintivo y de progresista todo lo que tenemos de animales productores de cultura. Mi lector también se preguntaba si no era una condición ancestral quebrantar las leyes y creo que podemos entender que sí. No obstante, las sociedades y los individuos son movidos por muchas tendencias ancestrales e instintivas que no ponen nunca en práctica gracias a un desarrollo cultural que los define como humanos y no como animales. Todos los pecados prohibidos por los Mandamientos de Moisés —y de muchos otros anteriores— fueron escritos, como diría el psicoanálisis, porque había una tentación previa a quebrantarlos. “Nadie prohíbe aquello que nadie quiere hacer”, dijo alguna vez S. Freud y lo confirmó C. G. Jung. Estas prohibiciones, agreguemos, no necesariamente están escritas, como la prohibición del incesto, por ejemplo.

En nuestro caso referido a la tendencia a quebrantar las normas puede ser entendido desde ambos orígenes: es un instinto y es una cultura. No necesariamente un término del par debe excluir al otro. Ahora, ¿significa esta tendencia a quebrantar las leyes y las normas un rasgo propio de la desobediencia de los pueblos aún sin desarrollar? Mi respuesta sería un rotundo no, si no fuera porque mantengo un profundo prejuicio contra las respuestas rotundas. Todo lo contrario.

“Desobediencia” no significa quebrar las leyes sino dejar de acatar las voluntades personales. Este es un proceso, entiendo, que comienza en el Renacimiento y se profundiza en el humanismo: el individuo y los pueblos como tales comienzan a desobedecer al Rey como representante de Dios en la tierra. En América Latina aun carecemos de esa desobediencia y de ese rey, porque éste fue sustituido por el “caudillo” —sea de izquierda o de derecha—, ensalsado ideologicamente por un discurso tradicionalista que admitía que las sociedades progresan si tienen un “gran líder”. Este discurso, que sólo sirve a las retrógradas clases dominantes, es repetido interminablemente por los pueblos oprimidos que esperan ciclos tras ciclos la llegada del mesías que los saque del estancamiento cultural y económico.

Lo opuesto a la obediencia —a la voluntad de un hombre o a un grupo— es el “pacto social”, formulado en la Ley. En una democracia (con todos los mitos que hoy lleva esta palabra, a veces manipulados de manera hipócrita), las leyes se cambian; no se quiebran. Esos son los dos elementos principales del pacto. No hay “obediencia” sino acuerdo. Yo estoy de acuerdo en respetar las leyes de tránsito aunque algunas me parecen inconvenientes. Si las normas llevan más perjuicio que beneficio trataré de cambiarlas. Los más grandes subversivos de la historia —como Moisés, Buda, Sócrates, Jesús, Mahoma, Lutero, Gandhi— lo fueron precisamente porque cambiaron las leyes, los consensos, los órdenes sociales, la historia misma sin romper las leyes que ellos mismos criticaban. Ernesto Sábato usaba una metáfora para referirse a un artista y que podríamos usar para nuestro ejemplo: un gran ajedrecista lo es precisamente porque tiene en cuenta las reglas de juego y las usa para crear algo nuevo. Esta no es una visión conservadora; es lo contrario. Los conservadores se nutren de aquellos que quebrantan las leyes; sus mayores oponentes son quienes son capaces de cambiarlas.

De esta forma, podríamos decir de forma imprecisa y usando el lenguaje corriente, que la Sociedad Desobediente, al menos de forma ideal, sólo obedecería las leyes que ella misma se formule; nunca a un partido, a una corporación, a una empresa o a un sindicato. Sin embargo, aún así, aquí el término “obediencia” es impreciso. Obedecer significa acatar de forma acrílica. Un soldado obedece, un monaguillo, un obrero en una obra de construcción, etc. También esperamos que un niño obedezca a su padre. ¿Por que? Porque asumimos que no es consciente de los peligros, asumimos que debe ser “educado”. Pero ¿cómo un adulto debe obedecer a su padre? Esto deja de tener sentido. Yo hago la voluntad de mi padre si estoy de acuerdo en sus razones, pero ya no puedo hacerlo por obediencia. Si lo hago por obediencia entonces no he madurado aun. También obedece un soldado del cual no se espera libertad de conciencia ni de acción, lo que de paso nos demuestra que la guerra es fundamentalmente una oposición de individualidades, no de pueblos. Quizás la primera guerra surgió junto con el establecimiento de una autoridad tribal. La desaparición total de este tipo de autoridad estructuradora de las posteriores sociedades es una utopía, pero la progresiva superación de su actual y dramática influencia llevará a una disminución de las guerras tal como las conocemos hoy en día. Aunque los discursos hoy en día nos advierten de un mayor peligro —llamado terrorismo—, es probable que este fenómeno de nuestro tiempo disminuya o desaparezca al desaparecer la misma autoridad. ¿Contra qué atentaría el terrorismo actual si no existiese un centro de poder?

Un punto intermedio es, bueno, pero ¿quién hace las leyes? Si éstas son la expresión de abajo (pueblo) hacia arriba, entonces aceptamos un pacto, limitamos voluntariamente nuestra voluntad para potenciarla. Renunciamos a algo para obtener algo más importante. Lo mismo la moral —lo he desarrollado en Critica de la pasión pura, 1997—: la moral es, antes que nada, una renuncia de lo inmediato por un beneficio ulterior. En su camino tierra, es renuncia a la libertad (al poder) para obtener seguridad y sobrevivencia; en su camino cielo, es renuncia al sexo (al placer) para obtener alivio ante el dolor y la muerte y, más tarde, la vida más allá. Claro que en la moral este pacto es ancestral e inconsciente. Con las leyes sociales (al igual que a un nivel ético, racional) estamos hablando de un acuerdo más explicito, es decir, consciente. Por lo cual podemos decir que no sólo la ética sino las leyes son una prolongación —escrita y racional— de la moral.

Ahora, cuando esas leyes sociales son dictadas de arriba a abajo, dejan de ser pactos y se convierten en simple obediencia a la autoridad. La finalidad de la ley se invierte: deja de ser (1) un instrumento de liberación de la sociedad y pasa a ser (2) un instrumento de su opresión; un instrumento de explotación de la autoridad misma. Evidentemente, y consecuente con la larga tradición humanista, la primera opción concibe una sociedad ideal de “iguales”, mientras que la segunda concibe una relación de “desiguales” en lo que se refiere a los derechos. Los derechos de una persona están en directa proporción al poder de la sociedad que comparte. Para ejercer cualquier tipo de libertad en necesario poseer un mínimo poder para ejercerla. Si estamos de acuerdo en una “democracia progresiva” —aún asumiendo conscientemente que es una ideología—, debemos estar de acuerdo que ese ideal necesita de una división progresiva del poder. Al mismo tiempo sabemos que los “individuos” que componen cualquier sociedad al tiempo que son semejantes son diferentes. Decía Ortega y Gasset que tan injusto es premiar diferente a los que son iguales como premiar igual a los que son diferentes. Pero el filósofo español estaba de acuerdo que los diferentes “superiores” debían hacerse cargo de las decisiones políticas y civilizatorias de cualquier sociedad porque, aún siendo corruptos, “saben cómo funcionan las cosas”. Esta idea en el mejor de los casos sólo podríamos aplicarla a una obra en construcción. Cuando hay un accidente en un edificio, el único responsable es el técnico, porque la ley asume que es el único que sabe “cómo funcionan las cosas” y en él pone todo el poder de decisión sobre la misma. Pero en una obra el objetivo es la construcción de un edificio, independientemente de las personas que intervengan en el proceso. Diferente, en la construcción de una sociedad no hay otro objetivo que la sociedad misma, es decir, el objetivo de la sociedad son sus propios constructores. Y nada más. Al menos que asumamos una ideología teocrática. En ese caso sí, el objetivo de una sociedad sería algo más que sí misma: sería cumplir con el proyecto de un ser superior, el Gran Arquitecto, del cual casi no podemos conocer sus profundas razones para hechos que nos parecen incomprensibles y arbitrarios. En ese caso la obediencia absoluta, la obediencia de Abraham y la de Job, está justificada. Pero ocurre que ya (casi) no podemos confundir a Dios con el Rey —o con el Papa—, ni la voluntad de éste con la de Aquél; y ese es el primer paso constructor y legitimador de cualquier democracia.

