TODOS LOS TÍTULOS DE ESTA EDICIÓN:

Reforma fiscal: empezó el baile - Por Esteban Valenti

Sobre liberalismo y empresas públicas: ¿Sabríamos que hacer con nuestra libertad? - Por Carlos Santiago
La autonomía universitaria y la política estatal de innovación - por Edgardo Rubianes

Acuerdo por Internet decepciona a sociedad civil - Por Stefania Milan

Ciberespacio imperial - Por Leonardo Moledo

“El arte no cambia el mundo” - Por Karina Micheletto

Las megaciudades se vacían - Por Mario Osava
América Latina en la mundialización neoliberal - Gérard Duménil
La violencia juvenil no es distinta de la adulta - Por Eva Giberti
El gerente de la Coca-Cola - Por Miguel Bonasso
Su merecido - Por Horacio Verbitsky

Política golpista - Por Nicolas Casullo

Francia violenta, la sociedad en riesgo - Por Slavoj Zizek

La Universidad siempre sobrevive - Por Christian Ferrer


 

Reforma fiscal: empezó el baile

Por Esteban Valenti (*)


JLa semana pasada se presentó en sociedad las bases del proyecto de la reforma fiscal por parte del Ministro de Economía y Finanzas Danilo Astori y su equipo. Y como era de esperar se desató la polémica. Las organizaciones sociales y profesionales fueron cautas y comenzaron a estudiarla, tienen que hacer números y algo más. Los partidos de oposición, no esperaron un segundo, los calibres más gruesos abrieron fuego sin siquiera respirar. Dudo que hayan tenido tiempo ni siquiera de leer el proyecto. Ni un minuto de tregua, dispararon a cero. También en la izquierda se agitaron las aguas.


Los temas económicos son áridos, complejos, dejan poco lugar a la fantasía y sobre todo en estas épocas donde la economía es presentada como una fatalidad que predomina sobre todo, incluyendo la política. Y la prudencia aconsejaría esperar, dejar que la polvareda se asiente. No es una virtud que me adorne.

El proyecto y sus explicaciones y textos demuestran que han sido estudiados en serio, que hay un trabajo de equipo y que saben hacia donde van. El progresismo prometió una reforma fiscal como eje de una mayor justicia distributiva, es decir que pague más el que tiene más, como instrumento de impulso a la producción, a la desdolarización de la economía y a la reforma de Estado. Y a 8 meses de asumir, en medio del debate presupuestal y abriendo la discusión a toda la sociedad, el proyecto ha sido presentando. No es poca cosa. No será heroico, no será refulgente – los temas fiscales nunca lo son - pero es una realidad tangible y oportuna del gobierno. Y en el gobierno como en cualquier actividad resalta y gana quien tiene la iniciativa, quien concreta. Las palabras cuando se gobierna son muy importantes pero si se acompañan de hechos, sino son literatura.

A los comentaristas superficiales de cierta oposición se les terminó el sonsonete de que no había cambiado nada. Empezó el baile, donde duele.

El sistema fiscal no es una materia simple ni liviana. Sustituir el actual caos de impuestos y exenciones que se sobreponen y se enmarañan por un sistema integral y evolutivo de impuestos que además debe resolver un conjunto tan amplio de objetivos no debe ser tarea fácil. Y el equipo económico no tenía ningún apremio, no es como el presupuesto que tiene sus plazos, el único imperativo –no es de menor importancia - era la coherencia de una política económica. Y ese es otro rasgo que hay que resaltar, en economía o en economía política, la coherencia, la firmeza en el rumbo es una virtud. Los vaivenes desorientan a todos, a Tirios y Troyanos y son factor de desastres.

Claridad en el rumbo no quiere decir inflexibilidad o ortodoxia en los instrumentos. Quien gobierna atado a dogmas y a modelos rígidos termina ahorcado por su propia soga. La clave es la relación entre la claridad en el rumbo y la flexibilidad para utilizar todos los instrumentos. Una primera lectura del proyecto permite afirmar que están presentes ambos elementos. Sin duda habrá cosas que afinar e incluso que ajustar y que cambiar, pero la filosofía general del proyecto es realista y ataca nudos centrales de un sistema tributario que involucionaba siempre en la misma dirección: la maraña y la injusticia.

La maraña del actual sistema fiscal no es un descuido, una desprolijidad, es una concepción de favores, privilegios pequeños, medianos o grandes y el parche como filosofía. No hay duda que el nuevo sistema propuesto es una visión integral y organizada.

Es cierto, no se grava la renta neta sino bruta y eso da lugar a muchas injusticias, así como la imposibilidad de considerar al núcleo familiar en su conjunto en la declaración del impuesto a la renta. Suponemos que abrir un debate implica escuchar opiniones y realizar ajustes. Otro aspecto fundamental y nuevo es que se cobraran impuestos a la renta de capital. Este es uno de los pocos países en el mundo donde no pagaba impuestos.

Una reforma fiscal tan importante tiene muchos puntos de abordaje: los mecanismos de recaudación, las reformas en la estructura estatal, pero lo más importante es siempre analizarla desde la gente, desde los contribuyentes. En estos días la actividad de las calculadoras y los consultores deben ser febriles, todos hacen sus cuentas. Es notorio que la gente de más bajos ingresos se verá beneficiada. Pagarán menos impuestos por sus ingresos y por sus consumos. Es una forma de redistribución de la renta. Los cálculos son fáciles de hacer. En esto influirá en forma importante si la reducción del IVA y la eliminación del COFIS se transfieren a los precios finales de los productos.

De acuerdo a los datos proporcionados por el Banco de Previsión Social y de acuerdo a sus registros, el 73% de los trabajadores no pagarán impuesto a la renta (IRPEF), 38% de los trabajadores pagarán menos por el IRPEF que lo que pagan actualmente por el Impuesto a las Retribuciones Personales (IRP) y sólo un 6.6% de los cotizantes al BPS pagarán más por el impuesto a la renta que lo que pagan actualmente por el IRP.

En el caso de los pasivos 82.6% no pagaran impuesto a la renta y el 17.4% pagarán más de lo que pagan actualmente por IRP.

Los empresarios que inviertan, trabajen bien y obtengan utilidades, tendrán una reducción de sus impuestos a las ganancias. Está bien, es un elemento para dar impulso al ciclo productivo.

Los ahorristas que inviertan en moneda nacional y que se jueguen por el país y de esa manera se alineen con la política económica también serán favorecidos. Una duda es si esos beneficios no deberían extenderse a las inversiones en mecanismos financieros privados que vayan al sector productivo.

El gobierno afirmó de manera categórica que no tiene como objetivo aumentar la recaudación por vía de la reforma, pero tampoco disminuirla. Incluso insiste en que si se verificara un aumento de los ingresos del Estado se reducirían los impuestos. Sobre la justicia de esto tengo mis dudas. Los ingresos del Estado si están bien distribuidos, si se destinan en porcentajes importantes al gasto social, educación, salud, previsión social, seguridad e inversiones y no a la hipertrofia burocrática es uno de los instrumentos principales de redistribución de la riqueza con mayor justicia.

No aceptemos como oro colado la visión “ultra liberal” de que una economía sana es aquella en la que el Estado gasta menos y se comprime cada día más. Los países más desarrollados del mundo lo desmienten. La recaudación del Estado por todo concepto en los principales países de Europa en relación al PBI representó en el 2004:



En el caso de España representan el 38,4% del PIB, también según Eurostat.

En el Uruguay la presión tributaria total, incluyendo impuestos nacionales, departamentales, seguridad social es de un 30% del PBI, estamos muy lejos de Europa que promedia un 50%. Aquí más que el Estado del bienestar estamos en el Estado del pasar.

Los que pagarán más son los altos ingresos, eso es claro y visible, incluso calculando con un ábaco y un conjunto de rentas sobre todo de sectores altos y medio-altos cuyas rentas o ingresos estuvieron excluidos por muchas décadas del sistema tributario nacional: ingresos profesionales, alquileres, rentas financieras de corto plazo y en dólares. Y estos sectores tienen voz y muy fuerte. Ya los escucharemos.

La crítica de que no está prevista la deducción de ciertos gastos en la liquidación del IRPF es de recibo. Lo que no quiere decir que por ello sea mejor el IRP, esa es sólo una frase. Lo que si debe quedar claro es que la reforma no puede detenerse por razones de capacidad de fiscalización, debe ser progresiva, pero debe ser. La deducción de los gastos, es además un factor que influirá en la actitud activa de la gente en la lucha contra la evasión fiscal y el informalismo. Hay que tenerlo en cuenta.

En Uruguay el debate sobre impuestos no escapa a una regla universal. Un ministro de finanzas francés dijo que los ciudadanos contribuían de dos maneras fundamentales al Estado: empuñando las armas como soldados y pagando sus impuestos. El había visto muchas veces a los ciudadanos marchar a la guerra y a la posible muerte cantando inflamados de patriótico entusiasmo, pero nunca había visto a nadie ir cantando a pagar los impuestos. En el Uruguay de hoy no pedimos una coral, pero si un debate serio y profundo sobre el rumbo nacional. Y la izquierda debe hablar fuerte y claro, porque estamos definiendo cambios que incidirán durante muchos años y de manera profunda en el país. Y un debate serio y profundo desnudará hasta donde estamos dispuestos a incorporar la solidaridad, el aporte al desarrollo y el cambio de cada uno de nosotros. Es también un debate pendiente.

 

(*) Periodista. Coordinador de Bitácora. Uruguay.

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Sobre liberalismo y empresas pública
¿Sabríamos que hacer con nuestra libertad?

Por Carlos Santiago (*)


El tema del progresismo y de la izquierda ha sido tratado, con absoluta propiedad, por varios analistas en Bitácora, definiendo con claridad esos conceptos tan centrales dentro de la coyuntura de las ideas que envuelve a los uruguayos.


