El epicentro del terremoto profundo en las entrañas del capitalismo de papel y sangre fue en los Estados Unidos, es un terremoto de la mayor escala financiera conocida en toda la historia. Ni en el 29 se alcanzaron los desplomes actuales. Ya se habla de cuatro a cinco billones de dólares que se han volatilizado. ¿Dónde termina el desbarranque? Nadie se atreve a hacer previsiones. Y seguimos insistiendo: ¿cuales son las causas y sobre todo quienes los progenitores?
En el congreso de los Estados Unidos hay algunos cientos de diputados que se hacen los desentendidos. Ellos no fueron. La mayoría son republicanos, esos que le votaron a Bush todas sus leyes, sus invasiones y sus gastos militares, sus desregulaciones y toda su política económica. A un mes de las elecciones no quieren que la correntada del Katrina que se llevó a Nueva Orleáns se lleve también sus bancas.
La invitación de la Casa Blanca fue muy pesada, ir al templo y luego de décadas de neoliberalismo votar una ley que reconoce que el “dios mercado” no es divino y que hay que socializar las pérdidas de los bancos y convalidar las ganancias mal habidas de los sacerdotes del casino de Wall Strett. Semejante sacrilegio debe ser duro de tragar.
Los europeos han sido impactados de frente por la gran ola que viene del otro lado del Atlántico y le reclaman a los norteamericanos que asuman sus responsabilidades por haber inundado el mundo de bonos basura y de hipotecas más basura todavía y de papeles infectados. Y Bush pone cara de jugador de poker o lo que es peor su cara de siempre.
Los sacerdotes que durante décadas desde las cátedras más elevadas del neoliberalismo de la escuela de Chicago, desde los templos de las finanzas y los bancos y desde sus ecos en los organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial nos convocaron a los países del planeta y en especial del sur a seguir por el camino de las “reformas” que era un seudónimo diplomático para llamar a sus recetas inmutables, perfectas, prolijas e infalibles, ahora se callan. Hacen la plancha en medio del tsunami.
¿Y por casa? Aquí en las costas orientales nadie se da por aludido. Todo sucede en la otra parte del mundo, el muro (the wall) que se está desmoronando sin siquiera la necesidad de la piqueta no tiene nada que ver con ellos. Ellos se limitan a vaticinar desgracias para el país, que es desde hace cuatro años su actividad preferida. El gobierno nos dice que estamos mucho mejor preparados. ¿Es cierto? ¿Cómo?
El Uruguay está mucho mejor preparado, en primer lugar porque el mismo tsunami regional y nacional ya lo vivimos en el 2002. Allá en Estados Unidos son hipotecas basura y aquí fueron banqueros y bancos basura que hicieron prestamos basura y que desmoronaron el país y a la sociedad. Tenemos seis años de adelanto y mucha experiencia por varias crisis anteriores.
Porque está política económica importada fue una religión intocable también en nuestras tierras. Tuvo sacerdotes, cultores y promotores entusiastas que ahora se hacen los desentendidos y miran hacia otro lado. Las reformas que promovía a tambor batiente el gobierno blanco en particular en la desregulación del sistema bancario y en la venta de bancos y empresas a diestra y siniestra sin mayores requerimientos, fue un pequeño aperitivo del tsunami global. Fue la misma política a nivel social con la eliminación de los consejos de salarios. El mercado lo resuelve todo.
La caída del “Wall” es también un derrumbe ideológico, que en Uruguay tuvo dos presidentes de la república y sus ministros que fueron sus grandes promotores y un séquito de sacerdotes menores en el estado y en el sector privado. La autocrítica no está en su "arsenal" ellos cambian de discurso y siguen hacia adelante, aunque detrás de ellos quede el tendal. Eso si ya nos vaticinan ajustes fiscales. Son su especialidad. O nos dan consejos sobre el gasto público...El tendal del 2002 fue la suma de los gobiernos anteriores en particular el gobierno blanco y su política bancaria, o su dislate bancario y de la tozudez del gobierno Batlle. Fue el manejo despreocupado y alegre del sistema bancario y de ciertas privatizaciones, fue el desbarranque de las cuentas públicas en el gobierno Sanguinetti (déficit fiscal en primer lugar). Con una diferencia con los Estados Unidos, aquí todas las fuerzas políticas se hicieron responsables del destino nacional y contribuyeron con sus votos y su actitud de equilibrio a evitar una mayor hecatombe. Aunque el desastre fue grande.