En un reciente encuentro de escritores del mundo iberoamericano, advertí que había una mayoría en contra de la “democracia” y a favor de las elites de intelectuales como los guías iluminados de pueblos estúpidos a los cuales había que defender de las garras del imperialismo norteamericano. Los más radicales eran, claro, profesores de universidades norteamericanas. Alguno llegó a decir que no creía en la democracia, poco después de mis críticas a Ortega y Gasset, en su propuesta de las elites como las únicas capaces de dirigir el proceso civilizatorio. Paradójicamente, esta postura que en el último Ortega y Gasset puede entenderse como conservadora, en nuestro tiempo es asumida por “progresistas de izquierda”. Pero ¿cómo se puede ser un progresista de izquierda asumiendo que los pueblos son incapaces de defenderse a sí mismos? Este discurso complaciente actualmente cubre la demanda de un gran mercado ideológico que, como en el consumismo capitalista —de bienes materiales y elocuentes discursos radiales— sólo está dispuesto a comprar lo que le satisface. Como si los pueblos continuaran siendo niños a los que hay que educar. De ideologías de derecha sería, al menos, más coherente; pero ¿de progresistas? Si por “despreciable democracia” entendemos esa caricatura que está a la venta en la tienda del señor Bush, estamos entendiendo otra cosa por democracia o estamos aceptando la vulgarización propuesta por el discurso dominante. Lo que es una forma de derrota absoluta de cualquier tipo de democracia.

Pero debemos ponernos de acuerdo qué ideología vamos a asumir: o la democracia progresiva o una teocracia. Independientemente de nuestras creencias religiosas, ya que ambas posturas pueden ser formulaciones ideológicas que sirven tanto a religiosos como a ateos. No sólo una conciencia religiosa puede asumir una ideología democrática, sino que también una conciencia atea puede asumir una teocracia, aunque en el siglo XX se llamara, por ejemplo, fascismo o estalinismo. La tradición teocrática buscó, históricamente, la confusión de la obediencia a Dios con la obediencia a una clase social, a través de la confusión de Dios con los reyes y faraones. Una vez secularizado el Estado, el discurso hegemónico de la autoridad de una clase política permaneció intacta, a veces fortalecida por un discurso pseudohumanista que hacía de un ser humano un instrumento de algo trascendente, abstracto.

Pero ¿qué es esto de “obediencia a la autoridad” que nos han ensañado desde la escuela con lacrimógena ideología? En el mejor caso significa acepción de un pacto, de un orden social; en el peor de los casos significa “obediencia” a un orden o a un grupo minoritario que se sirve de ese orden sin participación del resto. La excusa siempre será que esa autoridad es beneficiosa para el obediente, que el opresor salva al oprimido del caos, del desorden, de la violencia, de la desaparición. Hace muchos años, en un campo de Uruguay encontré una moneda española con la imagen del generalísimo Francisco Franco. Nunca olvidaré la impresión y la sensación de impotencia que me causó leer la leyenda que lo coronaba: “Caudillo de España por la gracia de Dios”. Este, de una forma u otra, es el discurso tradicional que nos exige obediencia mas allá de la ley, del pacto... Y, con paradoja —toda paradoja es una contradicción aparente—, la cultura de quebrantar las normas y las leyes sólo sirven a quienes reclaman obediencia a algo más que a las propias leyes. Y de ahí los “hombres fuertes”, la “mano dura”, etc... Claro, uno podría preguntarse por el caso extremo: ¿no es lícito acaso quebrantar todas las leyes cuando un pueblo está gobernado por un tirano? La respuesta es doble: sí, porque esas no son leyes dadas a sí mismo por el pueblo sino por una elite; pero en ultima instancia, un pueblo oprimido es aquel que se deja oprimir, un pueblo obediente. Esta obediencia anacrónica no sólo la ejercitan pueblos bajo regímenes personalistas sino también en países que candorosamente se llaman democráticos. Aún en los mejores sistemas parlamentarios —última frontera de la democracia representativa— la obediencia se sigue ejercitando con períodos cuatrimestrales de legitimación. Pero llegará el día en que los parlamentos sean a los pueblos lo que hoy son los reyes a los gobiernos.

Actualmente, los más poderosos sectores reaccionarios de algunos orgullosos países democráticos han retomado esta tradición autoritaria, mesiánica, muchas veces como ha ocurrido a lo largo de la historia, en nombre de Dios. No es extraño que ello ocurra en las tradicionales potencias económicas y militares del mundo. Pero tengamos en cuenta que toda reacción se produce por una acción: es muy probable que esa acción sea la progresiva marcha de la Sociedad Desobediente.

 

(*) Escritor uruguayo (1969). Estudió arquitectura graduándose en la Universidad de la República. En la actualidad se dedica íntegramente a la literatura y a sus artículos en diferentes medios de comunicación. Ensaña Literatura Latinoamericana en The University of Georgia, Estados Unidos. Ha publicado Hacia qué patrias del silencio (novela, 1996), Crítica de la pasión pura (ensayos 1998), La reina de América (novela. 2001), El tiempo que me tocó vivir (ensayos, 2004). Es colaborador de El País, La República, La Vanguardia, Rebelion, Resource Center of The Americas, Revista Iberoamericana, Eco Latino, etc. Es miembro del Comité Científico de la revista Araucaria de España. Sus ensayos y artículos han sido traducidas al inglés, francés, portugués y alemán. The University of Georgia, enero 2006

 

 

 

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Un castigo bíblico

Por Luis Bruschtein (*)

Los 17 mil años de prisión que pidió la fiscal española para Ricardo Cavallo impactan en Argentina como el rayo de un castigo bíblico. Tienen una carga mítica, atemporal, o legendaria además de la judicial. Aunque las mismas leyes españolas especifican que nunca cumplirá más de 30 de esos 17 mil años, la desmesura del delito que castigan está más en consonancia con esa inconmensurable prisión milenaria que con la más terrena y humana de los 30 años.

Nadie podría vivir tanto tiempo para cumplir esa pena, pero los 17 mil años contienen más la dimensión del dolor y el espanto infligido, que los treinta años terrenos y racionales. Está bien que pidan y condenen a 17 mil años y está bien que cumpla 30. Como si la Justicia asumiera otra dimensión, aventurándose en el universo volcánico y desconcertante de los sentimientos sin perder su otra condición de balanza ciega, fría y cerebral.

Seguramente los penalistas y constitucionalistas españoles tienen una explicación fría y cerebral para esa pila de años. Ellos dicen que se suman las penas de cada uno de los delitos, tomados por separado y agravados por las condiciones en que fueron cometidos. Pero una explicación para 17 mil años es absurda. Es absurda la explicación, pero no la condena. Porque la única explicación aproximada es que esa sería la condena que pediría la madre para el asesino de su hijo, lo que no es materia de racionalidad ni de métrica decimal.

Por lo que sea, los dos brazos de la imagen judicial que llega de España –el pedido de la fiscal y su consecuencia legal más acotada– transmiten una sensación de justicia que envuelve las emociones y al mismo tiempo las supera. Como si entendiera el dolor y supiera que no hay condena mensurable que pueda repararlo y que al mismo tiempo ése no es el sentido de la pena que cumplirá efectivamente el asesino.

Lo milenario tiene una carga simbólica imposible de medir o pesar. Es un relato que trasciende el tiempo de sus protagonistas. Ni treinta, ni cincuenta años ni toda una vida –diría Dante Alighieri– “pagan” el genocidio, los secuestros, los asesinatos y las torturas. Pero 17 mil años, el misterio de una eternidad recordando cada día, cada minuto y cada segundo, simbolizan más la dimensión insondable donde la humanidad trata de redimirse de esos pecados.