Sin embargo existe un aspecto poco transitado que nos preocupa, muchas veces nos confunde y que trataremos de esbozar en estas líneas, que tiene que ver con la vocación liberal, que fuera impulsada desde el inicio de nuestra nacionalidad, pero que ha quedado empantanada por la forma de país que nos hemos dado y por un hecho singular, el estatismo ¿exacerbado? en que estamos sumergidos los uruguayos. ¿Es que la pequeñez de nuestro mercado no permite el desarrollo de actividades similares a las que realizan las empresas públicas a nivel privado?
Por supuesto – para alejar pensamientos equívocos desde el mismo comienzo – debemos indicar que nuestra preocupación no es defender posibles “asociaciones” de las empresas públicas con socios privados, las que se califican desde tiendas “ultra” como privatizaciones encubiertas, ni definirnos tampoco por el estatismo a ultranza, porque ya este tema está ampliamente discutido y, evidentemente, las cartas están hoy más que entreveradas. Para opinar con justicia es deber tomar en cuenta nuevos aspectos de la realidad, como por ejemplo su peso tarifario, el que afecta a los uruguayos, el que está tendiendo a mostrar, entre otras cosas, que el mecanismo defendido por algunas corporaciones tampoco es de recibo. Ni la gente ni las empresas están hoy en condiciones de soportar tarifas que contribuyen a anular la competitividad al país. ¿Es posible que los uruguayos paguemos el combustible el doble que los argentinos, que las comunicaciones nos cuesten cifras absurdas a nivel internacional, así como la energía?
Nos moviliza el peregrino deseo de introducir elementos para el análisis de una situación (realidad), que evidentemente está signando la coyuntura, o sea nuestras vidas, pues – por más que queramos mirar la circunstancias con cristales distorsionantes – siempre volvemos a detenernos sobre una situación atroz. La de un país que no puede darle trabajo, techo, comida, salud y educación a casi una tercera parte de la población.
Y manejamos esos rubros porque ellos son los derechos básicos inalienables que están consagrados en nuestra Constitución.
Ni siquiera están claras a esta altura algunas calificaciones que separaban las actividades de las empresas estatales como “estratégicas”, vocablo tras el que se armaron campañas que terminaron con definiciones populares tajantes, de tal magnitud, que han dejado en figurillas a quienes tratan de mitigar el camino trazado por el voto de la gente, aunque para ello se apoyen en la presión de los organismos internacionales de crédito que empujan para ese lado.
Nos parece que el mecanismo fue promovido desde el batllismo histórico y en adelante por los políticos – de casi todos los sectores – que han impulsado y luego heredado en los hechos una vocación antiliberal, evidentemente autoritaria, sin asumir que su obligación ética es devolver a la sociedad el esfuerzo que esta hace, aumentando su riqueza y como consecuencia el nivel de vida de la gente. Qué las empresas públicas hayan funcionado hasta hoy como coto de caza de los partidos políticos, en un despropósito que ha sido posible solo por el mecanismo monopólico que se adoptó para su funcionamiento que hoy, a esta altura de la historia, se está volviendo una anacronismo insoportable.
Por décadas los distintos gobiernos que han accedido al poder han tomado por asalto al Estado del que se sirven y tras el cual organizan a la sociedad que depende, se nutre y además paga los platos rotos de las malas políticas. Estado que por la vía del “clientelismo” sirvió también para sustentar la actividad de los partidos tradicionales. Claro hubo etapas distintas en país. Flujos y reflujos económicos que permitieron el abuso o impusieron la retracción. Pero con una constante: los recursos para tapar los agujeros que han dejado las malas gestiones en las empresas públicas o en la misma administración pública, siempre salen de los bolsillos de la gente.
Las fabulosas partidas de las que depende el gobierno para pagar la deuda externa, 3,5% de superávit previo del PBI este año – también emergen del porcentaje de nuestro esfuerzo que destinamos al pago de impuestos directos e indirectos y que salvo coyunturas favorables, solo empobrecen al conjunto.
En el geografía social que soportamos, podemos asegurar que esas malas políticas y esa presión impositiva, que es uno de los elementos que ostensiblemente paraliza a la economía, ha determinando también en alguna medida que un tercio de la población viva hoy con carencias básicas insatisfechas cuando no en la indigencia.
Impuestos directos, algunos, pero el grueso de ellos indirectos. Hablamos por supuesto del IVA y de los múltiples que se aplican en los elementos que produce y comercializa el Estado. Ya que nos referimos a ANCAP, digamos que casi un 50 % del precio de los combustibles sirve para contribuir a financiar los defasajes de la llamada macroeconomía. Si esta empresa estuviera actuando en un régimen de competencia estaría en vías de cierre, pues no es admisible que siga sin resolver temas tan negativos como el de los negocios en la Argentina, cuyas pérdidas se siguen multiplicando y entregue al usuario, sin mayores consideraciones, los combustibles – por litro – más caros del continente. ¿Cómo se debiera caracterizar esa situación? ¿Inviabilidad, ineficiencia? ¿Qué ocurriría si ANCAP fuera une empresa exportadora?
Lo peor es comprobar que no se trata solo de malas políticas en la propia ANCAP, sino de que sus finanzas son succionadas por el Estado nacional, lo que hace que a esta empresa se le puedan endilgar todas las adjetivaciones que se quiera.
Casi siempre se ha utilizado al Estado para golpearnos y no para servirnos. En el mejor de los casos nuestros políticos han sido paternalistas, en los peor directamente autoritarios y siempre estatistas.
Veamos lo que pasa con los impuestos que se han establecido para los productos que se comercializan a través de las empresas del Estado, cuyo precio de venta está integrado de manera decisiva por esa gabela tributaria que permite el funcionamiento de su descomunal estructura.
Volviendo a los combustibles – que por la razón que comentamos son los más onerosos del continente – digamos que son un ejemplo atroz de esa distorsión en que, en definitiva, no se está respetando el derecho de la gente a pagar el precio justo.
Es como si alguien hubiera, en alguna oportunidad, desconfiando del pueblo, de todos nosotros, porque si nos dejaran no sabríamos que hacer con nuestro propio dinero o con nuestra propia libertad. Quizás alguien – sostienen algunos voceros del seudo liberalismo- vea al ciudadano y a la sociedad civil como una amenaza y “no se den cuenta que ellos dominan el Estado gracias al respaldo de quienes los hemos votado”.
El reverso del problema, pero consecuencia de lo anterior, es que los uruguayos todavía confiamos en que el Estado nos solucione cualquier contratiempo y pedimos su aprobación a cada paso. Somos dependientes de él. Hay quienes afirman que ni la derecha ni la izquierda uruguaya han creído nunca en la sociedad.
Muchos están interesados en reducir al liberalismo a la imposición del libre mercado por encima de cualquier consideración social o humana, y ello no es así, aunque muchos, especialmente los defensores de los intereses de la banca multinacional, demuestren lo contrario. El liberalismo es un posicionamiento, una manera de ver el mundo que empieza por considerar al hombre, y no al Estado, como la medida de todas las cosas. Creen que el Estado sí debe intervenir por la persona allí donde no llegue el merado.
El término mercado le gusta a la derecha. Y a la derecha uruguaya también le disgustan las actitudes de libertad personal y progreso moral que defienden los liberales, por ejemplo, en áreas como los avances médicos en genética o las libertades individuales en modos de vida y costumbres. Veamos lo que pasa – por ejemplo - con la despenalización del aborto, tema que se ha abierto a una polémica que envuelve a todos, hasta al presidente de la República.
¿Qué ocurriría si se modificaran algunos tradicionales privilegios como el de la “inamovilidad” de los funcionarios públicos, que ha existido desde siempre y que, cuando se habla de su posible supresión, ese hecho eriza a más de uno?
Si, por ejemplo, ANTEL abriera su monopolio para que se compitiera en la telefonía básica, si hubiera operadores privados de Internet que manejaran ingresos de banda ancha y la velocidad aumentara y los precios se redujeran en un marco de competencia. (En Uruguay, por el sistema ADSL, se pagan también las tarifas más altas del continente)
¿Sabríamos como administrar esas libertades? ¿Nos daríamos cuenta de que se abrirían nuevos perfiles, otras formas de vida, diversificadas y dignas? ¿O el país sería el centro de una puja capitalista por la apropiación de ese ingreso que el Estado dejaría vacante?
Otro tema para analizar es la reducción misma del peso del Estado: ¿Si se redujera, sabríamos administrar nuestros destinos olvidándonos de recurrir, como hacemos ahora, a ese partenalismo que aun se mantiene?
Habría que verlo….

(*) Periodista.

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“Prefiero hoy saltar que esperar a decidirme” LT.
La autonomía universitaria
y la política estatal de innovación

por Edgardo Rubianes (*)


Luego de ocho meses y medio de que la Asamblea General del Claustro de la Universidad de la República emitiera una polémica declaración sobre Innovación, Ciencia y Tecnología el tema volvió a instalarse en la discusión universitaria, esta vez en el propio Consejo Directivo Central. Los límites de la autonomía y el liderazgo gubernamental para desarrollar política de Estado se entrecruzan. Es una buena oportunidad para que la sociedad se involucre en el debate.


El pasado 23 de Febrero la Asamblea General del Claustro (AGC) emitió, de acuerdo a lo solicitado por el Rector Guarga, opinión sobre tres anteproyectos de ley que distintos senadores integrantes de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la legislatura pasada habían elaborado para avanzar en la construcción de un sistema nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). El proceso de discusión intrauniversitario fue por demás prolongado –superior a un año-, a tal grado que al momento de tomarse posición, el pronunciamiento no tuvo ningún efecto vinculante pues la legislatura ya había finalizado y un nuevo parlamento había asumido. Los proyectos de ley no aprobados no pasan de una legislatura a otra.

No obstante, la declaración del la AGC tuvo su repercusión. Tanto por su contenido como por su tono y por el hecho de efectuarse pocos días antes de la asunción del gobierno electo. Fue una señal de cómo se pararían ciertos ámbitos universitarios si desde afuera de la institución se intentase modificar algún dinámica que involucrara a la Universidad aunque sea tangencialmente. Para algunos, entre los que me encuentro –ver nota “La Universidad en su burbuja” (1)- fue también un claro símbolo de defensa corporativa de espacios de poder que no tienen nada que ver con un mejor cumplimiento de los fines de la institución.

La declaración rechazó duramente los anteproyectos propuestas por varios aspectos –cabe reconocer que tenían graves falencias- pero el elemento central de la postura lo dio el concepto desarrollado por la División Jurídica de que la Universidad tiene constitucionalmente a su cargo, prácticamente en exclusividad, la investigación institucional pública. Dado el particular momento en que se efectuó la declaración –proceso de asunción de sus funciones- esta no motivó mayores comentarios de los emergentes nuevos actores gubernamentales. El propio Rector consultado específicamente sobre la resolución de la AGC en el foro organizado por UTU a fines de mayo, optó por no responder a la cuestión, quizás como forma de no darle centralidad política.

EL REGRESO DE UN ENFOQUE
Luego de lo ocurrido en el CDC estos días, todo indica que el debate sobre Universidad, Estado y CTI se amplificará a corto plazo. Y eso esta bien. Resulta conveniente pues profundizar sobre el mencionado informe que Jurídica (expediente 011900-000444-04) enviara a la AGC con fecha 11 de marzo. En el mismo, en primer lugar se analiza la denominada “especificidad del ente” sosteniendo que hay “temas propios de la especialización del Ente Autónomo cuya regulación compete exclusivamente al mismo y temas en los cuales el Ente puede actuar pero sin que tenga competencia exclusiva, siendo solo en estos últimos temas en donde cabe la regulación legislativa”. En función de lo anterior, el informe se pregunta sí la investigación científica es una de los temas específicos del ente autónomo Universidad y citando a Pérez Pérez, concluye “que la enseñanza superior y la investigación científica públicas, como cometidos principales, solo pueden asignarse (en el ámbito público) a la Universidad de la República”

Por tanto, si la Universidad es de acuerdo a la Constitución un ente autónomo y por tanto tiene especificidad (pública) en sus campos de acción y si uno de esos campos es la investigación la conclusión resultante es que el parlamento no puede adjudicar funciones centrales en ese campo a otra institución estatal pues sería inconstitucional. Dado que el intento de los senadores era sobre una nueva institucionalidad de CTI o sobre -la largamente reivindicada por la comunidad científica- Carrera del Investigador, los anteproyectos de ley entraba en colisión con la Constitución.

La postura sostenida en el informe de Jurídica y asumida por la AGC –y retomada en la discusión reciente del CDC por algunos consejeros- no es nueva. Tiene un primer antecedente en el año 1961 cuando la Universidad presentó un recurso de inconstitucionalidad contra la ley creadora del CONICYT. La acción, fundamentada por Cassinelli Muñoz, sostenía que “la Universidad se considera lesionada en sus intereses porque las disposiciones legales impugnadas pone bajo la dependencia de un órgano extrauniversitario (el antiguo Ministerio de Instrucción Pública) un servicio que estaba cometido a la Universidad y otorga a una autoridad extrauniversitaria (Poder Ejecutivo) la competencia de designar a algunos miembros (en el Conicyt cuatro de los once miembros son designados por la Universidad, los demás son representantes de ministerios y de cámaras empresariales) de un órgano que debería depender de la Universidad y que viene a desempeñar cometidos que por su naturaleza deben estar a cargo de esta”. El planteo universitario fue desestimado por la Suprema Corte de Justicia por mayoría (4 a 1) sosteniendo que la condición extrauniversitaria del servicio científico y técnico creado es de perfecta viabilidad y que “el ejercicio de la actividad de investigación no es atribución exclusiva de la Universidad lo que perfeccionaría un monopolio de esa tarea totalmente contrario con nuestro sistema” (2).

UNA AGENCIA SOSPECHOSA
Pasados más de ocho meses, el debate sobre CTI ha vuelto a ubicarse en el orden del día universitario. En la sesión del Consejo Directivo Central (CDC) del pasado 1 de Noviembre se abrió la discusión, ahora vinculada a la creación de la Agencia Nacional de Innovación anunciada por el gobierno.