Estamos mucho mejor porque el sistema financiero uruguayo está preparado por los controles y garantías que ofrece hoy en día el Banco Central y nuestras reservas, porque los bancos públicos y en particular el República está mejor que nunca a todos los niveles y porque los bancos privados vienen de 4 años de ganancias. Y porque algunos uruguayos asustados por la “seguridad” de los bancos norteamericanos están repatriando sus capitales. ¡Que paradoja!
Estamos mucho mejor porque pasamos de depender totalmente de dos mercados nacionales y que competían en muchos de los principales rubros de exportación a una diversificación de los destinos de nuestro comercio exterior. Pero el Tsunami es grande y no hay que hacerse los desentendidos y menos los soberbios, hay que estar muy alertas.
Estamos mucho mejor porque los indicadores “macro” - esa bandera que ellos hacían flamear como un fantasma y la enlodaban en las políticas concretas - registra los mejores indicadores de crecimiento, de equilibrio fiscal, de perfil de la deuda y del financiamiento del Estado que hayamos conocidos en muchas, muchas décadas. Desde el gobierno de José Batlle y Ordóñez. En la prehistoria.
Estamos mejor porque ellos se pasaban cinco años hablando de inversiones y no lograron nunca ni aproximarse a los niveles actuales de inversión productiva en todos los sectores: industria, campo, turismo, ciencia y tecnología, inmobiliarios etc.
Y creo que estamos mejor porque tenemos un gobierno atento y sin soberbia frente a fenómenos que sin duda impactarán en todo el mundo.
Sería interesante que en el debate electoral los uruguayos reclamáramos que cada uno se haga cargo de sus hijos, de sus criaturas. Que las desregulación y la “basurización” del sistema bancario nacional tenga progenitores. No sólo como lección, ni como reconstrucción correcta del pasado, sino porque es lo que nos amenaza el futuro. Ya nos vaticinan nuevos ajustes, no sólo fiscales sino en las regulaciones. No lo pueden evitar, es su identidad. Y contra ella nadie la talla...
¿Quiénes gobernarían si ganaran ellos? Cualquiera de ellos. Gobernarían todos juntos nuevamente. Con matices y acentos diversos, pero todos juntos. No hay ninguna, ni la más remota posibilidad que en “su” gobierno no estén todos los sectores tradicionales. En el parlamento, en los ministerios y en los entes y bancos del estado.
Nada nuevo, ya lo conocemos. ¿Qué garantías tenemos que no repita la misma historia? ¿Ustedes escucharon alguna autocrítica, alguna revisión de las políticas que nos llevaron al desastre? En la izquierda cuando cayó nuestro “muro” estuvimos y estamos durante décadas debatiendo y haciendo autocrítica. Ellos se les cayó “the Wall” con todas las trompetas y se hacen totalmente los desentendidos.
Es que en realidad esa ideología del liberalismo a ultranza no es un error, es la esencia de su ideología económica. Sólo están esperando que las aguas se aquieten para lustrarla, cepillarla y ponerla nuevamente a circular. En el Uruguay lo hicieron y cada diez años teníamos una crisis de las carteras pesadas, la pagábamos entre todos los uruguayos, con nuestros ahorros, nuestros impuestos, la desocupación y las crisis. Recuerden, uruguayos, recuerden. El tsunami no es guacho, tiene sus padres, ahora un poco silenciosos, pero prontos como siempre a volver a la carga.
(*) Periodista, coordinador de Bitácora. Uruguay