 

(*) Periodista. Argentina

 

 

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Reentradas

Por Rodrigo Fresán (*)
Desde Barcelona


UNO
De los lugares más comunes –pero jamás vulgares– de la ciencia ficción, el que más me gusta no es aquel al que recién se accede visitando un planeta distante sino el que se produce al retornar a la Tierra. Y descubrir que todo ha cambiado, que se han producido extremas alteraciones en la atmósfera del punto de partida. Ya saben: El planeta de los simios y todo eso. El fin de las vacaciones (cuya breve encarnación de polaroid navideña/findeañera termina para mí mientras para ustedes comienza la variante ancha y cinemascope) produce un efecto que me recuerda al desconcierto desacelerado de tanto astronauta aunque, claro, los cambios no sean tan radicales. Lo que no quita que luego de un tiempo fuera de lo que alguna vez se conoció como la Madre Patria –y que ahora, para muchos afectos a tan cómodas como ingenuas simplificaciones geopolíticas, es la Madrastra Patria– sea fácil detectar alteraciones, mutaciones, estremecimientos, cambios para que todo siga más o menos igual; y aun así imposible no sentirse, por unos pocos días, como extraterrestre estudiando fauna rara y transmitiendo lo que se mira como si fuera nuevo.

DOS Gente fumando en las veredas, gente fumando con la cerveza de media mañana en la mano frente a bares que alguna vez fueron como el cavernoso interior de un pulmón de Humphrey Bogart y que ahora huelen a jardín artificial pero jardín después de todo. Y es que en España, desde el 1° de enero, fecha en la que entró en vigencia la ley Antitabaco, ya no se puede fumar en espacios públicos ni en el trabajo. Y las fondas que quieran fumar tendrán que elegir si permiten o no el humo anunciándolo con un tremendo cartelón. Hasta donde se sabe –y más allá de trampitas varias y confusiones surtidas– el mandato se acata con normalidad, dicen. Aunque todavía queda saber si se producirán aumentos notables de la violencia doméstica o la muerte en la carretera, modernos deportes ibéricos de alto riesgo. Son bastantes los que han aprovechado el envión para vencer al vicio y son muchos los que fuman más que nunca y se dicen miembros de la Resistencia a los que sólo les queda ponerse a cantar La Marsellesa a los gritos sobre la mesa de algún antro. Y ayer mismo vi a una mujer estallar en llanto cuando le explicaron que se habían llevado para siempre su máquina vendedora de cigarrillos. Para siempre.

TRES Y, a pesar del colosal despliegue informativo, nadie ha precisado si el teniente general José Mena Aguado, general jefe de la Fuerza Terrestre, fuma o no. En cualquier caso, algo le pasó cuando, el viernes pasado, a punto de retirarse, en su discurso celebratorio de la Pascua Militar alertó a la concurrencia acerca de las “graves consecuencias” que tendría la aprobación del Estatut catalán, del riesgo de “sobrepasar los límites infranqueables de la Constitución” e, invocando el artículo 8 de la carta magna, recordó que el ejército está autorizado a intervenir por las suyas si de garantizar la soberanía e independencia e integridad de España se trata. Causas y efectos de semejante rosca de Reyes: Mena bajo arresto domiciliario hasta su destitución el próximo viernes 13 cuando se reúna el Consejo de Ministros. Castigo sin precedentes en la democracia de por aquí, dicen. El Partido Popular y Rajoy, por supuesto, diagnosticaron que las preocupaciones de Mena eran “inevitables” y “reflejo de la situación política que estamos viviendo”. La cosa duró poco y, enseguida, la gente estaba pensando en otras cosas mientras encendía o apagaba un cigarrillo. Los políticos, en cambio, no pueden dejarlo.

CUATRO O conversando sobre cosas como la tan comentada chompa que vistió por aquí el flamante presidente boliviano, Evo Morales. Y es que hace frío; y al que le falte un abrigo, ahí están las rebajas: colas de gente bajo una lluvia que no alcanza a aliviar la sequía del país, manoteando lo que necesita o no porque las etiquetas de los precios vienen con descuentos del 30 o del 50 por ciento. Lo que no es saludable luego de los desembolsos festivos. Pero no importa: buena parte de la clase trabajadora está endeudada hasta el cuello, prisionera de créditos inmobiliarios (el costo de la vivienda ha subido en la última década cinco veces más que los salarios) mientras el metro cuadrado no deja de subir y, nada es casual, es por estas fechas compulsivas que también se dispara la venta de antidepresivos y se publican encuestas sobre lo que más les preocupa a los locales. Lo que más les preocupa es el paro, quedarse sin trabajo o no encontrarlo nunca. En segundo lugar se ubican las múltiples paranoias en cuanto a la inmigración (el 60 por ciento de los españoles piensa que hay demasiados extranjeros en su país, reveló un reciente estudio) y, en tercera posición, el terrorismo. Pero ahora la consigna es una: a comprar que se acaba el mundo.

CINCO Aunque los habitantes de Barcelona ruegan que el mundo aguante un poco más, que no suba la cada vez más cercana gripe aviaria y que no se vayan tan rápido las fábricas hacia países de la novísima Europa con, por ahora, precio de rebajas todo el año y mano de obra baratísima. Por lo menos que la cosa dure hasta que Woody Allen llegue a la Ciudad Condal para filmar, hacia finales de año, un largometraje sobre el que ya se construyen numerosas leyendas urbanas: que se llamará Midnight in Barcelona, que estará protagonizada por Javier Bardem; que el director norteamericano se quedaría a vivir aquí “para siempre” una vez concluido el rodaje. Más allá de los rumores, los barceloneses celebran el asunto como si se tratara de una nueva goleada a los madrileños. Y el Barça sigue ganando y el Real Madrid empatando y perdiendo.

Y, de pronto, ni el humo de los cigarrillos ni las cenizas de un general ni algún futuro cruce con ese hipotético inmigrante que se parece tanto a Woody Allen porque es Woody Allen impresionan o impresionarán demasiado.

Y, pasada la histeria del falso ahorro en el que se acaba gastando más que nunca, uno vuelve a casa y se pregunta para qué cuernos se compró esa chompa indie cuando todavía no terminó de pagar el inodoro. Y uno vuelve a acomodarse a las gravedades de las leyes de siempre y extraña tanto al espacio lejano y extranjero. Y no es que uno esté de vuelta. Es que uno, apenas, volvió.

 

(*) Periodista Argentina.

 

 

 

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Cada parte obedece a un espacio y un tiempo de residencia
Migraciones y turismo, dos movimientos vinculados

Por Álvaro López Gallero (*)


La pereza mental puede llevar a suponer que existe una amplia distancia entre los migrantes y los turistas por lo que pretendemos alcanzar otra visión a partir de la referencia a realidades concretas. Es cierto que todo en este mundo está dialéctica o, si se quiere, sistémicamente interrelacionado pero, actualmente, todos los movimientos de personas deben ser estudiados sin establecer compartimientos, nos referimos a: los pendulares de los trabajadores que habitan poblaciones satélites, las migraciones internas e internacionales, las propiamente turísticas, los viajes de negocios que algunos separan formalmente de lo turístico, la universalización de las residencias secundarias.

Los vínculos entre los movimientos migratorios y el turismo no son nuevos pero, indudablemente, en la actualidad se acentúan a través de este capitalismo flexible y globalizador, dado que la flexibilidad abarca a la localización del capital en la búsqueda de las mayores ganancias. Evidentemente, el capital logra su más rápida reproducción a través del movimiento y, si bien los traslados con mayores réditos se logran por medio del juego financiero -que no es el que da lugar a las más numerosas fuentes de trabajo-, el capital volcado a la industria, los servicios e incluso a los circuitos informales originan permanentes mudanzas de mano de obra. Contradictoriamente, los procesos de integración económica con base comercial llevan adelante, en primer lugar, la libre circulación de mercaderías y capitales sin embargo, tienden a resistir el derecho a la libre circulación de trabajadores.

Como se expresara en otras oportunidades, el uruguayo medio tiene vocación por los viajes, en primer lugar, por el reducido espacio territorial que ocupa el país, pero también, porque en la mayor parte de las familias aún se conservan los relatos de los antepasados venidos de Europa. Sin subestimar las razones sociales y económicas contemporáneas, sin lugar a dudas, existe una cultura que tuvo históricamente sus referentes en tierras europeas. Un pueblo integrado por familias de inmigrantes tiene una mayor vocación por las salidas al exterior. En la actualidad, la presencia de familiares emigrados, desperdigados por el mundo, ha posibilitado que las madres, los hermanos, otros familiares y amigos adquirieran un conocimiento directo inusitado de países alejados.