En el mensaje presupuestal del Poder Ejecutivo, aprobado EN Diputados y ahora a consideración del Senado, se incluyó un artículo referente a la creación de dicha Agencia. La misma funcionaría bajo el control del recientemente institucionalizado Gabinete Ministerial de la Innovación (MEC, MEF, MGAP, MIE y OPP). La naturaleza jurídica de la Agencia, sus bases de funcionamiento y otros aspectos serán determinados en una ley específica a ser enviada al parlamento dentro de los 180 días de aprobado el presupuesto quinquenal. La Agencia dispondría de diversos fondos, muchos de los cuales hoy son administrados por los ministerios que integran el Gabinete de la Innovación. De ese modo se potenciaría el uso de los mismos, evitándose superposiciones y omisiones. La definición política estratégica en términos de CTI sería responsabilidad del Gabinete y no de la Agencia que estaría encargada de gestionar los programas de recursos humanos, de investigación y desarrollo, de competitividad empresarial y de innovación e inclusión social. La creación de esta Agencia es coherente con los postulados programáticos preelectorales del gobierno electo. En los mismos se incluía expresamente como estrategia para la construcción del denominado Uruguay Innovador, la innovación institucional para racionalizar, potenciar y articular los actualmente dispersos actores de CTI públicos y privados.

EL DEBATE RECIEN EMPIEZA
El debate en la sesión del CDC del pasado 1 de noviembre fue duro. Se inició a partir de la solicitud de la AGC para que analizase la creación de la Agencia. En primer lugar el decano de Arquitectura planteó su preocupación por la posición y el tono de las resoluciones de la AGC sobre CTI. Luego, el decano de Ciencias Sociales (3) fue más agudo y expresó directamente que no se sentía reflejado por las mismas. Agregó “el hecho de que la investigación científica, tecnológica y de innovación estén en altísimo grado concentradas en la Universidad y en el Estado, es uno de los grandes problemas que tiene nuestra sociedad y que debemos revertir. Esta más que demostrado que nuestra inversión en I+D no solo es mucho más baja que la del mundo desarrollado en proporción al PBI sino que el problema es que esa inversión esta concentrada en el sector público y que el sector privado no invierte”. Y sobre la creación de la Agencia dijo “que el Estado, que largamente ha subestimado y dado poca importancia a este aspecto de las políticas científico-tecnológica, hoy este resuelto a crear una Agencia Nacional de Innovación, que promueva mecanismos que están destinados a estimular la interacción entre los actores y que promuevan la inversión y el desarrollo de la Innovación en el sector privado, de manera articulada con el sector público y con la Universidad puede llevar a enormes beneficios para la propia Universidad”.

Por su parte el decano de Química también fundamentó su beneplácito con la propuesta gubernamental de creación de una Agencia: “Que el Estado haya sido omiso en estos temas y que los científicos -incluso como corporación- reclamamos una política de Estado al respecto y nunca la hubo, hizo que por omisión la Universidad asumiera un rol que no es suyo. Es el Estado el que debe decir qué hay que hacer y la Universidad usar su autonomía para ver cómo ella hace la parte que le toca de eso. El pueblo uruguayo define una visión de país, el Presidente dijo que es un país que integra al conocimiento, y algunos ministros han dicho que quieren un país productivo que use la inteligencia. Eso estaba escrito en uno de los cinco documentos que se presentaron en el período electoral y el gobierno está acá porque lo votó más de la mitad de la población. Parece que no nos damos cuenta que el gobierno no somos nosotros”.

El debate fue prolongado y otros consejeros también opinaron. La postura de la consejeros docentes fue tratar de desvincular la resolución de la AGC del informe de Jurídica, “no hay dos posiciones contrapuestas, como la de pedir un monopolio para la Universidad en determinados temas. Eso no lo dijo la AGC ni nadie. Eso no corresponde, pero tampoco el monopolio sobre los temas para el Parlamento, sin un asesoramiento de la Universidad”. Pero un delegado estudiantil trajo el informe a la mesa directamente, “la discusión en cuanto al monopolio de la Universidad como encargada de realizar la actividad de creación y producción de conocimiento científico y superior en el país esta establecido por la Constitución. Hay informes de Cassinelli Muñoz en ese sentido. No se puede calificar poco menos que de intransigentes y de personas que viven en otro mundo a las AGC cuando realiza este informe, porque tiene sólidas bases y lo que hace es replantear discusiones que ya se han dado desde los años 60, cuando se crea el CONICYT.”

El Rector argumentó que la Agencia se dedicaría solo a la Innovación y esta no sería tarea de la Universidad, quien sí debería mantener su centralidad en ciencia básica y aplicada y finalmente propuso que las actas fueran enviadas al Ministro Brovetto como forma de transmitirle la preocupación del CDC por el tema. Esta moción fue finalmente votada por unanimidad pero previamente otra moción, presentada por la delegación docente que “expresaba la preocupación de que en el artículo 236 se indicase integración y cometidos de la Agencia Nacional de Innovación, cuando este tipo de decisión debe ser parte de la discusión de la iniciativa legislativa” fue rechazada ampliamente. Todo indica que el tema continuará debatiéndose.

CAMBIO DE SIGLO MA NON TROPPO
Los profesores Cassinelli y Pérez Pérez nos merecen el máximo respeto y aprecio. Pero es común escuchar, no lo inventamos nosotros, que frente a variados temas existen “dos bibliotecas”. La mayoría de los miembros de la Suprema Corte de Justicia, ya 1961 utilizaron otra diferente a la postulada por ellos y seguramente hoy otros constitucionalistas también se alinearían en esa postura. Por tanto, a esta altura uno debería preguntarse que sentido tiene levantar un enfoque jurídico que tiene más de 40 años y que ya en la década del 60 del siglo pasado fue desestimado. Un enfoque que por otra parte, la realidad política y universitaria posdictatorial ha dejado en los hechos de lado. Recuperada la democracia, el CONICYT se reinstaló y la Universidad lo ha estado integrando activamente con sus 4 delegados titulares -y respectivos suplentes- e involucrándose con la ejecución de distintos programas de CTI que se fueron ejecutando. Es más, hoy es una realidad incontrastable la del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, que obviamente tiene como tarea central la investigación y es dependiente del Ministerio de Educación y Cultura, como activo actor en CTI. Por otra parte, el parlamento creó en 1989 el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA) que posee un muy importante presupuesto establecido por ley y que realiza una parte considerable de la investigación nacional en el campo de las ciencias agropecuarias. La realidad actual es que se hace ciencia en ámbitos estatales fuera de la Universidad y que existen múltiples instancias y programas que la financian. Precisamente uno de los objetivos de la Agencia es racionalizar, articular y potenciar a esos actores.

AUTONOMIA UNIVERSITARIA Y POLÍTICAS DE ESTADO
El nuevo gobierno ha sido cristalinamente claro en la importancia que le asigna a la CTI en el desarrollo nacional. Sin innovación no hay desarrollo se ha sostenido reiteradamente. Y todo indica que la impulsará con fuerza. Tanto la creación de un instrumento promotor y articulador como la Agencia, como la elaboración de un Plan Estratégico Nacional de CTI (PENCTI) se plantean como imprescindibles para ese fin. La Universidad tiene la oportunidad histórica de involucrarse como protagonista de ese proceso jugando a lo grande. La sociedad lo reclama y además necesita que lo haga. Seguramente no va a ser ninguneada como ha ocurrido en otras oportunidades, pero no puede reivindicar para sí una centralidad política a la hora de las definiciones estratégicas. No le corresponde. Puede si aportar todo su capital académico construido y acumulado con esfuerzo y sacrificio de muchos luego de la destrucción en todos los planos a que la sometió la dictadura. También, sin duda, puede aportar desde instancias de primer orden a crearse y ya previstas en documentos borradores difundidos del Gabinete Ministerial de la Innovación, como ser el Consejo Consultivo que asesorará al mismo Gabinete y a la Agencia. Y en la propia construcción del PENCTI, de modo que sus aportes se entrecrucen con las de otros actores y contribuya a que prioridades, instrumentos, etc. sean los más adecuados para la etapa histórica que se ha abierto en el país. Todo eso lo puede hacer manteniendo su autonomía y actuando desde ella. El asunto es reconocer que el Estado no es solo la Universidad y que esta no es un Estado dentro del Estado. La gente voto democráticamente autoridades para que gestionen el Estado. Por supuesto que con todos los equilibrios, marcos y respeto a los límites que socialmente nos fuimos históricamente dando. Pero sí, como se ha sostenido en el debate en el CDC, por primera vez un gobierno agarra el toro por las guampas y ubica a la CTI como una prioridad de la política estatal, ¿No sería la hora de despintarse la cara que no hay ninguna guerra en curso?

* Docente e investigador universitario, rubianes@montevideo.com.uy
1) Ver www.laondadigital.com 19/04/05
2) Esta interpretación impediría también la creación de otra universidad pública por ejemplo en el interior del país como se ha propuesto últimamente.
3) Como dato colateral y aunque cueste creer la Facultad de CCSS -al igual que otras de creación postdictatorial- no tiene, de acuerdo a la actual ley orgánica, voto en el CDC. Todo un tema.

 

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Acuerdo por Internet
decepciona a sociedad civil

Por Stefania Milan (*)


Organizaciones de la sociedad civil mostraron decepción por la decisión de mantener el control de Internet en manos de Estados Unidos, consagrada por la conferencia preliminar a la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI).


Un acuerdo alcanzado en la víspera de la Cumbre como resultado de concesiones recíprocas dejó el control tecnológico de la red mundial de computadoras a cargo de la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (ICANN, por sus siglas en inglés), una entidad privada contratada por el Departamento de Comercio de Estados Unidos y con sede en ese país.

"Esta conferencia fue presentada como 'la cumbre de las soluciones'", recordó Chantal Peyer, de la organización no gubernamental suiza Pan para Todos. "Pero hay una clara falta de voluntad política de los países ricos", agregó.

El documento surgido de la continuación de la PrepCom-3 también estableció un foro sobre la gobernanza de Internet para discutir la futura estructura de la red. El foro incluirá a representantes de la sociedad civil y del sector empresarial, pero sus decisiones no serán vinculantes.

Las organizaciones no gubernamentales (ONG) parecen divididas en cuanto a los posibles beneficios de ese foro.

"Es un buen resultado para nuestra participación en el proceso de la cumbre, y es una forma de que la sociedad civil tenga voz", celebró Sally Burch, de la Agencia Latinoamericana de Información.

Pero otros consideran que el foro no es suficiente. "La CMSI habla en forma vaga de Internet como un medio. Nosotros creemos que es una herramienta pública universal, que debe estar disponible para todos", dijo Anita Gurumurthy, de la asociación india Informática para el Cambio, a IPS/TerraViva.

Menos satisfactorio aún fue el debate sobre la financiación de la infraestructura digital de los países pobres.

"Las posiciones de la Unión Europea y Estados Unidos son incoherentes. Los países occidentales no quieren comprometer más dinero y se manejan con los mecanismos de financiación existentes, que no son suficientes", lamentó Peyer.

"Ahora resulta que sólo los gobiernos de los países en desarrollo son responsables de salvar la brecha digital. Parece que no hubiera noción de cooperación y coordinación internacional", añadió.

Los países en desarrollo pedían un mandato claro para que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se hiciera cargo de la implementación y el control de la financiación, pero los países occidentales, y en especial Estados Unidos, se opusieron a cualquier compromiso concreto.

La palabra clave para la fase posterior a la CMSI parece ser "voluntarismo".

Se ha creado el Fondo de Solidaridad Digital a fin de recabar fondos para salvar la brecha digital, pero la participación es voluntaria. Además, no cuenta con el apoyo financiero de ningún país rico, excepto Francia.

Líderes de la sociedad civil señalaron que la Cumbre ignora otros asuntos que deberían formar parte de la agenda de desarrollo.

"La igualdad de género, la concentración de los medios periodísticos, el software libre y la diversidad cultural han sido excluidos de la conferencia. No se han hecho propuestas concretas sobre la forma en que grupos sociales del Sur podrían adquirir tecnologías sin infringir leyes", observó Burch.

Las ONG reclaman un papel activo de la sociedad civil después de la CMSI. "Controlaremos lo que se haga y presionaremos a los gobiernos, y seguiremos trabajando en asuntos nacionales e internacionales excluidos del temario de la Cumbre", anunció.