Del punto de vista legal, generalmente las normas migratorias comparten espacios con las disposiciones dirigidas al turista. La inmensa mayoría arriba al país de destino en carácter de turista ya que es reducido el número de quienes parten con un documento que le permita trabajar legalmente. Auxiliados por Internet encontramos que la página de difusión turística de la Embajada de Bolivia en Buenos Aires se titula “Viajes, Turismo y Migraciones”, reconocimiento de una realidad de residentes bolivianos en el país vecino.

Muchos movimientos migratorios han tenido su raíz en una visita turística, como aparecen en los relatos reproducidos por nuestra compatriota la Dra. Margarita Barreto en un estudio que tomó en consideración entrevistas a uruguayos afincados en Brasil. A veces el camino es el inverso. Hay individuos que nunca traspusieron la frontera de su país, cuyo primer viaje motiva la búsqueda de trabajo y de mejores ingresos y que luego, a partir de esa experiencia, por mayor capacidad económica, una vez superada la incertidumbre a que da lugar la primera salida e integrado a un consumo postmoderno, se convierte en turista.

La propia actividad comercial de los vendedores de viajes se desarrolla con los dos perfiles de clientes. En tiempos de relativa prosperidad los uruguayos logramos ubicarnos en puestos muy destacados en las estadísticas de turismo receptivo en los países limítrofes. En tiempos de descenso del salario real y el desempleo, hemos sido protagonistas en las mayores corrientes migratorias hacia el Primer Mundo, principalmente cuando las economías fronterizas tienen poco que ofrecer. En el bienio 2002-2003, cuando la crisis sedentarizó a los turistas frecuentes, los emigrantes salvaron a las agencias de viajes.

Lo cierto es que para participar en las fiestas decembrinas y gozar del enero uruguayo, nuestros compatriotas deben asegurar sus lugares en los aviones con seis meses de antelación. Muchos hemos vivido esos reencuentros en la terminal aeroportuaria –de tono similar a las estaciones de los pueblos cuando el ferrocarril de otrora-, inimaginables en países poderosos o en los más extensos de América Latina y asimilables a las infrecuentes llegadas exitosas de las delegaciones deportivas. A falta de éstas, las partidas y las recepciones -de migrantes y de turistas-, se han incorporado a los rasgos sobresalientes de la identidad uruguaya.

En esferas gubernamentales, tanto a nivel del Ministerio de Turismo como de la Intendencia Municipal de Montevideo, se ha realizado una experiencia de promoción turística a través de nuestros diversos emigrantes más reconocidos por los medios, desde China Zorrilla hasta Forlán. Hay dos planos de la difusión, el masivo y el que podríamos calificar de boca a boca. Ése que ha podido lograr que amigos extranjeros de nuestros compatriotas se acerquen a presenciar la “maravilla” de la que tanto les habían hablado.
La migración y el turismo son fenómenos que se acentúan con la proximidad pero que cuando son complementarios logran estirar las distancias de los movimientos. Cierto es que hay muchos de los europeos, norteamericanos o hasta australianos que comienzan a visualizarse en las estadística no son más que la segunda y hasta la tercera generación nacida en el exterior e incluso el producto de nuevas parejas internacionales.

Desde hace algunos años, nuestras estadísticas de turismo de ingreso reconocen a los uruguayos que viven en el exterior. Nos dicen que en el 2004, 301.200 uruguayos residentes en el exterior llegaron a nuestro país, en 1997, registró el récord de 443.600 (*Nota1). Obviamente, las crisis sociales y económicas en los países de residencia impiden las visitas ansiadas. La gran mayoría se refiere a los uruguayos residentes en la República Argentina ya que la proximidad facilita no sólo la llegada sino la reiteración de las visitas a lo largo del año y esto forma parte de las posibilidades y las limitaciones de nuestra información turística de base. La estadística oficial toma dos aspectos: nacionalidad de los ingresados y procedencia de los turistas. Aunque la información ministerial no particulariza en cuanto a la procedencia de nuestros compatriotas, sí se puede apreciar en la diferencia entre las cifras de los visitantes nativos de Argentina y el total de residentes llegados de Argentina. Algo similar acontece con lo números referidos a Brasil y Europa. Agreguemos también que, no por casualidad, los turistas de nacionalidad uruguaya y los europeos se encuentran entre los porcentajes más altos de visitantes llegados en el último trimestre del año.

En los viajes de los emigrantes a sus tierras de origen cumplen un conjunto amplio de objetivos. Uno de los más interesantes guarda relación con la actualización de sus rasgos de identidad. Tengamos presente que el individuo en el exterior se apega al país vivido, diríamos que a un Uruguay arqueológico, vale decir que no coincide con el real, por más que pueda tener un contacto diario virtual con publicaciones, familiares y amigos. Conste que esta afirmación no justifica en absoluto la oposición al voto consular o por correspondencia, muy por el contrario, la participación en nuestra vida política multiplicaría enormemente las potencialidades del país del punto de vista económico y social. Si es ya una realidad que las familias con emigrantes en el exterior viven en red, el país como tal también debe gestionarse como una red; es claro que la iniciativa del M.RR.EE denominado Departamento 20 aporta a ese objetivo.

Se debe tomar en cuenta también que el emigrante-turista -que obviamente no frecuenta hoteles-, es también un consumidor de servicios, entre otros: consultas y tratamientos médicos aprovechando la accesibilidad de un denso entramado social; la puesta al día en materia bibliográfica y discográfica; el regreso a las comidas extrañadas; la adquisición de souvenirs que, al menos, despertarán la curiosidad de su entorno en el país de residencia.

El sujeto regresa a reconocer las permanencias, su casa, su barrio, el balneario frecuentado y también los cambios sociales y culturales. Arriba con una visión más crítica que surge del contacto establecido con otros valores y hábitos. De algún modo, el emigrante, como producto cultural híbrido que es, arrastra una insatisfacción vital, de ahí que en no pocos casos se presenten los casos de individuos que pendulan entre el lugar de origen y el de destino sin lograr afirmar su estabilidad emocional. No es una novedad que el hombre es reflejo de las relaciones sociales que establece y de su territorio, los que conforman un individuo como un rompecabezas, en el que cada parte obedece a un espacio y un tiempo de residencia.


 

(*Nota1) MINISTERIO DE TURISMO Y DEPORTE, Área de Investigación y Estadística, 2005 Turismo Receptivo.

 

(* ) Docente de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

 

 

 

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“Pensar es resistir”

Por Osvaldo Saidon (*)


“Para Deleuze, el pensamiento es un conjunto de fuerzas que se resiste a la muerte. Si pensar es resistir, filosofía, política, crítica y clínica son un mismo movimiento. Lo esencial del pensar no está en el pensamiento sino afuera, en lo que fuerza a pensar.”


Más de diez años después de la muerte; 30 años desde que comenzamos a ser infiltrados, habitados por esa potencia que anunciaba el pensamiento de Deleuze. Más de diez años ya sin Deleuze publicando, dictando clases, respondiendo, comentando, y la potencia continúa.

Diez años esperando que esta época seca que nos anunciaba poco antes de su muerte empiece a terminar. Diez años apostando a que la consistencia de lo minoritario se afiance.

El foro mundial, Seattle, Génova, las luchas antiinstitucionales, los más diversos enfrentamientos a la hegemonía del Imperio en estos diez años, todos estos movimientos están atravesados, infiltrados por la filosofía de Deleuze, por su modo de intervenir, por todos esos devenires que ya hace más de treinta años venía anunciando.