Asimismo, las ONG planean ocuparse del vínculo entre las nuevas tecnologías y los Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados por los países miembros de la ONU en 2000.

"Hay espacio para una agenda de políticas públicas sobre desarrollo", observó Peyer.

"Los gobiernos reconocieron que no se ha hecho lo suficiente para la inclusión de las zonas rurales. Ahora, los documentos oficiales de la CMSI mencionan la necesidad de inversión pública y políticas para el acceso de las zonas rurales y desfavorecidas (a Internet), y empezaremos a avanzar desde este punto", dijo.

Un grupo de trabajo de la sociedad civil comenzó este miércoles a redactar una declaración alternativa para su adopción por la asamblea plenaria de la sociedad civil el próximo viernes, día final de la conferencia.

(*) Periodista IPS. Italia.

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Ciberespacio imperial

Por Leonardo Moledo (*)


Finalmente, los Estados Unidos retuvieron el control de Internet. La verdad, no es para sorprenderse mucho: puesto que controlan el mundo, no se entiende por qué no habrían de controlar Internet. Con un PBI que oscila entre un cuarto y un tercio del PBI mundial, y una fuerza militar que supera a las diez que la siguen juntas, y que, si se cumplen los grandiosos planes imperiales de expansión, para el año 2010 va a superar las fuerzas militares de todos los países juntos, sería sorprendente que largaran algo tan rentable como Internet. Sería como firmar el Protocolo de Kioto.


Porque, además, hay una confusión que usualmente suele atacar a los usuarios de la red de redes, esa verdadera maravilla de la tecnología, que nos han brindado las últimas décadas. El espacio virtual verdaderamente no es tal, o por lo menos no es tan virtual: tiene una entidad material bien concreta, materializada en 13 supercomputadoras que regulan el tráfico de bits, y redes de satélites y cables que transportan impulsos eléctricos: no es algo distinto, sino sencillamente un nuevo soporte; no es un espacio nuevo abierto a la exploración cuyo límite está en todas partes y su centro en ninguna, sino que se trata de algo muy contante y sonante y, sobre todo, material. Del mismo modo que se puede (o no) creer que existe un “espacio epistolar”, pero el soporte es el correo, y se puede o no creer que existe un “espacio literario” no material, pero que no se concreta sin las editoriales. Así, pues, el “espacio virtual” es una cosa codiciable y no hay que sorprenderse si se apoderan de él los más fuertes y prepotentes.

No está mal discutir con los poderosos, pero hay que saber desde el vamos que lo son y que las chances de ganar son pocas, en especial con un imperio que recién se está formando y acomodando sus piezas, y al que todavía le falta para alcanzar el momento de mayor esplendor.

Así, la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) que se desarrolla en Túnez también es una pieza del rompecabezas global que se está armando. Sería interesante replantear y pensar las posibilidades de autonomía y libertad en ese marco, sin la ilusoria creencia de que el imperio tiene grietas.

Internet, ese espacio virtual que produce la ilusión de libertad, es una de las más preciadas joyas de la corona imperial. Porque es privado, no lo olvidemos. Y sus
propietarios no la iban a entregar así nomás.

(*) Periodista especializado en temas científicos. Argentina

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“El arte no cambia el mundo”

Por Karina Micheletto (*)


En un encuentro con un reducido número de periodistas argentinos con Joan Manuel Serrat, el cantante le quitó dramatismo a su enfermedad, explicó la esencia de sus conciertos y analizó los conflictos que estallan en Europa.



Joan Manuel Serrat está de vuelta, en medio de una gira maratónica que ya lo paseó, casi sin pausa, por más de cien conciertos en España, Colombia, Chile y ahora la Argentina. El martes hizo su debut en Buenos Aires, en el primero de los nueve conciertos cuyas entradas se agotaron con velocidad sorprendente, al igual que en otros puntos del país (estará en Mendoza el 23 y 24 de noviembre; en Córdoba el 26; en Rosario el 28, 29 y 30; en Salta el 9 y 10 de diciembre) y en el Uruguay (cruzará a Montevideo los días 6 y 7 de diciembre). He aquí el hombre cuyas canciones lo erigieron en “amante secreto de las argentinas”, como le ronronea una cronista sexy en rueda de prensa. “Me encanta esto de ser amante secreto, pero lamentablemente no he podido cumplir como corresponde, porque he sido tan secreto que incluso no me he enterado. Así que es una situación halagadora, pero también un tanto frustrante”, hará su descargo el catalán. Lo cierto es que, con sus canciones, Serrat cumplió durante todo este tiempo roles que superan al de un amante, volviéndose parte de la vida de muchos que se lo hicieron saber, de una manera u otra, en el primero de los shows que dio en el Gran Rex.
Enfrentado a las preguntas de la prensa local, lo primero que Serrat dejó en claro es que no piensa colgarse el cartel de la enfermedad que acaba de superar, un cáncer de vejiga que lo tuvo en vilo casi dos años: “En un principio estaba muy metido en todo lo que fue la aparición de la enfermedad, el desarrollo, los tratamientos, la operación y recuperación, que pensé que nada se había modificado en mi vida. A medida que va discurriendo el tiempo se aclaran ciertos conceptos, y de la misma manera que pensaba que hubiera sido un dolor inútil haber pasado todo esto sin sacar consecuencias de ello, ahora me doy cuenta de que las consecuencias están surgiendo mucho después. Cuando aparecí por primera vez en público, quince días después de la operación, recuerdo que dije que me sentía igual que antes. Y fue mentira, mi vida es otra. Pero tampoco pienso dramatizar esto”, explicó. “Yo no creo que haya alguna sensibilidad especial en el público después de mi enfermedad. Y si la hay, no me hace ninguna gracia”, advirtió consultado sobre los posibles cambios que percibe en estos conciertos. “En mí se operaron cambios, pero no sé si es responsabilidad directa del incidente, o sencillamente de la sensatez del paso del tiempo, de la conciencia de que ese tiempo no se recupera y uno tiene necesidad de aprovecharlo con los amigos. Lo mismo ocurre con el trabajo: ahora hay una cierta ansiedad por contar las cosas que quedan por contar. Claro, cuando se tienen 40 años menos no importa si se hace hoy o mañana, no hay plazos que se acorten. Ahora eso pesa.”
Con galantería, Serrat agradeció los homenajes recibidos recientemente, pero aclaró, medio en serio y medio en broma: “Espero que no exista en ellos ninguna voluntad de anticiparse a mi retiro, porque no tengo ningún interés en hacerlo. Los recibo sabiendo que están llenos de cariño, y los arrojo a un lado, cosa de que no me impidan el progreso como artista”. Eso sí: agradeció también otro tipo de regalos que recibió durante su tratamiento: “Me llegaron las cosas más extravagantes del mundo en materia de sistemas de curación, desde oraciones hasta piedras, hierbas, radiaciones cósmicas... todo tipo de locuras”. No recurrió a ninguno: “Mi urólogo fue más expeditivo. No les dio tiempo”.
Los conciertos de esta gira –denominada, por si quedaban dudas, Serrat 100x100– muestran al catalán en un formato que se contrapone con el de los últimos recitales que brindó en aquel Serrat sinfónico, cuya parada argentina debió suspender. Aquí sus canciones aparecen desprovistas de todo ropaje de orquestación, sólo vestidas por el piano de Ricard Miralles, viejo compañero de ruta de Serrat (ver aparte). “Digamos que me he colocado en el otro platillo de la balanza: esta es una forma casi desnuda, o mejor dicho en ropa interior, con poquita cosa encima, es otra manera de manejar la canción. Eso obliga a que todo sea muy limpio, delicado, pulido. Pero también tiene grandes ventajas: es capaz de crear una gran complicidad y cercanía, y esto crea una atmósfera magnífica para los conciertos”, explicó. Y también aclaró que con esto no deja de lado el formato sinfónico, sino que de ahora en más piensa seguir alternando ambos formatos, más el del grupo con el que presentará su nuevo disco en catalán, aún inédito, Mo (que toma el nombre del apócope con que la población local denomina a Maó, la pequeña capital de Menorca a la que el catalán rinde homenaje).
Durante la conferencia, el cantautor se hizo tiempo para hablar sobre el oficio de escribir canciones; sobre su amigo Joaquín Sabina (“El viernes pasado volvió a subirse a un escenario después de mil días negros. Y yo estoy muy feliz de haber recuperado a un amigo en su medio natural, que es el escenario”); o sobre el rol limitado del arte: “Jamás, ni en los momentos de mayor euforia y optimismo, pensé que desde el arte se pudiera cambiar el mundo. Nunca creí que las guitarras pudieran darle la vuelta a lo que los fusiles impusieran. Lo que sí hicieron fue acompañar a la gente en el dolor y las miserias. Las guitarras y flautas no solucionan nada. Sólo dan consuelo”.
Consultado respecto de la cuestión inmigratoria en Europa, con muros levantados en las fronteras de España y la explosión juvenil francesa, el cantautor advirtió: “Son dos actos del mismo drama. Lo que se vive en las fronteras españolas son actos de la desesperación inmediata de gente que ha salido de sus tierras, de lo que con eufemismo se llama el continente subsahariano. Suben tratando de encontrar dónde seguir vivos, escapando de cientos de guerras que no le han interesado a nadie, que el mundo ha pasado por encima con absoluto desprecio, poniendo en riesgo sus vidas para llegar a una oportunidad. Este es el primer drama de la inmigración. El segundo es el de las familias que inmigraron hace tiempo a países desarrollados y acabaron viviendo en ghettos marginales alrededor de las grandes urbes, sirviendo de mano de obra barata, con servicios sociales escasos, posibilidad de trabajo y de escolarización baja. Ocurre que hay una primera generación sumisa que llega, una segunda que más o menos va tirando y una tercera a la que ya se le hincharon las narices. Y salieron a la calle, como sale el que no tiene nada que perder. Creo que no tengo que explicarle a ustedes que este fenómeno es una réplica de otros que podemos encontrar sin ir más lejos, a pocos kilómetros de aquí, en el Gran Buenos Aires”, advirtió.
Serrat responde pacientemente a las preguntas, haciendo gala de las habilidades de narrador que también despliega en sus shows: “Dejé de cantar Señora cuando dejé de sentirme protagonista de la historia, pero fue una absoluta gilipollez, una pelotudez, una boludez”, tradujo, por ejemplo, en el Gran Rex. “Por suerte siempre ocurre algo que te devuelve la lucidez. Fui a la Opera a ver La Bohème. Allí Mimí se muere, pero no es lo sorprendente. Lo sorprendente es que nada hacía presuponer que la soprano, una señora entradita en años y en carnes, se moriría dos actos más allá. Así que pensé: Si esta noble dama búlgara tiene el cuajo de cantar la Mimí, por qué yo no voy a cantar más Señora, si al fin y al cabo la he escrito yo.” En la anécdota doméstica, Serrat se iguala a tantos que alguna vez dedicaron esa canción a sus suegras y que hoy están del otro lado: “Desde hace un tiempo aparecen por mi casa señores que se sientan a mi mesa y dan cuenta de mis almejas, de mis jamones y de mis hijas. Lo de mis hijas no sería tanto, pero el jamón... Eso sí que es cosa seria”.

(*) Periodista.

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Las megaciudades se vacían

Por Mario Osava (*)


No solo Montevideo pierde población, también en Brasil las más grandes ciudades enfrentan ese problema.


Cuesta creer que metrópolis brasileñas como Río de Janeiro y Sao Paulo, con millones de habitantes y calles congestionadas por los vehículos, tengan una declinante densidad de población, que agrava sus problemas y dificulta las soluciones. Pero eso es lo que aseguran urbanistas preocupados en invertir una tendencia poblacional centrífuga que acumula desequilibrios, contaminación, violencia e irracionalidades en las grandes ciudades brasileñas.