Para Deleuze el pensamiento es el conjunto de fuerzas que se resiste a la muerte, ése es su vitalismo. Pensar es resistir, y entonces filosofía, política, crítica y clínica son un mismo movimiento. Es un funcionamiento donde lo esencial del pensar no está en el pensamiento sino afuera, en lo que fuerza a pensar. Es la vida tratada como campo abierto de los encuentros y la inevitable necesidad de pensarla que nos incitó a una clínica y a una política mas allá de todos los ismos, o las escuelas dominantes en las distintas coyunturas. Ernesto Hernández, colega colombiano traductor de innúmeros trabajos de Deleuze al español, dice: “Sentimos que se inaugura un nuevo género de relato en la filosofía, una nueva narratividad, pues con Deleuze la filosofía realiza la literatura, tanto como de Borges a Carroll la literatura realiza la filosofía”. Nosotros pensamos que esta filosofía nos habilita una clínica, que realiza una crítica, una narratividad que apunta hacia una vida artista, a una isla desierta, que se desprende de un territorio apoderado por una psicopatología puramente edipizante.

Justamente porque de fechas se trata, queremos referirnos al trabajo recientemente publicado de Deleuze, escrito en 1953, que se llama Causas y razones de las islas desiertas. Hace ya mas de 50 años, Deleuze anunciaba un estilo y una preocupación, la de expandir el desierto como geografía de la creación. Decía Deleuze: “Los hombres que llegan a la isla la ocupan realmente y la pueblan, pero en realidad si han llegado a estar lo suficientemente separados y a ser lo suficientemente creadores, no harán otra cosa más que otorgar a la isla una imagen dinámica de sí misma, una conciencia del movimiento que la produce, hasta el punto de que a través del hombre la isla tomara finalmente conciencia de sí misma como isla desierta y sin hombres”. Nos dice entonces que la isla, en la mitología y en la literatura, es un recomenzar. Y que se trata no de una creación sino de una recreación; basta con que todo comience; es preciso que se repita una vez acabado el ciclo de las combinaciones posibles. Ya están allí, en este texto de juventud y para ser recreados, conceptos como separación y origen, derivar y crear, corte y flujo, habitar y expandir el desierto.

¿Quiénes toman hoy el lugar de exigirnos el pensamiento, el de expandir el desierto? ¿Negri, Virilio, Prigogine Agamben? El había designado al número uno, el más veloz entre todos, el más militante, el más clínico. Murió antes del tiempo que necesitábamos todos para de una vez por todas rifar la prepotencia de lo simbólico, la frivolidad posmoderna, las recaídas estalinistas de los microgrupos llenos de certezas.

Y entonces, desde hace 30 años nuestra clínica ya no es más la misma, ni se parece siquiera a nosotros mismos. La habita un extraño, que no se confunde ni con un ideal del yo ni con un superyó, ni un pequeño ni grande otro. Es una extraña disconformidad con la academia, con la institución, con la transferencia. con la Iglesia, con la moral, con lo simbólico. Es el esquizo, es el psicótico, es el extraño, es el puto, es el judío, es el negro, es el niño, son todos esos extraños que comienzan a hablar, en un paradigma más estético que ético. Surge el escándalo ante las recaídas posmodernas de este pensamiento. Los representantes de la tradición académica critican las relaciones caóticas que propician estas nuevas voces; un recalentado humanismo intenta recordarnos la función social de las ciencias humanas. Hemos visto cómo detrás de estas propuestas se alimentan los intentos de recuperar los arcaísmos instituidos que ya no dan cuenta del acontecimiento que lo desborda por todos lados.

En la clínica concreta que hoy realizamos, vemos que el sufrimiento, la mortificación se nos presenta en formas que escapan a las tradicionales clasificaciones que emergen de las dos grandes categorías: las neurosis por un lado y las psicosis por el otro. Las “nuevas patologías” –pánico, adicciones, anorexia, bulimia– estaban de algún modo anunciadas en El antiedipo, donde Deleuze y Guattari nos convidaban a pensar el inconsciente y sus producciones a partir de la psicosis y no de la neurosis, como lo venía haciendo el psicoanálisis hasta ese momento. Mejor todavía, ya anunciaban un pensamiento entre un campo y otro: entre la neurosis y la psicosis, entre lo social y lo individual, entre Freud y Marx, entre el discurso de Lacan y el pensamiento del cuerpo de Melanie Klein. Todos estos “entre...” adquirían autonomía, inventaban nuevos sentidos pero no articulaban nada; inventaban un nuevo y extraño paisaje, un no lugar, un desierto.

Este extraño es el que habita a esos jóvenes que ante la llegada de lo intempestivo, de la velocidad, de la comunicación y la información en tiempo real, se derrumban en esas patologías de borde, sin consistencia, casi sin identidad; se automutilan, se accidentan, se suicidan, entran en la criminalidad con una frivolidad que nos deja aterrorizados. La clínica no puede quedarse en denunciar los cambios, en resentirse con la velocidad y lo intempestivo, en la añoranza de otras condiciones para el análisis. Debe generar contraefectuaciones frente a este desmantelamiento de las singularidades, esta homogenización de la banalidad, creando espacios para aprender a resistir inventando nuevos modos de subjetivación.

Nuestros dispositivos son burbujas de enlentecimiento (psicoanálisis y esquizoanálisis), espacios de experimentación de una multiplicidad productora de sentido (esquizodrama), construcción de grupúsculos instituyentes (análisis institucional), todos ligados a ese intento político clínico de recrear un pensamiento que expanda la alegría de la resistencia.

 

(*) Fragmento de un texto leído en el Coloquio de Homenaje a Gilles Deleuze, a los diez años de su muerte, en la Universidad Fluminense de Río de Janeiro.

 

 

 

 

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Cultura y política

Por Eduardo Pavlovsky (*)

Había leído dos libros del inglés Martin Amis: El dinero y La flecha del tiempo. Escribe bien. Pero en los dos sentí un tufillo raro. Después leí Koba el temible. Un intento fallido de describir a Stalin. Pero a estos intelectuales fascistas hay sólo que citarlos para descubrir su verdadera ideología.

En la página 52 de este libro dice: “Con los zares un ruso amante de la libertad tenía muchísimas más posibilidades y medios de expresión que durante el gobierno de Lenin y Stalin.

Estaba protegido por la ley. Había en Rusia jueces valientes e independientes. El sistema jurídico ruso era una magnífica institución después de las reformas de Alejandro y no sólo sobre el papel. Legal o ilegalmente florecieron periódicos de diversas tendencias y partidos políticos de todas las clases posibles y todos los partidos tenían representación en la Duma. La opinión pública fue siempre liberal y progresista”. Más tarde, en la página 99 agrega: “El nazismo no destruyó la sociedad civil. El bolcheviquismo sí. Es la razón del milagro de la recuperación alemana y de los fracasos de la Rusia actual”. Aquí pone el moño: “El nazismo no destruyó la sociedad civil”. ¿Y los judíos alemanes no formaban parte entonces de la sociedad civil? Cuando digo que el libro de Amis es fallido es porque en ese libro Stalin aparece como el sucesor natural de los criminales Trotsky y Lenin. No se hizo una revolución en Rusia. Sólo se mató gente. Otra joyita de Amis: “Hitler persiguió solamente a minorías relativamente pequeñas (los judíos fueron sólo el uno por ciento de la población). Si uno compara el libro de Amis con El Stalin desconocido de Medvedev podría apreciar la diferencia entre los dos. El panfleto barato de Amis sobre Stalin y el libro científico y exhaustivo de Medvedev. Le sugeriría leer al escritor inglés también La Revolución Rusa, un tratado de Orlando Figes, donde dice: “La Revolución Rusa no es sólo uno de los acontecimientos más trascendentales del siglo veinte sino también un proceso histórico que alteró radicalmente la trayectoria de todo un pueblo y que influyó decisivamente en todo el mundo posterior”. Para Amis, en cambio, los sucesivos crímenes de Trotsky, Lenin y Stalin fueron el epicentro de la Revolución Rusa que rompió con toda la estructura jurídica de esta magnífica institución zarista.