La meridional Río de Janeiro es un caso grave de pérdida de densidad de población desde 1960, lo que amenaza la sustentabilidad urbana, por el deterioro de los servicios y la calidad de vida, según Sergio Magalhaes, arquitecto que ejerció importantes funciones en la alcaldía local y es conocido por haber impulsado en los años 90 el programa favela-barrio, para urbanizar esos asentamientos precarios.

En el periodo de 75 años terminado en 1955, la entonces capital de Brasil expandió su área urbana seis veces, pero sus habitantes se multiplicaron por diez, llegando a tres millones. Desde los años 60, sin embargo, la mancha ocupada por la ciudad creció más del triple, pero la población no alcanzó a duplicarse.

El "vaciamiento" de Río, que ahora tiene seis millones de habitantes, se debió a un conjunto de factores, empezando por los vehículos sobre ruedas y una ley de 1942 que fomentó la construcción de la "casa propia" familiar, donde antes predominaban viviendas de alquiler, observó Magalhaes a Tierramérica.

Sin crédito para construir en áreas urbanizadas y caras, la población se fue alejando del centro. Las familias, cada día menos numerosas pero ocupando la misma residencia, y la doctrina de la ciudad extendida también contribuyeron a reducir la densidad.

La expansión hacia el oeste, lejos de la bella Bahía de Guanabara en torno a la cual se había estructurado la ciudad y la región metropolitana, encareció la infraestructura y los servicios públicos (pavimentación, transporte, agua y saneamiento, electricidad y redes telefónicas), justamente cuando Río perdía su pujanza económica a manos de Sao Paulo, y su condición de capital nacional, con la fundación de Brasilia en 1960.

En esas condiciones, se volvió imposible mantener la oferta de equipamiento y servicios urbanos para todos, según el arquitecto y urbanista.

La sureña Sao Paulo tuvo una mayor densidad poblacional en la década de 1930, cuando contaba con un centro bien definido y estructurado, alrededor del cual se concentraba la población.

En las dos décadas siguientes ocurrió una fuerte dispersión, ante la transición del transporte por trenes y tranvías a los automóviles y autobuses, dijo a Tierramérica el urbanista del no gubernamental Instituto Polis, Renato Cymbalista.

La posibilidad de desplazarse "a cualquier lugar lejano" en vehículos sobre neumáticos hizo viable la marcha hacia la periferia, en busca de tierras más baratas para construir. Esa "opción por el modelo de ciudad pavimentada" y el empobrecimiento de la población son los dos principales factores de la dispersión urbana, según el experto.

En 2002, la ciudad de Sao Paulo se extendía por 873 kilómetros cuadrados, 57 por ciento de los cuales (exactamente 500 kilómetros), fueron ocupados entre 1930 y 1962, según datos de la Empresa Paulista de Planificación Metropolitana.

Los pobres, sin condiciones de disputar áreas urbanizadas y más caras, tuvieron que construir sus casas en barrios populares lejanos, "más densos, con menos infraestructura, más violencia y menos escuelas", resumió Cymbalista.

El resultado es una ciudad de 10,8 millones de habitantes "desequilibrada", con mayor concentración humana donde hay menos empleo y menos escuelas, hospitales y centros de salud, lo que amplía la desigualdad social y la necesidad de transporte de larga distancia, acotó.

El consecuente congestionamiento de tránsito y la contaminación atmosférica son agravados por el predominio de los vehículos automotores.

La solución es aplicar el Estatuto de la Ciudad e impulsar el transporte colectivo, por tren subterráneo y autobuses en calles exclusivas, opinó el urbanista. El reglamento, aprobado en 2001, estimula la planificación con participación popular y la recuperación de la densidad urbana a través de medidas que gravan los terrenos ociosos, impiden la expansión sin infraestructura y permiten imponer la edificación en terrenos baldíos.

En Río de Janeiro, el desplazamiento de una parte de la clase media en ascenso hacia Barra da Tijuca, un barrio playero del oeste, preocupa a Magalhaes. Además de vaciar la ciudad, forma parte de un movimiento para descalificar el núcleo histórico y sus símbolos, amenazando la identidad urbana, con la pretensión de constituir un nuevo centro.

La Barra se construyó en las tres últimas décadas siguiendo la doctrina urbanística del modernismo, de rechazo a las viejas ciudades, en favor de nuevas con edificios altos y aislados que preservan el paisaje del "aire agreste". No por casualidad su plan inicial fue de Lúcio Costa (1902-1998), el urbanista que diseñó Brasilia.

El "mito a destruir" es que el nuevo barrio sea "el futuro de la ciudad", sentenció Magalhaes, porque se trata de un movimiento "perverso", que favorece a una minoría que atrae el grueso de las inversiones públicas y privadas en detrimento de la zona norte, donde vive la mayoría de la población pobre.

Río es una metrópolis amenazada porque perdió peso económico y dejó de ser capital. Para salvarse, debe recuperar calidad de vida y "democratizarse", ampliando la infraestructura y el crédito habitacional, sostuvo Magalhaes.

Tres medidas son fundamentales: convertir en subterráneos los extensos ferrocarriles que cruzan las zonas más pobladas, urbanizar las favelas y descontaminar la Bahía de Guanabara, recomendó.

La recuperación de la calidad del agua de la bahía, y por lo tanto de sus playas, restablecería el prestigio del centro y de barrios hoy devaluados. De esa forma, la bahía y los trenes volverían a ser los ejes aglutinantes de la ciudad, en beneficio de todos, sostuvo.

(*) Periodista IPS. Brasil

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América Latina en la mundialización neoliberal

Gérard Duménil (*)

La posición ocupada por América Latina en la mundialización neoliberal es bastante particular. Su importancia deriva de numerosos factores, tanto económicos como políticos. Esta singularidad no resulta solamente de la comprensión de la historia reciente, sino del análisis de las oportunidades de cambio. Si existe una región en el mundo donde es posible coincibir un escenario de desestabilización del orden neoliberal, esa es América Latina.


Entendemos por “neoliberalismo”, la nueva fase en la cual entró el capitalismo en la transición de los años 1970 y 1980. Aunque se trata de una transformación compleja, cabe señalar, a fines de 1979, la decisión de la Federal Reserve estadounidense, de elevar las tasas de interés no importa a qué nivel, como una exigencia pretendidamente obligatoria en la lucha contra la inflación (no importa cuales sean las consecuencias, principalmente para los países endeudados de la periferia). Si bien existe una ideologia neoliberal, el neoliberalismo es mucho mas que eso, es una fase del capitalismo en la cual las características de explotación de ese modo de producción, inclusive en su dimensión imperialista, alcanzó una nueva radicalización: disciplinamiento del trabajo y de su gestión a favor de los detentores de capitales (acreedores y accionistas); libre circulación de las mercancias y de los capitales, vale decir, globalización del terreno de caza del capital internacional. Si las sociedades multinacionales son los agentes de ese nuevo orden mundial, éste responde a las exigencias de las clases capitalistas, lo que llamamos de “finanza”, o sea, la fracción superior de los propietarios de capital y sus instituciones financieras. Si en un primer nivel, el poder de esos propietarios, muy alejados de las empresas, no hubiera podido afirmarse sin la intermediación de las instituciones financieras (bancos, banco central, fondos de todo tipo), él se ejerce, en un segundo nivel, a través del Estado.

Cuatro razones que explican el lugar central de América Latina en el mundo neoliberal:

1. La primer víctima del orden neoliberal
La mayor parte de los países del subcontinente se comprometieron en procesos de crecimento sostenidos, a pesar de las desigualdades. Esto comenzó antes de la Segunda Guerra mundial y continuó después. ¿Es necesario recordar que la renta per capita de Argentina, al final de la guerra, era del orden de la de Francia? Algunas grandes ciudades de América Latina, como Buenos Aires o Montevideo, son testimonios de ese pasado. El modelo de sustitución de importaciones condujo a elevadas tasas de crecimento, cerca del 6% en México, por ejemplo.
El contraste con las décadas neoliberales es chocante. Con poquísimas excepciones, las tasas de crecimento se derrumbaron luego de 1982. A esta desaceleración se agregó una peligrosa inestabilidad macroeconómica, quiere decir, la recurrencia de graves recesiones: de hecho, de crisis mayores (“tequila” en México, la crisis argentina, etc.). En este mundo de libre circulación de capitales, cualquier política macroeconómica se volvió imposible. Es cierto que la imposición de tasas elevadas de cambio permitió acabar con la inflación y que gritos de victoria acompañaron el restablecimiento del crecimiento en los años 1990. Pero esas trayectorias se revelaron insostenibles en el mediano plazo. Ese nuevo curso se vio además agravado por el proceso de desindustrialización o por la sustitución de una parte de la industria nacional, liquidada por una competencia insostenible, por la industria “maquiladora”, con sus características bien conocidas de extrema explotación y de ausencia de integración al tejido industrial nacional. A esto se suma la deuda externa, acumulada a fines de los años 1970 en un contexto donde las tasas de interés real eran nulas, pero que se volvió impagable cuando el alza de los intereses. Una segunda ola de endeudamiento acompaña la apertura financiera de los años 1990. Las obligaciones fundamentales del Estado en materia de reforma agraria, de educación, de salud, fueron sacrificadas frente a la sacrosanta obligación de hacerle frente a los compromisos con los acreedores, en detrimento de las obligaciones sociales mas elementales.

2. La nueva configuración imperial
Si el neoliberalismo tuvo como principal objetivo la restauración del poder y de las rentas de las clases capitalistas de los países del Centro, sobretodo de los Estados Unidos, ese objetivo no hubiera sido alcanzado sin la colaboración de las clases dominantes de los países de la periferia. Una vez más, América Latina, si bien en diferente grado según los países, es una figura emblemática de tal configuración. Las tasas de cambio elevadas y la convertibilidad permitieron a las clases ricas de esos países poner sus capitales en los países del Centro, en los Estados Unidos en primer lugar: la famosa fuga de capitales. Se puede observar que los rendimientos financieros (principalmente dividendos e intereses) provenientes del resto del mundo, destinados a América Latina, aumentaron fuertemente a lo largo de los años 1990. En Argentina, a fines de la década, éstos representaban la mitad de los flujos de la misma naturaleza para el exterior, a pesar de que éstos últimos incluían los intereses de la deuda. En Uruguay, los dos flujos fueron iguales a inícios del 2000. De esa forma, las burguesías de los diferentes países estan directamente insertas en ese circuito de explotación internacional. Indirectamente, ellas se benefician del costo de la deuda, que impone tantas restricciones a sus proprios países.
Por otro lado, por su comportamiento rentista (con excepción de algunas multinacionales), esas clases contribuyen al financiamiento de la economia estadounidense, donde la inversión pudo restabelecerse en los años 1990, a pesar de la caída de su ahorro interno, gracias a esa contribuición internacional. En este mecanismo, América Latina ocupa el segundo lugar, quedando detrás de Europa. En ningún otro lugar, con la excepción posible de los países productores de petróleo, la integración de las clases dominantes de cada país en el seno del gran sistema del imperialismo alcanzó este grado, aunque en una posición subalterna. Sin lugar a dudas, en ningún otro lugar el cuestionamiento de ese orden imperial neoliberal tendrá las mismas consecuencias.