Tanto pensamiento reaccionario de este niño mimado de las letras inglesas no lo había escuchado jamás. Por eso no me extrañaron sus declaraciones a la periodista Patricia Kolesnicov. Vale la pena citarlo en sus propias palabras: “El Islam es una religión del aburrimiento. Imagínese rezar cinco veces al día y memorizar el Corán. Uno no puede ser libre ni en el baño... no es una guerra económica. Tiene que ver con el fracaso del Islam. Después de 1500 años le prestaron atención a Occidente cuando empezaron a perder batallas. Están perdiendo. El fracaso es la derrota en manos de la civilización occidental”. Aquí Amis ofende directamente a la religión islámica y a sus millones de fieles con un total desconocimiento de la complejidad del Corán. También hace duras críticas al terrorismo islámico, pero se cuida muy bien de hablar del fundamentalismo cristiano y de su terrorismo criminal. Las 200.000 víctimas civiles iraquíes inocentes de la primera invasión a Irak y las 30.000 de ahora dan una pauta del tremendo poder destructivo del terrorismo cristiano, pero eso no cuenta para el señor Amis. El único peligro es el fundamentalismo islámico que por su resentimiento quiere destruir a la civilización occidental. Así de simple. Bien a la inglesa. Y no le van en zaga los franceses en su nuevo giro a la derecha. El economista francés Alain Minc retrata a las minorías oprimidas (negros, árabes, homosexuales, feministas) como “haciéndose” pasar por oprimidos. Los nuevos reaccionarios franceses están convencidos de que las víctimas son las sociedades blancas, prisioneras de la estrategia de la culpa “orquestada” por el tercer mundo, y agrega: si Sartre, Camus o Foucault vivieran serían sus peores enemigos. El gran último intelectual francés fue Jean-Paul Sartre.

Pero volviendo al tema del artículo, “no todo está podrido en Inglaterra”. De la “enanez” moral del señor Amis a la gigantesca ética de Harold Pinter. Tal vez lo mejor del señor Amis sea haberse casado con una uruguaya que dicen que es hincha de Peñarol y cuyo ídolo es Forlán, el que juega en el Villarreal de España. Lo único.

 

(*) Autor, director y actor teatral. Entres sus obras se cuentan El Señor Galíndez, Potestad y La muerte de Marguerite Duras. Argentina.

 

 

 

 

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EEUU preocupado por fin de la era Sharon

Por Jim Lobe (*)


Casi una semana después del infarto cerebral masivo que dejó fuera de la política al primer ministro de Israel, Ariel Sharon, en Estados Unidos crecen la preocupación y el pesimismo sobre el futuro del proceso de paz en Medio Oriente.


El gobierno de George W. Bush, quien admira al ex general y le ofreció un fuerte respaldo a su campaña contra la segunda intifada (insurrección popular palestina contra la ocupación) y a su plan de repliegue de Gaza, no había ocultado esperanzas de que el nuevo partido de Sharon, el centrista Kadima, formado tras su abandono del derechista Likud, ganara las elecciones del 28 de marzo.

Una victoria del partido de Sharon le hubiera dado suficiente poder para desmantelar asentamientos judíos en Cisjordania, fortaleciendo el llamado "plan de desvinculación" de los territorios ocupados, que por lo menos logró aplacar la impaciencia de los países árabes y de la Unión Europea sobre el siempre estancado proceso de paz palestino-israelí.

Aunque Kadima todavía puede ganar, es poco probable que tenga la misma fuerza que hubiera adquirido con Sharon encabezando las listas.

Los temores de que el partido, con menos de dos meses de creado, pueda desintegrarse sin la presencia unificadora de Sharon se disiparon en la última semana ante el surgimiento de su sucesor, el viceprimer ministro Ehud Olmert.

Sin embargo, aún no está claro si el nuevo líder tendrá la estatura para tomar las polémicas decisiones por las que Sharon se caracterizó durante su carrera militar y política.

El primer ministro, que no podrá volver a la actividad política tras el daño causado por una hemorragia cerebral que lo mantiene hospitalizado e inconsciente, ganó notoriedad como ministro de Defensa, cuando ordenó en 1982 una invasión a Líbano aprovechada por milicianos cristianos libaneses para matar a cientos de palestinos en los campamentos de refugiados de Sabra y Chatila, en las afueras de Beirut.

En los años 80 y 90, Sharon fue uno de los principales impulsores de la construcción de asentamientos judíos en Gaza y Cisjordania, lo que agravó los enfrentamientos con los palestinos.

En 2000, su visita al sitio sagrado musulmán Haram al-Sharif (o Monte del Templo, para los israelíes), en Jerusalén, desató la ira de los árabes y desencadenó la segunda intifada palestina. Al año siguiente, Sharon triunfó en las elecciones de Israel.

Ahora, su sorpresivo retiro revive las posibilidades del líder del Likud, Benjamin Netanyahu, de recuperar el cargo de primer ministro, sobre todo si antes de los comicios se produce algún ataque palestino o si el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) derrota al partido Al Fatah en las elecciones de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) previstas para fines de este mes.

"Creo que Olmert ganará. Pero si se produce una mayor crisis, sobre todo de seguridad, eso podría cambiar. El único beneficiado sería Netanyahu y el Likud", sostuvo el jefe de la corresponsalía en Washington del diario israelí Ha'aretz, Shmuel Rosner, durante una conferencia en el conservador Instituto Hudson de la capital estadounidense.

Netanyahu (1996-1999), quien se opuso al retiro de Gaza y seguramente se resistirá al desmantelamiento de los asentamientos judíos en Cisjordania, afirmó que Israel no debe hacer más "concesiones" unilaterales hasta que el presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, desarme a organizaciones radicales como Hamas.

La mayoría de los analistas en Washington coinciden en que Abbas, quien cree en la necesidad de llevar a Hamas al terreno político antes de desarmarlo, no tiene la capacidad ni la voluntad de lograr un sometimiento militar de esa organización sin provocar una guerra civil.

Los candidatos de Hamas arrasaron en las elecciones municipales del mes pasado en varias ciudades de Cisjordania, y las encuestas indican que podrían ganar 40 por ciento o más de los votos en los comicios parlamentarios del 25 de este mes.

A diferencia de Al Fatah, principal facción de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Hamas nunca reconoció el derecho de Israel a existir. Por eso, un triunfo del movimiento socavaría la poca confianza que los israelíes comienzan a tener en el "socio palestino" en el proceso de paz.

Eso beneficiaría a Netanyahu y al Likud, aunque también agravaría las tensiones entre Israel e Irán, cuyo presidente, Mahmoud Ahmedinejad, hizo provocativas declaraciones contra los israelíes en los últimos meses.

Ahmedinejad afirmó en un encuentro antisionista que Israel debía ser "borrado del mapa", luego sostuvo que el holocausto judío a manos de los nazis fue un mito, y días atrás dijo desear que Sharon "se una a sus ancestros".

Las agencias de inteligencia israelíes alertan que a fines de marzo, Irán pasará una frontera sin retorno en su camino para desarrollar tecnología nuclear para construir armas, a pesar de que Teherán asegura que sus planes son pacíficos.

Se espera que el programa nuclear iraní esté al tope de la agenda en el "diálogo estratégico" que mantendrán funcionarios de Estados Unidos e Israel en Tel Aviv a fines de esta semana.

Netanyahu llamó días atrás al gobierno de Israel a realizar ataques preventivos contra supuestos sitios nucleares enemigos, como en 1982, cuando bombardeó el reactor atómico iraquí de Osirak, construido por el régimen de Saddam Hussein (1979-2003).

"La decisión de atacar a Irán sería mucho más importante que lo que suceda con los palestinos", sostuvo Rosner.

Ante todo esto, crece el pesimismo en Estados Unidos.

"Cuando un líder moderado de Israel desaparece de la vida política, y un líder moderado es ineficaz en el lado palestino, creo que los extremistas en la región respiran con alivio y dicen: 'Ésta es nuestra oportunidad'", sostuvo el director del Centro Saban para Políticas de Medio Oriente, Martin Indyk, del Instituto Brooking.

"No son buenas noticias, no sólo para Israel, sino para todos los que quieren ver una solución a este conflicto", añadió el experto, ex embajador de Estados Unidos en Israel durante el gobierno de Bill Clinton (1993-2001).

Con él coincidió Richard Haass, presidente del independiente Council on Foreign Relations (Consejo sobre Relaciones Exteriores), con sede en Nueva York.

Haass, consejero en asuntos de Medio Oriente durante la administración de George Bush padre(1989-1993), sostuvo que ni los palestinos ni los israelíes cuentan hoy con líderes "que tengan la voluntad y la capacidad de hacer compromisos a favor de la paz".

"¿Qué puede hacer Estados Unidos si ya no se da el lujo de ver un proceso de desvinculación de Gaza liderado por Israel? Hoy no hay posibilidades de volver a un proceso de paz tradicional, negociado con las dos partes", afirmó.

Estados Unidos descansaba en Sharon, y ahora deberá volver a involucrarse. "Esto tendrá implicaciones en los esfuerzos de Washington para promover reformas en el mundo árabe, así como en su capacidad de combatir el terrorismo y relacionarse con Europa", añadió.

Pero no todos son pesimistas en Estados Unidos. El director ejecutivo del Israel Policy Forum (Foro de Políticas de Israel), Jonathan Jacoby, cree que Olmert "es la persona ideal para este momento de la historia israelí, pues tiene experiencia y es extremadamente pragmático".

Aunque comenzó su carrera política como un acérrimo miembro de la línea dura del Likud, el apoyo de Olmert al retiro israelí de los territorios palestinos y al Plan de Paz de Ginebra es anterior que el de Sharon, destacó Jacoby

El Plan de Ginebra, de diciembre de 2003, fue un esfuerzo extraoficial de políticos, académicos y miembros de la sociedad civil de ambos lados del conflicto. Prevé dos estados en coexistencia. Israel mantendría sus fronteras anteriores a junio de 1967, cuando invadió Jerusalén oriental, Gaza y Cisjordania, y aceptaría la creación del estado palestino.

Con el respaldo de ex altos mandos de seguridad, en especial de Shaul Mofaz, ex ministro de Defensa, y de Avi Dichter, ex director del servicio de seguridad interior Shin Beth, Olmert podría ganar tantos votantes como el propio Sharon, sostuvo el analista.

 

(*) Periodista IPS Washington. Estados Unidos

 

 

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Blair y el incivismo

Por José Antich (*)

Si algo caracteriza a Tony Blair como dirigente político, es un fino olfato para captar las siempre variables demandas de la sociedad, unido, claro está, a una indiscutible capacidad de liderazgo que ha dado el periodo de gobierno más largo al Partido Laborista. Ayer, el premier británico presentó un plan contundente para combatir el incivismo y la delincuencia que deja pequeño al adoptado, por ejemplo, en Barcelona y convierte en irracionales algunos estériles debates que se han producido en Catalunya.

Alguna de las medidas que Blair propone han despertado la irritación de sectores que ven demasiada ley y orden en sus posiciones, aunque no hay que olvidar que, al frente del labour, el lema para su segunda reelección fue convertir la lucha contra el incivismo en la piedra angular de su tercer y último mandato. Llama la atención, por ejemplo, la posibilidad de expulsar a propietarios e inquilinos de sus casas por un periodo de tres meses si tienen comportamientos antisociales, sanciones incluso de prisión para los padres de niños que no vayan a la escuela o toque de queda en el centro de las ciudades para menores de 16 años. Son sólo tres ejemplos de una lista de medidas que sin duda darán que hablar. Pero Blair ha decidido capitanear un nuevo orden con la vuelta de valores más tradicionales. ¿Es eso derecha o izquierda?, ¿pasado o también futuro?

 

(*) Periodista. Barcelona, España.

 

 

 

 

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¿Inmigración razonable?

Por Manuel Castells (*)


SI CREE QUE hay demasiados inmigrantes, no tape con los dedos el estrecho de Gibraltar; piense en la gestión compartida de una economía global


Ese parece ser el deseo de los españoles, tal como se deduce de la reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas sobre los problemas sociales del país, adecuadamente comentados en las páginas de este mismo diario. Por primera vez, la inmigración es percibida como el segundo problema más grave, tras el paro y muy por encima del terrorismo o la vivienda. Yun 60% piensa que hay ya demasiados inmigrantes. Pero al mismo tiempo, la gente no quiere ser xenófoba, por lo que insiste en dar derechos sociales e incluso políticos a la inmigración legal. Así, casi un 85% quisiera que sólo entraran inmigrantes con contrato de trabajo. Pero una vez aquí, un 92% de los españoles considera que deben tener acceso a la educación pública; un 81%, que pueden practicar su religión, y un 73%, que tienen derecho a traer a sus familias. Más aún: se admite su participación política aunque no sean ciudadanos: un 53% piensa que deberían poder votar en las elecciones generales y un 60%, en las municipales. Porcentajes situados muy por encima de la media europea en temas semejantes. La escala indirecta de racismo también arroja niveles bastante inferiores a los de países de nuestro entorno, con excepción de los gitanos, con respecto a los cuales un 40% se sentiría molesto de tenerlos como vecinos y un 25% no quisiera que sus hijos fueran a la escuela con ellos. De modo que, en cierta manera, la convivencia con la única minoría étnica significativa que hemos tenido desde siempre se revela como problemática. ¿Es esto un indicador de los tiempos venideros? ¿Crecerá la xenofobia conforme se acentúe la presencia de otras culturas en la sociedad? Algo así se apunta a partir del dato de que la percepción de la cantidad de inmigrantes se sitúa en más del doble del dato actual (un9% de la población). Pareciera como si la sociedad española tratara de armonizar sus valores de tolerancia y respeto de los derechos humanos con el temor a personas de otras culturas y etnias.

Si es así, mal lo tenemos. Porque los expertos prevén que la economía española necesitará al menos 800.000 trabajadores inmigrantes más en la próxima década para mantener el crecimiento económico, para financiar la Seguridad Social y para asumir tareas, como el cuidado de una proporción creciente de viejos, para los que hay poca disposición entre la población nativa. Yes que de esa contradicción no salimos. O hacemos niños o hacemos inmigrantes. E incluso aunque ahora nos pongamos a hacer niños, como está ocurriendo, una alta proporción de ellos son hijos de inmigrantes, con lo cual la multietnicidad se acentúa. Y, además, hasta que la nueva generación llegue a edad de trabajo van a pasar años decisivos en que habrá que elegir entre mantener el nivel de vida o preservar el modo de vida.

Pero eso es sólo si tenemos elección. Porque hasta aquí hablamos de la demanda de la sociedad, pero no de la oferta de inmigración producida por la pobreza en el mundo que nos rodea. Por altas que sean las vallas que situemos en nuestras fronteras, nunca serán más difíciles de atravesar que el azaroso estrecho de Gibraltar en el que ya han muerto miles de personas dispuestas a todo con tal de que sus hijos tengan otra vida. Sí, podemos mejorar los controles, deportar masivamente a los ilegales, hacer la vida imposible a los que lleguen. ¿Con qué resultado? Desde hace años todos los países practican las mismas restricciones y el impacto que tienen sobre el volumen de inmigración es marginal. En Estados Unidos, se alargan vallas con ojos electrónicos y se multiplican patrullas de la frontera a lo largo de miles de kilómetros. ¿Resultado? El número de indocumentados se ha reducido de 800.000 al año a 650.000 al año. Bueno, algo es algo, se dirá, pero lo esencial es que el flujo es de tal magnitud que el impacto sobre las sociedades ricas no hace sino crecer.

Entonces, ¿hay que dejar que el mercado decida? Porque en el fondo es eso. Según la ley del mercado que tantos defienden, mientras haya demanda de trabajo seguirá habiendo oferta. Mientras los inmigrantes encuentren trabajo, la dureza de la inmigración seguirá siendo una alternativa a quedarse en sus agujeros planetarios, también llamados su tierra. Incluso diría más: el trabajo indocumentado es el más rentable desde el punto de vista de muchas empresas, sobre todo en la construcción, el turismo y la agricultura. Porque cuando más vulnerable es el trabajador, más acepta cualquier condición de trabajo. Eso es lo que ha demostrado en todos los países la investigación sociológica, incluida la mía en ese tema. La política de mano de obra de numerosas empresas es el principal factor de estímulo de la inmigración.