3. Una apuesta central dentro de la hegemonía estadounidense
El imperialismo es una característica estructural permanente del capitalismo desde sus orígenes. Su forma se modifica continuamente con las propias transformaciones del capitalismo. El sistema imperialista debe ser entendido como una pirámide donde el mas avanzado explota al menos avanzado, utilizando la violencia económica “simple”, particularmente la apertura de las fronteras comerciales entre países con niveles de desarrollo muy desiguales, u otros métodos tradicionales de violencia directa: corrupción, subversión y guerra.
Una característica de la fase actual del imperialismo es la existencia de una potencia hegemónica indiscutible: los Estados Unidos. Esta fase se diferencia profundamente de la “belle époque” del imperialismo, aquella de principios del siglo XX, donde se confrontaron los imperialismos francés, aleman, inglés, etc.
Lo que los Estados Unidos temen más es la disolución de esta configuración en un mundo multipolar, como el que parecía afirmarse a fines de los años 1970. Se hablaba en esa época de “tríada”: Estados Unidos, Europa y Japón. El potencial de este último país diminuyó debido a la crisis en que se hundió luego de su entrada en el orden neoliberal (el desmantelamiento del modelo anterior, tan eficaz).
Se constituyó un eje atlántico que confiere a Europa una posición subordinada. La integración de China en la economia mundial, en sus modalidades actuales, vale decir, fuera del marco neoliberal (con un control radical de su comercio y del cambio), podría constituir una amenaza, de ahí la importancia de la obtención de la entrada de ese país en el orden neoliberal (bien adelantado ya con la inserción en la Organización Mundial del Comercio). Esta transformación capitalista neoliberal de China se centra en las tasas de crecimiento de ese país y lo integraría en lo que llamé más arriba al “terreno de caza del capital internacional”.
El ablandamiento de la influencia de los Estados Unidos sobre a América Latina pondría en peligro a la hegemonía estadounidense, y este peligro aumentaría aún más si esa autonomía fuera acompañada por el establecimiento de lazos privilegiados entre América Latina, Europa y Ásia. Todo se mantiene, y América Latina permanece como el “patio trasero” del gigante estadounidense. Barrer primero su casa, frente a su puerta y después su patio!

4. El peso de la historia
Un último aspecto de esta posición central de América Latina en la mundialización neoliberal se refiere a su tradición de lucha y a las experiencias que ella protagonizó. Esta región del mundo fue marcada por el desencadenamiento de luchas sociales radicales, donde las resistencias anti-imperialistas y anti-capitalistas alcanzaron niveles de desarrollo extraordinarios. El hecho de que la barbarie de las dictaduras finalmente haya triunfado solo pone de relieve la amplitud de la amenaza que las clases dominantes y el imperialismo tuvieron que enfrentar en esta región del mundo: guerrillas, luchas urbanas, etc. A esto se suman los combates de los pueblo autóctonos, aculturados y espoliados de sus tierras.
Sean cuales sean las decepciones, parece que los votos en favor de gobiernos de izquerda y las luchas por todo el continente (en Argentina durante la crisis, en Chiapas, en Bolívia, etc.) atestiguan que la lucha de las clases dominadas puede sufrir derrotas, pero continuará siendo imposible vencerlas en un mundo de opresión. América Latina es la vanguardia de este frente de resistencia. Evidentemente los riesgos son enormes.
¿Donde y cómo comenzar? ¿Cuáles caminos? Una presión popular marcando los límites de lo insoportable; una dosis de nacionalismo del lado de las clases dominantes, si aún existen o donde aún existan; mucho de solidaridad continental; el rechazo a los tratados llamados “de libre comercio”; control del cambio frente a las amenazas evidentes de nuevas crisis, que luego de los desequilibrios de los años 1990 se acumularon nuevamente en los años 2000; el congelamiento gradual de la deuda, de todas formas impagable; etc. Un recorrido complejo, tal vez la única salida dentro de un mundo paralizado por la derrota de los pueblos.


(*) Economista, investigador del Centre National de la Recherche Scientifique, Université de París X-Nanterre, miembro de ATTAC. Francia.

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La violencia juvenil no es distinta de la adulta

Por Eva Giberti (*)


La imposibilidad de contemporizar las posturas de Estados Unidos y la Unión Europea para reducir la protección agrícola ya permite anticipar que la ronda de Hong Kong culminará sin resultados.


Son simplistas y viejos los esquemas que suelen utilizar los adultos para explicar las conductas peligrosas de los jóvenes. Los nuevos análisis que se ocupan de las violencias juveniles organizadas y que parten de los datos aportados por investigaciones en distintos países reiteran el uso de una expresión que escuchamos desde la década del 60: la brecha generacional. Frase que adquiría vigencia según las diferentes edades de sus protagonistas.

¿Qué es una brecha? Palabra originaria del sánscrito y del persa, quiere decir "cortar" o "perforar". El francés antiguo le otorgó presencia mediante una leyenda medieval: la Canción de Rolando, una bella composición del siglo XII donde se narra la historia del campeón de Carlomagno en su lucha contra los sarracenos.

Rolando, durante la batalla de Roncesvalles, se negó a solicitar ayuda al rey hasta que advirtió la inutilidad de resistirse; y entonces, antes que su espada Durandal cayese en manos enemigas, decidió romperla golpeándola contra una roca, pero el arma resistió y su brillo se tornó más intenso. La leyenda sostiene que ese desesperado intento del golpe sólo consiguió producir una hendidura en la roca que se abrió dando paso a la Brecha de Roland. Desde entonces, la palabra se incorporó en el idioma fundando, por extensión de su sentido, la idea de una hendidura entre dos mundos.

En la leyenda, es la reacción desmesurada de quien no está dispuesto a retroceder y avanza contra quienes, por número, están asignados para triunfar. Luchaban contra los moros que se habían apropiado de España y era un califa quien asediaba al escaso ejército que comandaba Roland.

¿Cuál es la relación de la gesta medieval con los nuevos estudios acerca de las violencias juveniles organizadas? Aquellos jóvenes que se han tornado arquetípicos de la violencia no se asemejan al héroe, pero aparecen abriendo una brecha, efecto de su desesperado intento por encontrar una solución o una salida que, no obstante sentirla necesaria, la consideran improbable.

No es pertinente evaluar a los jóvenes de acuerdo con las falsas apreciaciones que resultan del imaginario social cuando se los acusa del incremento de atrocidades delictivas: alcanza con estudiar las estadísticas de los delitos para convencerse de la falsedad de tales apreciaciones. El rescate de los jóvenes como alternativa de creatividad y de ejercicio democrático es uno de los puntos clave de nuestros trabajos técnicos. Allí encontramos a los jóvenes con los que nos entendemos rápidamente, pero no son los únicos.

Los aportes de antropólogos, sociólogos y psicólogos estudian la organización de bandas juveniles que se autoconvocan con finalidades que pueden llamarse políticas: los sicarios colombianos, la barras bravas chilenas, las bandas de porros mexicanos( se ocupan de animar espectáculos deportivos y, después, se distribuyen por las calles emborrachándose y robando), los jóvenes activistas que se instalan en las reuniones políticas, mezclándose con personas que sólo buscan expresarse pacíficamente (como sucedió en Génova, en una reunión cumbre que finalizó con un joven acribillado por la policía); reuniones de militantes espiritistas venezolanos que cumplen con rituales sangrientos; las enemistades políticas de jóvenes etarras que eligen matar a un amigo. Los autores que compilan estas investigaciones (Ferrandiz y Feixas) no llegan a conclusiones generalizables.

La juventud, ¿por qué habría de ser un obstáculo para la violencia? ¿Qué idealización separatista pretende disociar la violencia de ellos de la violencia de los mayores? ¿Se supone que deben mantener su confianza en las recomendaciones y promesas de los adultos que reconocen como falsas? ¿Se espera que contribuyan a cambiar el mundo? Sería formidable contar con ellos. ¿Por qué no podemos?

La brecha generacional ya no es una hendidura que separa dos mundos, sino un tránsito que los une, que vincula los estilos de violencias que un ser humano puede elegir, sin que la edad implique limitación alguna. Los adultos violentan según nuevos estilos y desconocen a quienes ahora son sus pares: los jóvenes violentos que en ellos se inspiraron, lo cual no es un hecho nuevo, como en cambio sí lo es la organización juvenil que prolifera como presencia y poder.

"Los jóvenes saben cuando proceden mal. No son solamente víctimas", se afirma. Depende del momento en el cual el sujeto empieza a ser investido como víctima: si se lo deja morir de hambre o se lo envía a la calle a mendigar, si no logra ser acogido por una familia; si la familia con la cual vive lo maltrata. Hoy los chicos forman parte de naciones que, de acuerdo con el planisferio que las investigaciones presentan, no pueden regular el afán destructor de las organizaciones juveniles que "no se dan tregua".

¿Qué es lo que pretenden destruir? ¿A quiénes? ¿A sí mismos? Insistir en la brecha generacional suponiendo que los jóvenes se han escindido de lo que "debe ser", o sea del mundo que nosotros les compaginamos, reclama una revisión. No han abierto una brecha, han adherido a lo peor que les ofrecimos desde el poder hegemónico del cual disponemos para ellos.

Lo hicieron merced a sus ingenuidades, complacencias, temores e impotencias. Recreando modalidades que sólo la juvenilidad podía anexar a lo conocido.

Cuando leamos en los medios de comunicación que después de la última concentración se detuvo a menores que se dedicaban a arrojar piedras contra las vidrieras y que posteriormente fueron liberados, porque, efectivamente, no deben quedar detenidos, tengamos presente que forman parte del enorme caudal internacional que engendramos durante décadas. Millones de personas no se sentirán responsables por esta violencia juvenil organizada (por adultos o auto convocada por los jóvenes) y no lo serán. Estamos presenciando cómo crece esta red que los enlaza a veces en violencias contra sí mismos y contra la vida.

¿No hay forma de detener esto? Lo que con seguridad podemos detener es el atraso con que miramos estos fenómenos, criticándolos. En lugar de darnos cuenta de que estamos todos juntos y que el rostro de ellos, como escribió el filósofo Levinas, es también nuestro rostro.

(*) Psicoanalista. Argentina.

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El gerente de la Coca-Cola

Por Miguel Bonasso (*)



Exactamente al revés de lo que sostienen algunos medios sospechosamente uniformados, el actual conflicto entre México y Venezuela no es producto de la contundencia verbal de Hugo Chávez, sino de la imbatible torpeza diplomática del presidente mexicano Vicente Fox, en su desbordado afán por quedar bien con la Casa Blanca.


Así lo han entendido dos partidos decisivos del Congreso mexicano (PRI y PRD), cuyos diputados se preguntan en voz alta si deben darle permiso al mandatario para que se pasee por el mundo agraviando a Néstor Kirchner, al presidente Chávez y a Diego Armando Maradona, como lo hizo antes, durante y después de la Cumbre de Mar del Plata. En México, como se sabe, el presidente de la República debe contar con la autorización del Parlamento para salir del país.

La intempestiva intervención de Fox para tratar de forzar la inclusión de un párrafo a favor del ALCA también ha merecido la crítica de numerosos periodistas e intelectuales mexicanos que añoran los tiempos en que Tlatelolco era una de las cancillerías más respetadas de América latina. Hay excepciones, por supuesto, como la del ex canciller de Fox Jorge G. Castañeda, que pidió lisa y llanamente la ruptura de relaciones con la República Bolivariana de Venezuela. Pero a nadie sorprendió este exabrupto, porque Castañeda es un converso. Un advenedizo que haría avergonzar a su difunto padre, Jorge Castañeda sin G., que supo ser un honorable canciller en el sexenio de José López Portillo.

En abril de 2002, el Güero Castañeda fue el artífice en la sombra de otra memorable torpeza de Vicente Fox, cuando éste le exigió a Fidel Castro que abandonara precipitadamente la Cumbre de Monterrey antes de que llegara George W. Bush. Aún se recuerda la famosa frase de Fox en un diálogo telefónico que el líder cubano grabó y luego difundió a nivel mundial: “Me acompañas a la comida y de ahí te regresas”.
Una conducta manifiestamente indigna y discriminatoria hacia un jefe de Estado que había sido invitado a la cumbre por el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan. Conducta que lo inhabilita para decir que Néstor Kirchner no cumplió sus deberes como anfitrión y para enrostrarle que su pensamiento estuviera “más orientado a cumplir con la opinión pública de Argentina que con el logro de la integración americana”. Crítica que, lejos de disminuir al Presidente argentino, lo enaltece, al ubicarlo en sintonía con el sentimiento mayoritario de repudio al ALCA.

Quien escribe estas líneas tiene sobradas razones personales e históricas para respetar y amar a México. Allí encontramos refugio los perseguidos por todas las dictaduras pentagonistas de nuestra América. Como antes habían encontrado generoso asilo los republicanos españoles, en cuyo homenaje Tlatelolco no restableció relaciones con Madrid hasta que se murió Franco. Durante décadas la política exterior mexicana se distinguió por su respeto irrestricto al principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, que Fox violó groseramente en Mar del Plata. Así, México fue el único país de América latina que no rompió relaciones con Cuba, cuando todos los otros (incluyendo a la Argentina) doblaron la cerviz ante la presión de Washington. Y supo ser, también, en tiempos de Castañeda el Digno, un interlocutor respetado de las fuerzas beligerantes en Centroamérica.