¿Y los poderes públicos, responsables ante los ciudadanos de transformar su opinión en políticas? Pues oscilan entre la demagogia y la impotencia. Demagogia porque muchos, sobre todo en la derecha, se apuntan a la caza del inmigrante porque correla con la caza del voto. Impotencia porque, en concreto, ¿qué se hace? Más policía en las fronteras, más colas en los visados, más dureza con los ilegales. Pagan los inmigrantes, no para la inmigración.

Puede haber una política de inmigración más inteligente, más realista y más eficaz. A condición de no empezar por la política del avestruz, que ignore los datos del mundo. Y también a condición de plantearla de forma coordinada a escala europea.

Empieza por la ayuda efectiva al desarrollo del planeta para que la gente tenga alternativas en su tierra, como demuestra la experiencia de una España que en los setenta tenía dos millones de emigrantes y luego pudo ofrecer cobijo a sus propios ciudadanos. Así es como el aumentar al 0,7% del PIB nuestra contribución al Tercer Mundo es también frenar la inmigración que tanto nos molesta. Continúa por un control de las empresas y una política de empleo que habitúe a la gente de aquí a trabajar en lo que le toque. Y podría innovarse en una estrategia económica en que nuestro crecimiento dependiera menos de sectores como el turismo o la construcción, de baja productividad y uso masivo de mano de obra de poca cualificación. Entonces podría plantearse a la vez la reducción del flujo de inmigración y la integración de los inmigrantes como ciudadanos de plenos derechos en una sociedad multicultural en que haya un respeto común, aun en la diversidad, a las normas de cultura y de convivencia heredadas de nuestra identidad. Pensar en tratar la cuestión de la inmigración negando su realidad o pensando que se puede resolver a golpes es atávico, ignorante y, sobre todo, ineficaz. Si le parece que hay demasiados inmigrantes, no tape con los dedos el estrecho de Gibraltar. Piense en la gestión compartida de una economía global y una sociedad en la que nuestra identidad, nunca una esencia, pueda perdurar evolucionando con las demás.

 

(*) Uno de los mayores expertos en la sociedad de la información. España.

 

 

 

 

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La muerte del guerrero de la paz

Por Mario Osava (*)


La demora de militares y gobernantes de Brasil en aceptar la tesis de suicidio en la muerte del general Urano Bacellar, que comandaba la fuerza de paz de la ONU en Haití, refleja incredulidad y también muchos temores.

La primera baja fatal de las tropas brasileñas que integran la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah) no podría ser peor. Además de tratarse del jefe de los llamados cascos azules, los indicios ûentre ellos un tiro en la cabeza con su propia pistolaû apuntan al suicidio, como ya reconocieron peritos policiales y avala la propia ONU.

El vicepresidente de Brasil, José Alencar, a cargo también del Ministerio de Defensa, y su canciller, Celso Amorim, fueron los exponentes iniciales de la resistencia en admitir esa conclusión.

Es difícil imaginar a un oficial de ese rango, entrenado para la guerra durante décadas, quitándose la vida, además de que hay testimonios sobre su tranquilidad en la víspera de la muerte, sin que mostrara señales de depresión o tensión extrema.

El general Bacellar, quien había asumido el 31 de agosto el comando militar de la Minustah en reemplazo de su compatriota Augusto Heleno Ribeiro, tenía esposa en Brasilia y dos hijos viviendo en Estados Unidos.

El suicidio del jefe militar alienta especulaciones sobre su insatisfacción o escepticismo ante el rumbo y los resultados de la misión. Puede así afectar la imagen del país que lo designó y fortalecer presiones por la salida de sus tropas, ante la persistencia del caos en Haití y la imposibilidad de su reconstrucción sin la ayuda financiera prometida por los países ricos.

El tema del retiro de tropas volvió al debate en Brasil. Diputados izquierdistas reiteraron su posición por la retirada, pero también diarios conservadores criticaron la presencia militar en el pequeño país caribeño, el más pobre de América.

Hay que "repensar la misión en Haití", afirmó un editorial del martes del diario O Estado de Sao Paulo, mientras que su colega Correio Braziliense, de Brasilia, opinó que este país metió en un "atascadero" y un "callejón sin salida" donde "la situación tiende a empeorar".

El presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Saturnino Braga, del gobernante Partido de los Trabajadores, anunció que pondrá en discusión el tema en la próxima reunión del cuerpo el 19 de este mes.

Brasil no puede retirar ahora sus tropas, pero puede reclamar de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) mejores condiciones para su presencia en Haití, señaló el senador.

Pero la discusión debería ampliarse al papel de Brasil en la seguridad internacional y el de las propias Fuerzas Armadas que, como las de casi todos los países, viven "una crisis existencial" desde el fin de la llamada guerra fría, dijo a IPS Clovis Brigagao, director del Centro de Estudios Americanos de la Universidad Cándido Mendes, en Río de Janeiro.

Sin nuevo papel definido ante la desaparición de los conflictos ideológicos que dividieron el mundo, las instituciones militares usan las llamadas misiones de paz para entrenar sus efectivos, actualizar sus equipos y doctrinas, conocer otras fuerzas, "construir confianza mutua" y comprender cuestiones de la seguridad internacional, explicó el experto.

Con los conflictos transfiriéndose para dentro de los Estados, destacando nuevos actores como el narcotráfico, el terrorismo y los flujos migratorios, cambian también las necesidades militares, sus estructuras, tácticas y estrategias, exigiendo nuevos conocimientos y conceptos.

Las misiones de paz ayudan, pero no resuelven la crisis de identidad de las fuerzas armadas y la necesidad de formular nuevas políticas de defensa "con una filosofía por detrás", observó el experto. Sólo Estados Unidos, con su presencia militar en muchas partes, su guerra contra el terrorismo y los "ejes del mal" diseñados, no tienen ese problema, acotó.

En las honras fúnebres por Bacellar, realizadas el miércoles en Brasilia, el jefe del Ejército, general Francisco Albuquerque, afirmó que la pérdida de este oficial fortalecerá "nuestra vocación de 'Guerreros de la Paz'", asumiendo la ambigüedad de la expresión.

Brasil, sin graves amenazas externas, tiene tradición en participar de las misiones multilaterales, ya que lo hizo en 27 oportunidades. Pero en Haití es distinto, pues no se trata simplemente de "mantener la paz, sino de una intervención, de entrar al conflicto", evaluó Brigagao. Aumentaron la responsabilidad y los riesgos.

El comando militar de la fuerza conjunta de 13 países de la ONU, enviada a Haití unos tres meses después de que el presidente Jean Bertrand Aristide fue derrocado el 29 de febrero de 2004, estuvo da cargo desde el principio por Brasil, que además contó entonces con la mayor cantidad de efectivos al sumar unos 1.200.

La duplicación en las últimas semanas de la tropa de Jordania, que ya llega a 1.600 efectivos, conforman ahora el mayor contingente presente en Haití, pero igual Brasilia logró apoyos decisivos para mantener la jefatura, ante lo cual ya elevó dos nombres para que la ONU elija el sucesor de Bacellar.

La Minustah, cuyo jefe máximo en representación de la ONU es el chileno Juan Gabriel Valdés, cuenta en la actualidad con unos 9.000 solados y policías, pese a lo cual no logra mantener la paz y la seguridad, según informes independientes.

La participación en esas misiones externas es "un instrumento muy útil de política externa" para Brasil, porque estrecha relaciones con países que le interesan y proyecta una imagen favorable, según la definición del propio ejército.

El papel ejercido en Haití significa una "mayor inserción internacional" de Brasil en cuestiones de seguridad, un avance necesario para un país que pretende conquistar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, destacó Brigagao.

Pero también desnuda una deficiencia del país, al limitar esa acción internacional a la dimensión militar. Falta acompañarla de una "diplomacia de la sociedad civil", de "expertos en gestión de conflictos" que actúen en su prevención y en la reconstrucción postconflicto.

Por ello, la presencia brasileña en organismos e iniciativas internacionales es muy pequeña, en comparación con naciones más pequeñas, aunque tiene un ejemplo destacado de ese tipo de experto en Sergio Vieira de Mello, quien murió en 2004 en el atentado contra la oficina de la ONU en Iraq, concluyó Brigagao.

 

(*) Periodista. Brasil


 

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