En el año 2000, el proceso de democratización, que había iniciado Cuauhtemoc Cárdenas con su escamoteado triunfo electoral de 1988, fue aprovechado por Estados Unidos y la derecha local, para sentar en la presidencia al hombre equivocado, este De la Rúa con botas tejanas. Lo hicieron, por cierto, con el concurso de conversos como Castañeda y el finado Adolfo Aguilar Zínser, que se pasaron sin respetar el tiempo de duelo desde las tiendas del PRD a las de la coalición liderada por Fox y los ultramontanos del Partido de Acción Nacional (PAN).

Con el presunto objetivo de lograr la democratización del país, ungieron al antiguo gerente de la Coca-Cola de Aguascalientes. Que sigue pensando y actuando –dicho sea con todo respeto– como un gerente provincial de la Coca-Cola. Arrogante con sus obreros, que en una célebre huelga lo sabotearon orinando en los tanques. Y humilde, muy humilde, con el míster de la casa matriz.

(*) Periodista y escritor. Argentina.

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Su merecido

Por Horacio Verbitsky (*)


Consiguieron los 30 votos necesarios para iniciar el juicio político al jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Aníbal Ibarra, que quedó suspendido por cuatro meses, el plazo para juzgarlo por sus responsabilidades ante el incendio de la discoteca Cromañon. Es un hecho político e institucional de profundas consecuencias, que golpea no sólo a Ibarra sino también al kichnerismo en la capital.


Tuvo la actitud escurridiza y culposa de quien tiene algo que ocultar. En vez de acercarse a Cromañón se escondió en un centro de control que estaba a cuatro cuadras. Antes de reunirse con los familiares de las víctimas lo hizo con la cámara de propietarios de boliches. Descargó la responsabilidad en la policía y los bomberos. Se negó a dar explicaciones ante la Legislatura. Cuando no tuvo más remedio que hacerlo dijo que asumía la responsabilidad y a lo largo de dos interminables sesiones las rehusó una tras otra y no pudo contestar la única pregunta que importa: ¿por qué no fue controlado ni clausurado el boliche al vencer su autorización, cinco semanas antes del incendio, pese a todas las advertencias recibidas, de la Defensoría del Pueblo, de la Auditoría y de la Legislatura de la Ciudad?

Intentó fugar hacia adelante con la convocatoria a un referéndum, bastardeando un instrumento participativo que no fue concebido para legitimar un mandato sino para revocarlo, como herramienta del ciudadano contra las autoridades, no a la inversa. La política sin militancia mostró sus insuperables límites. A pesar de su compromiso personal, de la distracción en esa tarea subalterna de un alto número de funcionarios y contratados y de la extorsión a organizaciones sociales y de la cooptación de organismos de derechos humanos que reciben subsidios y puestos en el gobierno, no llegó ni a la mitad de las firmas que necesitaba para que el referéndum fuera obligatorio. Al convocarlo dijo que sin ese aval ciudadano le sería imposible efectuar las necesarias reformas en materia de seguridad y control, pero cuando no consiguió las firmas volvió a esconderse, en un silencio vergonzante. De haberlas obtenido, con buenas o malas artes, el escándalo hubiera sido mayor: con un padrón inflado de modo artificial, la revocatoria de su mandato era aritméticamente imposible. Al comenzar las sesiones de la Comisión Acusadora de la Legislatura empapeló la ciudad con carteles que acusaban un golpe institucional.

A pesar de todas esas maniobras y de muchas otras de la más vulgar politiquería, la Comisión Acusadora dispuso con dos tercios de los votos la apertura del juicio político. Aun luego de la votación de ayer, insistió en identificarse con las instituciones, sin advertir que la apertura del juicio político ante un ostensible mal desempeño es parte del juego institucional y que el voto popular está bien defendido por los mecanismos que prevén la sucesión en casos como éste. Rodeado por un batallón de bulliciosos funcionarios, pretendió que había dado la cara frente a la sociedad, repitió lugares comunes sobre la verdad y la justicia que en su boca y en este momento son una burla y dijo que era víctima de una revancha política, argumento insostenible cuando sólo siete legisladores sobre los 45 de la Comisión se opusieron al procedimiento (lo cual supone la suma de muchos bloques distintos, incluidos varios ex compañeros que se alejaron de Ibarra por disensos con su gestión) y seis se abstuvieron, porque les dio vergüenza hacerlo en contra. La absoluta soledad política de Aníbal Ibarra, en el sistema institucional y en las calles, y su no menos absoluta incapacidad para hacerse cargo de las consecuencias de sus actos y de sus omisiones, testimonia un nuevo fracaso de las alternativas progresistas en la política argentina y advierte que luego de la crisis de 2001 no hay mucho espacio para gatopardismos y que el cambio de las prácticas corruptas sigue al tope de la agenda social.

(*) Periodista y escritor. Argentina.

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Política golpista

POR NICOLAS CASULLO (*)

 

Creo que todo el caso Cromañón estuvo violentado por las partes intervinientes desde un principio y su final fue una fiel exposición de esas tensiones que desvirtuaron los reales datos de esta tragedia e impidieron pensarla en adecuación a una real vida comunitaria. Violencia en una Legislatura que politizó de uno y otro lado inmediatamente el hecho, contra un mandato sumamente debilitado. Violencia de los medios que buscaron desde el primer día lo más brutal, extremo, lacrimógeno y oportunista de las imágenes y testimonios en una poco envidiable carrera antieducativa y de alta irresponsabilidad. Violencia progresiva de muchos deudos que en ocasiones se transformó en una ordalía fascistoide. Pero a la vez esta implacable distorsión es absolutamente representativa de nuestra actualidad social, cultural y política. Todo va siendo violencia retenida, pendenciera, rencorosa, bravucona, resentida, patologizada, más allá de los disfraces que adquiera. Cromañón nos estaría diciendo: si mañana hay un choque de trenes donde, por diversas irresponsabilidades, mueren desgraciadamente 500 personas debe pasar a juicio político el presidente de la Nación. Aunque parezca absurdo existe mucho de esta “política” golpista en esta trama nacional que cumplió un nuevo acto en sus secuencias. Hay algo que cada vez soporta menos el argentino, y Cromañón expuso: a sí mismo.d.


(*) Ensayista. Argentina.

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Francia violenta, la sociedad en riesgo

Por Slavoj Zizek (*)


El filósofo Slavoj Zizek dice que la ola de violencia en Francia surge en un contexto global en el que la libertad de decisión del sujeto es limitada y angustiante. Dice que el hombre no puede prever las consecuencias de sus actos en una democracia ilusoria que ofrece un falso poder de elección.


Lo que hay que resistir cuando se nos presentan crónicas e imágenes de autos que arden en los suburbios de París, es la "tentación hermenéutica", la búsqueda de un significado o mensaje más profundo oculto en esos estallidos. Lo más difícil de aceptar es, precisamente, su extrema ausencia de sentido: más que una forma de protesta, constituyen un passage a l''acte que testimonia no sólo la impotencia de los perpetradores, sino, sobre todo, de la falta de lo que Frederic Jameson llamó "mapeo cognitivo", de su incapacidad para inscribir la experiencia de su situación en un todo significativo. La verdadera pregunta, entonces, es: ¿cuáles son las raíces de esa desorientación?

A los teóricos sociales les gusta repetir que la sociedad actual es completamente "reflexiva": no hay naturaleza ni tradición que proporcione una base firme en la que se pueda descansar; hasta nuestros impulsos más profundos (la orientación sexual) se viven cada vez más como algo que se elige. Cómo alimentar y educar a un niño, cómo proceder en la seducción sexual, cómo y qué comer, cómo descansar y divertirse; todas esas esferas son objeto de una creciente "colonización" por parte de la reflexión, se las experimenta como algo a aprender y sobre lo cual decidir. Sin embargo, la principal traba de la sociedad de riesgo reside en la brecha entre saber y decisión: nadie "sabe en verdad" qué hacer, la situación es por completo "indecidible", pero de todos modos hay que decidir. El problema, entonces, no es el de la elección compulsiva (tengo libertad de elección con la condición de que tome la decisión correcta), sino lo opuesto: la elección es libre, y por ese motivo se la experimenta como más frustrante.

Nos encontramos permanentemente en la posición de tener que decidir sobre cuestiones que afectarán nuestra vida, pero sin una base de conocimiento adecuada. Lejos de experimentársela como liberadora, esa compulsión a decidir libremente se experimenta en consecuencia como una apuesta obscena y angustiante, una suerte de inversión irónica de la predestinación: se me hace responsable de decisiones que me vi obligado a tomar sin un conocimiento adecuado de la situación. La libertad de decisión de la que goza el sujeto de la "sociedad de riesgo" no es la libertad de alguien que puede elegir con libertad su destino, sino la libertad angustiante de alguien que se ve constantemente impelido a tomar decisiones sin tener conciencia de sus consecuencias.

Nada asegura que la politización democrática de las decisiones cruciales, la activa participación de miles de individuos comprometidos, necesariamente vaya a mejorar la calidad y la exactitud de las decisiones y que, por lo tanto, los riesgos vayan a disminuir. Es tentador evocar aquí la respuesta de un católico devoto ante el reproche de un liberal ateo de que los católicos son tan estúpidos como para creer en la infalibilidad del Papa: "Nosotros, los católicos, por lo menos creemos en la infalibilidad de una y sólo una persona; ¿acaso la democracia no se basa en un concepto mucho más arriesgado, en que la mayoría de las personas, millones de ellas, son infalibles?"

El sujeto, entonces, se encuentra en una situación kafkiana de ser culpable por ni siquiera saber de qué es culpable (si es que lo es): me desvela la idea de que ya tomé decisiones que me pondrán en peligro, a mí y a mis seres queridos, pero que, en el mejor de los casos, sólo sabré la verdad al respecto cuando ya sea demasiado tarde. Recordemos la figura de Forrest Gump, ese "mediador evanescente" perfecto, lo opuesto al maestro (el que registra simbólicamente un acontecimiento al nombrarlo, al inscribirlo en el gran otro): se presenta a Gump como un espectador inocente que, limitándose a ese papel, desencadena sin saberlo un cambio de proporciones históricas. Cuando visita Berlín para jugar al fútbol y sin darse cuenta lanza la pelota del otro lado del muro, inicia así el proceso que derrumba el muro; cuando visita Washington y se le da una habitación en el complejo Watergate, en plena noche advierte que pasan cosas extrañas en las habitaciones de enfrente, llama al guardia y da comienzo a los hechos que culminaron con la caída de Nixon. ¿No es la máxima metáfora de la situación a la que apuntan los que proponen la "sociedad de riesgo", una situación en la que nos vemos obligados a dar pasos cuyas consecuencias están más allá de nuestro alcance?

Nos encontramos en el centro nervioso de la ideología liberal: la ideología dominante trata de vendernos la misma inseguridad que provocó el desmantelamiento del Estado Benefactor como la oportunidad de nuevas libertades. ¿Hay que cambiar de trabajo todos los años y depender de contratos breves en lugar de contar con un puesto estable y a largo plazo? ¿Por qué no verlo como la liberación de las limitaciones de un empleo fijo, como la oportunidad de reinventarse una y otra vez, de tomar conciencia de las posibilidades ocultas de la propia personalidad y de concretarlas? ¿Ya no se puede depender del seguro médico y el plan de jubilación habituales y hay que optar por una cobertura adicional por la que hay que pagar? ¿Por qué no percibirlo como una oportunidad más de elegir: una vida mejor ahora o seguridad a largo plazo? Y si esta prédica genera angustia, el ideológo posmoderno o de la "segunda modernidad" nos acusará de no ser capaz de asumir una completa libertad, de "huir de la libertad", o de aferrarnos de manera inmadura a viejas formas estables...

El programa televisivo más popular en Francia en el otoño de 2002, cuyo rating duplicaba el del famoso Gran Hermano, era C''est mon choix (Es mi elección). Los invitados al programa eran personas comunes que habían tomado una decisión peculiar que había determinado toda su vida: uno de ellos decidió que nunca usaría ropa interior, otro intentaba encontrar un compañero sexual más adecuado para sus padres. La extravagancia estaba permitida, incluso se la buscaba, pero con la explícita exclusión de las opciones que pudieran perturbar al público (por ejemplo, una persona cuya elección fuera ser y actuar como racista, quedaba excluida a priori). ¿Es posible imaginar mejor predicamento de lo que la "libertad de elección" significa en nuestras sociedades liberales? Podemos seguir haciendo nuestras pequeñas elecciones, "reinventándonos", con la condición de que tales elecciones no perturben de forma grave el equilibrio social e ideológico. En lo que respecta a C''est mon choix, lo verdaderamente drástico habría sido concentrarse en las elecciones "perturbadoras": invitar, por ejemplo, a racistas, vale decir a personas cuya elección (cuya diferencia) significara una diferencia. Ese es también el motivo por el que en la actualidad la "democracia" es una cuestión cada vez más falsa, un concepto tan desacreditado como consecuencia de su uso predominante, que tal vez deberíamos correr el riesgo de abandonarlo al enemigo. ¿Dónde y cómo se toman las grandes decisiones relacionadas con los temas sociales globales? ¿Quiénes las toman? ¿Se toman en el espacio público, con la participación comprometida de la mayoría? Si la respuesta es sí, sólo tiene una importancia secundaria que el Estado tenga un sistema unipartidario, etcétera. Si la respuesta es no, tiene una importancia secundaria que tengamos una democracia parlamentaria y libertad individual de elección.

Etienne Balibar propuso la idea de la crueldad excesiva, no funcional, como característica de la vida contemporánea: una crueldad cuyas figuras van desde el racismo "fundamentalista" y/o las masacres religiosas hasta los estallidos de violencia "sin sentido" de adolescentes e indigentes en nuestras megalópolis, una violencia que no tiene motivos utilitarios ni ideológicos. No debe engañarnos lo que se dice sobre que los extranjeros nos roban el trabajo o sobre la amenaza que éstos representan para nuestros valores occidentales: un análisis más minucioso pronto demuestra que todo eso que se dice proporciona una racionalización secundaria superficial. La respuesta que en última instancia nos da un skinhead es que golpear a los extranjeros lo hace sentir bien, que su presencia le molesta.

¿En qué se relacionan esos estallidos con el hecho de que vivimos en una "sociedad de riesgo" de elecciones permanentes? En todo: esos estallidos de violencia "excesivos" e "inútiles", que sólo dan muestra de un odio puro y desnudo ("no sublimado") por la otredad, son el anverso de la "reflexivización" de nuestra vida cotidiana. En ningún plano resulta más evidente que en el destino de la interpretación psicoanalítica. En la actualidad, las configuraciones del inconsciente (desde los sueños hasta los síntomas histéricos) perdieron su inocencia y se encuentran reflexivizadas: las "asociaciones libres" de un típico analizado educado consisten en su mayor parte en intentos de brindar una explicación psicoanalítica a sus perturbaciones, de modo que muy bien podría decirse que no sólo tenemos interpretaciones jungeanas, kleinianas, lacanianas... de los síntomas, sino síntomas jungeanos, kleinianos, lacanianos..., vale decir, cuya realidad comprende una referencia implícita a alguna teoría psicoanalítica.

Lo que pasa en el tratamiento psicoanalítico es algo estrictamente homólogo a la reacción del skinhead neonazi que, presionado a dar razones de su violencia, de pronto empieza a hablar como los asistentes sociales, sociólogos y psicólogos sociales, y menciona la disminución de la movilidad social, la creciente inseguridad, la desintegración de la autoridad paterna, la falta de amor materno en su primera infancia: la unidad de la práctica y su inherente legitimación ideológica se desintegra en violencia descarnada y en su interpretación ineficaz e impotente. El resurgimiento de la violencia "irracional", impermeable e insensible a la interpretación reflexiva es el necesario anverso de la reflexividad universalizada que proclaman los teóricos de la sociedad de riesgo. Así, cuanto más proclama la teoría social el fin de la naturaleza y/o la tradición y el ascenso de la "sociedad de riesgo", más atraviesa nuestro discurso cotidiano la referencia implícita a la "naturaleza": incluso cuando no hablamos del "fin de la historia", ¿no transmitimos el mismo mensaje cuando afirmamos que estamos ingresando a una era pragmática "postideológica", que es otra forma de decir que estamos entrando a un orden pospolítico en el que los únicos conflictos legitimados son los conflictos étnicos/culturales?

Algo característico del discurso político y crítico actual es que el término "trabajador" desapareció de nuestro vocabulario y se lo sustituyó y/u obliteró por "inmigrantes/trabajadores inmigrantes: argelinos en Francia, turcos en Alemania, mexicanos en EE.UU.". De esa manera, la problemática de clase de la explotación de los trabajadores se transformó en la problemática multiculturalista de la "intolerancia a la otredad", etcétera, y la excesiva inversión de los liberales multiculturalistas en la protección de los derechos étnicos de los inmigrantes sin duda extrae energías de la dimensión de clase "reprimida". Si bien la tesis del "fin de la historia" de Francis Fukuyama pronto cayó en desgracia, seguimos asumiendo en silencio que el orden global capitalista liberal-democrático es de alguna manera el régimen social "natural" que por fin descubrimos; seguimos pensando de forma implícita que los conflictos que tienen lugar en el Tercer Mundo son una subespecie de las catástrofes naturales, algo así como estallidos de pasiones violentas cuasi naturales o conflictos que se basan en la identificación fanática con las propias raíces étnicas. ¿Y qué es aquí "lo étnico" sino un nuevo término en clave para designar a la naturaleza?

Hay una anécdota sobre Picasso durante la Segunda Guerra Mundial: un oficial alemán visitó su estudio, vio Guernica y, asombrado ante la confusión modernista de la pintura, le preguntó: "¿Usted hizo eso?" Picasso le contestó con calma: "¡No, ustedes lo hicieron!" Hoy, y ante los estallidos de violencia en los suburbios de París, muchos liberales nos preguntan a nosotros, los pocos izquierdistas que seguimos confiando en una drástica transformación social: "¿No lo hicieron ustedes? ¿Esto es lo que quieren?" Y nosotros deberíamos contestar como Picasso: "¡No, ustedes lo hicieron! ¡Este es el verdadero resultado de su política.

(*) Filosofo, autor entre otros de La suspensión política de la ética”. Eslovenia.

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La Universidad siempre sobrevive

Por Christian Ferrer (*)


La condición de víctima que la Universidad suele exhibir no excluye ni imposibilita su enérgica dinámica y su muy digna vida intelectual. Una verdadera épica —el "eros" del conocimiento— es su forma de resistir. Este debate en la Argentina tiene su correlato en nuestro país. No siempre muy explicito.


Previa a la independencia argentina y al descubrimiento de América, anterior al nacimiento de los Estados-Nación, y anterior incluso a la redacción de sus estatutos, la Universidad ha sobrevivido a persecuciones, guerras, transformaciones geopolíticas, y también a la adopción de modelos de adecuación a la verdad, sean de índole teológico, científico o mercantil-relativista. Porque la Universidad es, ante todo, una idea —una idea inmensa— y no una máquina de eyacular títulos o una especificación de la partida presupuestaria anual.

Sus móviles —sus músculos espirituales— no residen tanto en la formación de jóvenes destinados a "ganarse la vida" en el mercado laboral ni en la transmisión de información para "actualizar" camadas generacionales sino en satisfacer el apetito de curiosidad de la humanidad, en la disposición a curar su condición dañada, y en el cultivo de la mente, el alma y el carácter de sus alumnos. Lo demás se desprende de estas premisas, y no al revés.

Y justamente esos motivos explican por qué la Universidad ha podido superar momentos históricos que hubieran sido fatales a instituciones exclusivamente amoldadas a los caprichos de un gobierno o a las "exigencias" de una época.

La Universidad ha sido capaz de proseguir su misión en medio de las ruinas, luego de cataclismos políticos o morales, y aun contra el interés de sus administradores, siempre contingentes.

Durante la ocupación nazi de Polonia, los claustros universitarios fueron clausurados, pero profesores y alumnos siguieron reuniéndose en la clandestinidad; durante la Segunda Guerra Mundial se dictaron clases en varios campos de concentración; y en Argentina, incontables "grupos de estudio" sustituyeron a la desastrosa institución intervenida por la dictadura. En algunas ciencias, esos grupos eran la Universidad.

Es curioso que, disponiendo de tantos recursos vitales, la Universidad pública argentina acostumbre relatar un martirologio. Sea la "excelencia" de la época desarrollista conculcada a bastonazos, sea el "compromiso" setentista destrozado por la derecha peronista y el golpe de Estado, sea la "épica de la refundación" eclipsada por el ahogo presupuestario de las últimas dos décadas, la condición de víctima —cierta, sí— no excluye ni imposibilita su actualidad energética y su muy digna vida intelectual.

No son Sísifo o Jeremías los santos que deberían presidir sus altares, sino Lázaro. Porque el modo en que una institución se imagina a sí misma determina el uso de sus potencias tanto como magnifica o apacigua sus temores y dilemas.

Sin embargo, los enemigos que acosan a la Universidad no siempre son fantasmas del pasado; a veces lo son falsos ídolos del presente, que no por tener pies de barro son incapaces de producir daño perdurable. Así, en los años 90 se difundieron consignas —aún no apagadas— que promovieron el acople de saberes y alumnos a patrones mercantiles (como si todo conocimiento estuviera destinado a la venta), o la eyectación de papers a granel (fomentándose un cúmulo de textos repetitivos e innecesarios), o la mímesis del "producto universitario" con el de los centros productores de tecnología del Primer Mundo (dejando fuera de cuestión la orientación política y comercial de buena parte de la investigación allí realizada).

Las consecuencias para algunas disciplinas no son nimias. A modo de ejemplo, en algunas instituciones científicas públicas, la exportación de criterios de evaluación de la "producción" de conocimiento desde las ciencias duras hacia las ciencias sociales ha instaurado un rigor selectivo más semejante al cadavérico que al severo vitalismo que ha estimulado a los eruditos y sabios de todas las épocas.

Cabe considerarlo un obstáculo al desarrollo del conocimiento. Y no han escaseado lemas publicitarios en vez de estetoscopios de la realidad que no sólo fogonean la confusión, tampoco ayudaron a pronosticar la tormenta que se cernió sobre el país. Pero el saber no está para subordinarse a un "clima de época" sino para diseccionarlo, y eventualmente para resistirlo.

Tampoco la "fuga de cerebros" resulta ser un problema insoportable. La penuria presupuestaria y las interrupciones institucionales no son su única causa, pues la idea de "carrera académica individual" es impulsada por el propio sistema universitario. La Universidad forma excelentes "cerebros", cuyo destino es ser absorbidos por los dispositivos "de captación" de los "centros de excelencia" del Primer Mundo, cuyo lema no es precisamente la gratuidad. Más importante que esa migración hormiga resulta ser el apuntalamiento del hormiguero y pensar una ciencia adaptada a las necesidades nacionales.

El entusiasmo universitario se marchita si su energía se desgasta en rutinas o en continuos combates por mejorar el sueldo. La Universidad pública es una piedra basal de la ciudad. No es una "isla", sino un nudo del tejido social, la continuación lógica de la escuela pública, que orientaba a su alumnado hacia el ascenso social del desfavorecido. Ese tejido debe ser reparado y llevará tiempo hacerlo, pero esa tradición y su engarce con la Universidad es un anhelo al que sería doloroso renunciar. Su abandono supondría transformar a las aulas en formateadoras de elites que darían forma a un país antinómico del que intentaron encarnar los egresados de tiempos anteriores. La épica existencial —el "eros" del conocimiento— es el nombre del antídoto.

(*) Periodista.

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